A los 91 años murió el dictador más sangriento de América, y Chile reaccionó con sentimientos divididos. Por un lado millares de demócratas salieron a la calle a celebrar, concentrándose en la emblemática Plaza Italia de Santiago. Por otro, un grupo de casi dos mil adictos al tirano, en su mayoría ancianos, se congregaron frente al Hospital Militar donde terminó sus horas Pinochet.
La presidenta Michelle Bachelet resolvió no conceder honores de jefe de Estado al general golpista -sólo va a tener honores militares-, tampoco se decretará duelo oficial, desconociéndose quién representará a la mandataria en las exequias a realizarse mañana.
La noticia recorrió el mundo y la mayoría de las personas consultadas coincidía en que el dictador había muerto sin pagar sus crímenes, a excepción de la "dama de hierro" Margaret Thatcher que expresó su profunda tristeza.
En Uruguay también hubo consenso en las reflexiones de distintas personalidades y quizás fue el escritor Mario Benedetti quien mejor sintetizó el sentimiento colectivo: "La muerte le ganó a la Justicia". Bajo el régimen de Pinochet "desaparecieron" más de 3 mil personas.

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