Eugenio Berríos fue un bioquímico chileno, considerado un genio en la investigación científica y el uso de sus inventos con el fin de eliminar enemigos. Por ellos sus investigaciones contaron con la financiación de los servicios de inteligencia del dictador Augusto Pinochet, y se asegura que era uno de los agentes de la DINA favoritos de Manuel Contreras.
Berríos, también conocido como "Hermes", en 1991, fue trasladado en secreto desde Chile a Montevideo para evitar que declarara en el juicio que se desarrollaba en su país (bajo presión de Estados Unidos) buscando esclarecer el asesinato del ex canciller - del gobierno de Salvador Allende- Orlando Letelier, quien murió víctima de una bomba colocada en su auto que estalló en pleno Washington DC.
De los dos años que pasaron desde su llegada a Uruguay y su muerte, entre enero y marzo de 1993, hay distintas informaciones, algunas contradictorias, siendo la más relevante la que refiere a su concurrencia a una comisaría para denunciar que estaba secuestrado.
En abril de 1995 su cuerpo fue encontrado en la playa El Pinar. Estaba sepultado boca abajo, como según cuenta la historia, se acostumbraba hacer en la Edad Media con los traidores.
Entre los secretos que murieron junto a Berríos está el destino de las armas químicas que fabricó, entre ellas el gas Sarín, y acciones de tráfico de drogas (uno de sus trabajos más famosos fue el intento de quitarle el olor a la cocaína) que podrían involucrar no sólo a delincuentes comunes sino también a autoridades chilenas, peruanas y estadounidenses. *
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