En su mensaje al
Congreso, el flamante presidente argentino ratificó que pasará a retiro a todos
los militares generales, almirantes y brigadieres que tuvieron participación en el
golpe de 1976 y a lo largo de todo el período dictatorial.
Definió el papel del Mercosur como de "un verdadero proyecto político regional". Reivindicó el papel del Estado para "construir un país que deje de lado las iniquidades del neoliberalismo".
Dijo que pagará la deuda externa pero de acuerdo al crecimiento del país y no "a costa del hambre de los argentinos", a la vez que prometió construir un capitalismo "con justa distribución de la riqueza".
Empleando un lenguaje llano, Kirchner prometió "un traje a rayas" para los evasores económicos. Lo llamativo de la toma de mando de ayer fue la masiva presencia de mandatarios latinoamericanos y en especial la relevancia de los contactos con Fidel Castro, Lula, Chávez y Lagos, contraponiéndose con la casi nula representatividad del enviado de EEUU, un funcionario de tercer nivel.
Jorge Batlle, que había augurado la victoria de Menem, dijo al salir de la Casa Rosada que la conversación con Kirchner fue "franca y abierta" y que tanto el nuevo presidente argentino, como Lula, "tienen un sentido muy concreto y muy práctico de la realidad en la que viven nuestros países".
El presidente venezolano Hugo Chávez manifestó tener "diferencias profundas" con Batlle; aspira a visitar Uruguay, pero, dijo: "Nadie me ha invitado".
Kirchner: un discurso alentador
El jefe de gobierno de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, al entregarle una medalla conmemorativa de su visita a la capital argentina, dijo que "más allá de cualquier posición, usted es un hombre de los más respetados del mundo".
Ayer tenía previsto hablar en el Aula Magna de la Facultad de Derecho; obligado por la presencia de miles de argentinos, que desbordaron las calles adyacentes, lo hizo durante dos horas y media desde la escalinata.
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