Una llamada anónima recibida
el miércoles, entre un cúmulo de pistas, fue la clave para que los investigadores de
Interpol y Delitos Complejos, apoyados por otras direcciones del Ministerio del Interior,
localizara al militar en fuga.
El cerco sobre el coronel Gilberto Vázquez se fue estrechando hasta que ayer a las 9 y 20 comenzara el operativo de captura en lo que fue su refugio, en el tercer piso del edificio de Isla de Flores 1789 esquina Yaro.
El torturador prófugo estaba haciendo gimnasia y no se percató del arribo de los funcionarios policiales. Una vez que estos irrumpieron en el apartamento, Gilberto Váquez huyó hacia la azotea corriendo descalzo y con una de las cuatro armas que disponía en su mano.
La tensión se instaló en la azotea cuando el represor amenazó con autoeliminarse, extremo que no se concretó por la labor persuasiva del personal policial que lo rodeaba. Finalmente se entregó poniendo fin a cuatro días de fuga que introdujeron numerosas dudas acerca de los apoyos recibidos dentro y fuera del arma.
El capitán Rodríguez y una mujer de su entorno familiar están detenidos y siguen las investigaciones para establecer otros posibles cómplices.
Ahora Gilberto Vázquez espera en Cárcel Central, aislado de sus camaradas de armas, la extradición solicitada por la Justicia argentina para rendir cuentas de sus crímenes.
Cayó en Montevideo coronel prófugo
Mujica rebaja el precio de la carne, los frigoríficos la suben
Fiscal pide 900 años de cárcel para un uruguayo por distribuir pornografía infantil por Internet