HORACIO BUSCAGLIA
El miércoles pasado, en Pando, habló la izquierda.
Se escuchó clarito aquella voz que muchos estábamos esperando y nos tocó cálidamente nuestro golpeado corazoncito.
Tengo que confesar que, a este asunto del Presupuesto, nunca antes le había prestado mucha atención. Me aburría.
Caía de las alturas y sin entender mucho cómo y por qué escuchaba discutir, discurrir y parlotear a los legisladores sobre incisos, artículos, folios y otras bostezadas palabras propias del laberíntico lenguaje de los abogados y economistas.
Claro... pasado el tiempo si uno era lo suficientemente perspicaz descubría que detrás de esos bostezos venía tal mal aliento que te quitaba el sueño.
Debí decir, los sueños.
Pero este miércoles escuchando a Tabaré, a Astori, al Toto y al Bicho Bonomi, sentí clarito que estaban hablando de mí, de mis hijos, de mi nieto y de cada uno de los hijos y nietos de todos los ciudadanos uruguayos.
Estaban hablando del futuro. De otro futuro que nada tiene que ver con los modernísimos mañanas que supieron anunciar anteriores gobiernos y terminaron en viejos ayeres maquillados con cremas antiarrugas.
Hablaban del futuro posta posta. De ese otro Uruguay que nos espera.
Y hablaban con la voz, el tono y las palabras de la izquierda.
Dijo Tabaré: "(...) Se acabó uruguayas y uruguayos el tiempo de los gobiernos supuestamente iluminados y de los gobernantes encerrados en sus despachos. Se acabó el tiempo de invocar a la gente y decidir a sus espaldas. Ahora es el tiempo de convocar a la gente, de tenerla en cuenta y de rendirle cuentas como lo estamos haciendo en el día de hoy."
Y para confirmar lo dicho no se habló de números, paramétricas, guarismos u otras entidades sin pulso en las muñecas. Se habló de seres de carne y hueso. De la gente. Y del compromiso de este gobierno con sus dolores y expectativas.
Se habló del Uruguay que se viene, el de los verdaderos cambios.
Habló la izquierda. Y el corazón bailaba de contento. *
Comentarios (beta!)