ANA MENDOZA
El tratamiento utiliza al caballo como instrumento terapéutico para la rehabilitación de pacientes con capacidades diferentes. Actualmente la Unidad tiene un equipo de profesionales a cargo de la profesora Lydia Lercari, directora del Centro de Rehabilitación Ecuestre "Sin Límites", institución cuya metodología está reconocida por los Ministerios de Salud Pública y Educación y Cultura. El método terapéutico tiene resultados ampliamente satisfactorios, reconocidos por la medicina tradicional. Dirigida a hijos de funcionarios del Ministerio del Interior en forma gratuita, la equinoterapia consiste en una terapéutica que utiliza al caballo para el tratamiento de personas con patologías como disfunción motora, síndrome de Down, patologías neurológicas, esquizofrenia, fobias, paranoias, estrés, distrofia muscular, autismo o parálisis cerebral entre otros trastornos. A nivel internacional se comprobó que la equinoterapia alcanza beneficios notorios, y también en Uruguay el equipo perteneciente a la Guardia de Coraceros posee experiencias que avalan las virtudes del tratamiento.
La metodología abarca cuatro ámbitos: la psicología, la medicina, la pedagogía y el deporte. El paciente realiza una serie de ejercicios neuromusculares durante la monta del caballo, que estimulan la regulación del tono muscular, la coordinación psicomotriz, la simetría corporal, la estabilidad del tronco y la cabeza, así como el desarrollo de la elasticidad del cuerpo, la agilidad y la fuerza muscular.
El caballo tiene tres principios, el primero es la transmisión del calor corporal. El animal regularmente tiene una temperatura corporal de 38 grados centígrados, aunque si ha sido ejercitado previamente a la sesión, la temperatura puede aumentar, actuando como un instrumento calorífico para la distensión de la musculatura, de los ligamentos y otros. "Es similar a colocarse una bolsa de agua caliente en una contractura para que la misma se afloje", indicó la profesora Lydia Lercari.
El calor del cuerpo va de la mano del segundo principio, los impulsos rítmicos que realiza el caballo al caminar. Al paso del animal se producen de 90 a 110 impulsos por minuto. Esos impulsos suben por la pelvis hacia la columna vertebral y hace que el jinete se enderece. Provoca reacciones de enderezamiento, de equilibrio, mejorando mucho la postura. El tercer principio es un patrón de locomoción tridimensional, en donde el caballo al caminar realiza un movimiento que lleva al jinete hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados, hacia arriba y hacia abajo, el mismo movimiento que los seres humanos realizamos al caminar con nuestra pelvis. Lercari señaló que si a una persona que no puede caminar se la sienta en un caballo, "está realizando la marcha sentada, está caminando el caballo por la persona". Al caminar, esa marcha se puede ir automatizando y llega a lograr la marcha pedestre. "Muchas personas han dado sus primeros pasos en las barras paralelas, etc., pero luego de las sesiones de equinoterapia" remarcó la profesora. Todos estos principios tienen un valor físico, emocional y psicoterapéutico. Se ha comprobado que el calor corporal unido a los pasos del caballo, hace que la persona con una disfunción sobre todo mental, se sienta mucho más protegida como cuando estaba en el útero materno, produciendo el "efecto mecedora". Según Lercari, este efecto les brinda mucha seguridad, además de sensaciones de protección y el impulso de querer "avanzar hacia adelante".
Con el andar del equino, se producen en el jinete vibraciones que se transmiten a través de la médula, y que reproducen en el cerebro del paciente la misma información que recibe cuando la persona camina. El caballo es el único animal que produce este estímulo neurológico, de modo que en media hora de caminata sobre el animal, se practican alrededor de dos mil ajustes tónicos en el cuerpo que complementan satisfactoriamente los tratamientos fisioterapéuticos.
Si la rehabilitación física no se ve porque el paciente presenta una patología que físicamente no puede mejorar, de todas maneras se va a observar un aumento importante de su confianza en sí mismo, en su autoestima y por lo tanto en su calidad de vida.
Además de los tres principios, el caballo colabora con el vínculo afectivo que se establece entre él y el paciente, el cual, según Lercari, "es impresionante".
Lo mínimo recomendado es una sesión por semana, porque si no actuaría de forma recreativa y no terapéutica, indicó Lercari. Por otra parte hay ciertas contraindicaciones a las cuales es importante prestarles atención. "Si bien la equinoterapia es buena, si no se respetan las contraindicaciones, puede ser perjudicial". Las contraindicaciones son de acuerdo a la patología, por ejemplo en el síndrome de Down, un paciente puede llegar a tener una dislocación -que se produce aproximadamente en un 15 por ciento de la población Down-, lo cual no implica que le va a suceder a todos. Es una dislocación entre la primera y la segunda vértebra cervical, y si se hace una mala praxis o si la persona se cae, puede ser realmente perjudicial, pudiéndosele ocasionar una cuadriplegia. "No se pude aceptar un chico con síndrome de Down en el programa, sin estar seguro que no tiene este problema" subrayó Lercari. Se debe realizar una radiografía de frente y perfil del cuello, junto a un médico que la vea y certifique que el paciente no tiene ese tipo de inestabilidad.
La equinoterapia está dividida en varias áreas. Una parte es la terapia propiamente dicha denominada hipoterapia, donde se aprovechan los movimientos del caballo sin que el paciente ejerza ninguna acción sobre el mismo.
La persona hace ejercicios de acuerdo al movimiento del caballo, esto es según la Narha, la asociación norteamericana de la cual Lercari es miembro e instructora. La asociación plantea además la terapia educacional, donde se trabaja con chicos que tienen dificultades de aprendizaje, déficit de atención, donde se les puede enseñar los números, los colores y la lectura. Otra parte es la recreativa, donde se efectúan principios de equitación, llevándoles a competir en pequeños concursos.
Hay varios centros que realizan equinoterapia en el país. Además de la capital, hay en Paysandú, en Rocha y en Maldonado y, según Lercari, se está tratando de que se continúe desarrollando.
Se trabaja con estribos de seguridad, que no son los comunes. Los mismos poseen una goma que en caso de que suceda algún inconveniente, la misma salta y el pie queda liberado, de manera de nunca queda atascado.
Los cascos son de equitación y de equinoterapia, los cuales son muy livianos, ya que muchas personas con parálisis cerebral no pueden utilizar cascos de equitación comunes en su cabeza porque son pesados.
Luego, una serie de mandiles -paños que van debajo de la montura-, algunos de textura más afelpada que otros, según la transmisión de calor que sea necesaria; riendas de colores, divididas en cuatro tonos, de cada lado, con lo cual se trabaja en la enseñanza de los colores, y la parte de prensión. También hay riendas especiales con pelotas para que puedan manipularlas; aros para trabajar en la lateralidad, aros en forma de pinchitos para realizar la parte de integración sensorial, etc.
Los hijos de funcionarios del Ministerio del Interior que posean un certificado del médico tratante autorizando a realizar la terapia, siendo mayores de tres años de edad, junto a una autorización de sus padres o tutores también pueden participar en el programa, indicó el mayor Mendoza.
La Narha recomienda esa edad de comienzo, porque considera que ante todo el sistema óseo de esos pequeños no está formado, y arriba del caballo se realiza mucha manipulación, pudiéndose ocasionar pequeños problemas que al principio no detectan. Los mismos pueden ser perjudiciales, entonces la edad ideal es a los tres años. No hay límite de edad para el tratamiento, siempre y cuando se consideren las limitaciones de la equinoterapia.
Lercari advirtió que se ha dado un "boom" del tratamiento, ya que "cualquier persona que tiene un predio y tres caballos se pone a hacer equinoterapia. Por otro lado, algún profesional que entiende de salud y no de caballos y realiza equinoterapia, si bien la equinoterapia es muy beneficiosa, mal hecha puede ser perjudicial". Para cada persona se trabaja en forma diferente según la patología, y no todos los caballos sirven para todos los pacientes. Quien realice el tratamiento tiene que conocer el comportamiento del caballo, la comunicación del animal, y saber montar. "En nuestros cursos además de la parte teórica, se toma obligatoriamente una vez por semana clase de equitación y a fin de año los futuros instructores tienen el examen teórico y práctico de las sesiones, y un examen de equitación. La gente está haciendo equinoterapia 'a lo loco' en Uruguay, hay que saber lo que se está haciendo porque puede ocurrir un accidente y después van a decir que la técnica no sirve" afirmó Lercari.
Hay alumnas como María Jesús Cafaro, de 35 años, quien es veterinaria y además le gustan mucho los niños. Motivo por el cual consideró que el ser instructora resume muy bien a lo que ella quiere dedicarse. María Jesús es alumna del Centro "Sin Límites". Para cumplir con sus estudios realiza el curso de instructor y prácticas en Coraceros, ya que tiene que efectuar 11 horas semanales, dos de teórico, una de equitación y ocho de práctica. Claudia Correa de 46 años es fitoterapeuta. Realiza el curso de instructora pues le interesa la parte de equitación, y también le gustan los niños. Concurre a la Guardia de Coraceros a realizar sus prácticas, luego al Centro donde tiene el teórico, y realiza una hora de equitación en la semana. "Nunca me imaginé haciendo esto porque jamás había subido a un caballo, realmente es precioso", dijo Claudia. Tiene como expectativa el abrir un centro cerca de fin de año, pero Lercari deberá evaluar si la alumna está lista para hacerlo.
El jefe de la Guardia de Coraceros, el mayor Luis E. Mendoza, dijo a LA REPUBLICA que cuando se habla de los Coraceros, las personas los identifican "con el Estadio Centenario y dando palo". Si bien es una función que los mismos tienen, no es la realidad que la gente cree. "Los coraceros son humanos, tienen sentimientos y como cualquier funcionario de la guardia colaboran en la equinoterapia en forma voluntaria, con un fin social. Es la otra cara del coracero". Gustavo Sotto, de 20 años, José Barreto, de 21, y Damián Gómez, de 24, realizan en forma voluntaria desde hace un año, aproximadamente, el trabajo con los chicos "especiales" que vienen a la equinoterapia.
Para llevar a los pacientes cuando son patologías severas hay tres personas, uno lleva el caballo, otro es el instructor que le da la sesión y otro es el asistente lateral. Luego hay chicos que montan con sólo un voluntario, que ya están haciendo principios de equitación.
En el lugar existen otras dos voluntarias. Julia, que es la secretaria y trabaja en la Guardia, y la señora del jefe de la Guardia de Coraceros.
El tratamiento posee un costo mínimo para nietos de funcionarios que oscila en los cincuenta pesos uruguayos, y para los demás pacientes -particulares- se prevé una colaboración de cien pesos por cada clase. Si bien se trata de una obra social, estos recursos se prevén para gastos de funcionamiento, compra de materiales y equipos especiales, en virtud de que no se reciben recursos específicos para esta actividad.
Actualmente, la práctica de la equinoterapia en la Unidad alcanzó un número aproximado de ciento cuarenta alumnos y hay cerca de treinta pacientes inscriptos en lista de espera. Las actividades se realizan los martes de 9:30 a 14:00 horas, los jueves de 12:30 a 17:30 y los viernes de 9:30 a 13:30 horas en los picaderos abiertos o techados de la Unidad, según el clima. Por mayor información se puede consultar al 508 93 60 o a través del correo electrónico coraceros@adinet.com.uy. *
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