Documento de hace
20 años revela cómo prepararon el crimen de Zelmar y el TobaEl extenso y detallado documento, al que tuvo acceso LA REPUBLICA, fue elaborado, sin lugar a dudas, antes de 1978, por quien se identifica como el agente de la Policía Federal argentina Agustín Efraín Silvera. En él, Silvera o quien firma como tal, cuenta cómo fue contactado por el comando uruguayo instalado en Buenos Aires, en el marco del Plan Cóndor, con el cometido de perseguir, apresar, torturar, deportar y asesinar a uruguayos disidentes refugiados en la capital argentina. La primera función importante que le asignaron fue seguir los movimientos de Zelmar Michelini, día y noche.
La confesión revela la participación de 16 operadores diferentes en la preparación del doble asesinato, entre los mismos, integrantes uruguayos del comando criminal, y otras figuras del Cóndor que se movían en coordinación con ellos, como un agente del gobierno norteamericano, de nombre Jaime del Castillo, de nacionalidad portorriqueña, que todavía hoy se desempeñaría en el servicio diplomático de EEUU
Algunos integrantes del equipo de sicarios uruguayos aparecen identificados ante Silvera con nombres aparentemente falsos, pero cuya verdadera identidad queda hoy revelada, a la luz de lo que se conoce oficialmente de las operaciones del Cóndor, por la función y el mando que desempeñaron en la conjura. Tal es el caso de un oficial de Inteligencia del Ejército, de apellido "Sosa", que aparece como uno de los operadores con mayor mando ejecutivo. "Sosa" sería un alias del entonces mayor Nino Gavazzo, y su participación en el relato retrata con exactitud la función que, se sabe, cumplió Gavazzo en la banda criminal que operó en Argentina.
Aparece por encima de ellos un jefe que Silvera conoce como "General Ramírez", que viaja con frecuencia entre Buenos Aires y Montevideo, cuya identidad correspondería a un alto jerarca militar de la dictadura en esos años. Es probable que el nombre de Ramírez haya sido utilizado para ocultar la verdadera identidad de otro jerarca castrense.
El documento revela otros detalles, como el número de efectivos que tomó parte en el secuestro de los dos parlamentarios uruguayos (40) y cuántos oficiales uruguayos participaron en los comandos, y la fallida cacería de Wilson Ferreira Aldunate, que salvó milagrosamente su vida.
Silvera justifica su confesión por escrito --el testimonio quedó registrado en nueve carillas escritas a máquina a doble espacio, de las que LA REPUBLICA tuvo acceso a una copia fiel-- como "seguro de sobrevivencia" cuando cae en desgracia ante el comando multinacional del Cóndor que operaba en Buenos Aires, al distanciarse y luego renunciar a sus tareas junto a los verdugos uruguayos ("porque si ellos quieren me boletean"), tras enterarse de que su trabajo es parte de un operativo destinado a asesinar a Michelini y Gutiérrez Ruiz.
LA REPUBLICA no pudo certificar la existencia de este agente federal argentino. Le consta que el documento fue redactado en aquellos años de plomo, aunque no puede asegurar si se trata de una confesión real de un presunto agente policial, o de un documento preparado en el marco de un operativo de contrainteligencia para confundir las pistas del crimen. Los datos que revela, con precisión y detalle, echan luz con infinidad de elementos a lo poco que se conocía sobre la intimidad de la conjura asesina. Su aplastante verosimilitud lo convierte en un documento con "veracidad en suspenso", pero de inapreciable valor para entender cómo se procesó uno de los crímenes más horrendos de la historia uruguaya. Todo lo que cuenta tiene el tufo de la adrenalina que exudan los criminales verdaderos.
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