El teniente coronel (r) Tomás Casella, extraditado a Chile, afirmó que se contactó con Berríos en Montevideo a pedido de un oficial de Inteligencia chilena, en marzo de 1992, e inmediatamente informó a su superior, el jefe del Servicio de Información de la Defensa, y que por órdenes directas de ese superior siguió en contacto con los chilenos. El jefe del SID en 1992 era el general Mario Aguerrondo, hoy retirado, y el comandante en jefe del Ejército era el teniente general Juan Rebollo, también retirado.
Casella afirmó que Berríos nunca estuvo secuestrado. Sostuvo que "había mucha gente interesada en que Berríos no viviese", aunque no la identificó. Agregó: "Y había dos personas interesadas en que viviese. Las dos personas eran Casella y Radaelli, porque éramos los que habíamos puesto la cara frente al jefe de la Policía en Parque del Plata. Si yo hubiera sabido dónde estaba, lo hubiera cuidado".
Casella también reconoce que se mantenían estrechos contactos con la Inteligencia chilena en plena democracia: viajes a Chile, viajes a Montevideo y cursos de Inteligencia en Santiago con participación de oficiales uruguayos.
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