El trágico accidente recién trascendió de manera extraoficial sobre el mediodía de la víspera. A las 14.10, la Oficina de Prensa y Relaciones Públicas de la Jefatura de Policía de Canelones emitió un comunicado, en el que confirmaba la muerte del prelado.
De acuerdo a los datos recabados por LA REPUBLICA, Pérez Aguirre estaba de vacaciones en un hogar de la comunidad católica, ubicado en el balneario Guazuvirá Nuevo de Canelones. En horas de la tarde del jueves, tomó una bicicleta y, con sus walkman, salió a recorrer la zona. En la noche tendría una cena en La Floresta con el superior provincial de los Jesuitas, Armando Raffo.
Según señalaron fuentes policiales, a las 18.20 circulaba por la calle Rivera de Costa Azul. Al llegar al cruce con la calle Lavalleja, no se percató de la proximidad del ómnibus de transporte interdepartamental con la matrícula AJA-263, conducido por un hombre de iniciales AFCS, de 34 años.
El vehículo de la empresa Cooperativa de Omnibus Pando Sociedad Anónima (Copsa) regresaba de Montevideo y a pocos metros de esa esquina había frenado para que descendieran los últimos pasajeros. El chofer fue sorprendido por el ciclista, y si bien realizó una brusca maniobra, no evitó atropellarlo. El sacerdote cayó del birrodado y golpeó bruscamente su cabeza contra el pavimento. Pocos minutos después arribaron al lugar los patrulleros de la Seccional 23ª de La Floresta, con jurisdicción en Costa Azul, la Policía Técnica, el juez de la Costa y un móvil de una emergencia móvil cercana. Los médicos determinaron que había dejado de existir de forma prácticamente instantánea a raíz del golpe.
Al comprobar que no portaba ninguna documentación, el juez que intervino en el accidente ordenó que el cuerpo fuera trasladado a la morgue del cementerio municipal de la ciudad de Pando. En la mañana de ayer, cuando verificaron que no había regresado a la casa, los demás párrocos que veraneaban en Guazuvirá se dirigieron a la comisaría. Desde allí fueron conducidos de forma inmediata a la morgue pandense, donde reconocieron a Pérez Aguirre. Luego de realizar las pericias técnicas correspondientes, el magistrado letrado de la Costa determinó que el conductor del ómnibus quedara en libertad.
El sacerdote Luis Pérez Aguirre tenía 59 años de edad y tuvo una larga trayectoria como defensor de los derechos humanos. Fundador del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), en los últimos meses trabajó intensamente como integrante de la Comisión para la Paz formada por el presidente Jorge Batlle. El 7 de enero pasado dio la extrema unción a María "Tota" Almeida de Quinteros, a quien, según dijo, habría dado la última información sobre el destino de su hija Elena.
Pérez Aguirre era sacerdote desde los 29 años, cuando el 4 de julio de 1970 fue ordenado en Montevideo dentro de la orden jesuita. Cursó sus estudios en Uruguay, Chile, Argentina, Canadá y España. Además de licenciarse en Filosofía tenía un master en Teología de la Universidad de Toronto (Canadá). Su espíritu crítico lo llevó a ser numerosas veces cuestionado y hasta censurado por la propia Iglesia Católica. En 1985 publicó su primer obra: "Derechos Humanos. Pautas para una educación liberadora", por la que recibió el Premio Unesco de Educación para la Paz. La censura llegó ocho años después, en 1993, cuando las autoridades eclesiásticas le prohibieron realizar comentarios públicos sobre su libro "La Iglesia increíble", que trataba de asuntos "privados" de la comunidad católica uruguaya. Este libro fue completado con las obras "Anticonfesiones de un cristiano" y "La opción entrañable".
En 1995 publicó una nueva obra cuestionada. "La condición femenina" debió ser cambiada por orden de las jerarquías de la Iglesia y Pérez Aguirre fue obligado a eliminar un capítulo referido al aborto. Durante las últimas dos décadas se dedicó plenamente al trabajo social, ayudando a las prostitutas en las calles de Montevideo y a los niños sin familia residentes en el hogar "La Huella" del Instituto Nacional del Menor (Iname), que se encuentra en Las Piedras.
Fue director de la Biblioteca de los Padres Jesuitas y recibió dos premios del gobierno francés por su tarea en defensa de los derechos humanos: la Orden Nacional de la Legión de Honor en grado de Oficial en 1985 y el premio "Libertades y Derechos Humanos" en 1986. En 1989 el Pax Christi Internacional le otorgó el Premio de la Paz. Fue miembro del Consejo Consultivo del Servicio Internacional para los Derechos Humanos de Ginebra y también integró el Consejo Honorario de Serpaj en América Latina y el Centro de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
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