ELEUTERIO FERNaNDEZ HUIDOBRO (*)
Las estrategias mueren cuando demuestran que son erróneas o cuando consiguen sus objetivos.
La estrategia que guió los pasos de la izquierda desde hace muchos años logró sus objetivos el 31 de octubre del año pasado, consolidándolos en las elecciones municipales de este año. Produjo uno de los procesos de acumulación más largos e ininterrumpidos de América Latina. Pasó por todas las vicisitudes imaginables incluidas las atroces.
Por ende, al triunfar coronando la cumbre que buscaba conquistar, quedó agotada.
La noche del triunfo daba comienzo a un nuevo proceso: cualitativamente distinto para el que se debe contar cuanto antes con la correspondiente estrategia.
Algunos analistas han mal interpretado en estos días la propuesta: suponen, o creen, que la Nueva Estrategia consiste en adquirir "cultura de gobiernoª...
Se han quedado extremadamente cortos: la así llamada cultura, si es que existe, no admite como categoría de análisis llegar más allá de algún seminario circunstancial y pasajero. ¡Ojalá fuera ese y nada más que ese el problema!
Si hablamos de estrategia nos referimos a saber cómo "pararse" ante el mundo, la región y el país en los próximos veinte años (por poner una cifra). Es asunto para nietos.
Si algo faltaba para confirmar esa necesidad, llegó el triunfo de Morales en Bolivia.
Pocas horas antes, en sus dos enormes aviones llegó también, con una nutrida delegación, uno de los nueve miembros del Politburó del Partido Comunista Chino y a la vez encargado en el Gobierno de la Seguridad de China. Uno de los nueve hombres más poderosos del planeta (que dicho sea de paso visitó solamente Uruguay y Cuba).
Y pocas horas después regresaron de Hong Kong, con sus análisis e impresiones, los compañeros que participaron de la reunión de la Organización Mundial de Comercio (el lugar donde se libran las verdaderas grandes batallas del mundo actual).
Para dar respuesta a cualquiera de esos tres "asuntos" (apenas tres) no sirve ya la estrategia vieja. Ni tampoco muchas de las ideas viejas.
Porque una estrategia es también una teoría y por lo tanto un instrumento.
Discutir hoy con un dirigente del Partido Comunista Chino es correr el riesgo de quedarse sin esquemas confortables. Al decir de Hugo Cores, se trata de gente muchísimo menos balsámica que Hugo Cores. Si alguien anda necesitando romperse algún molesto esquema calcáreo, le recomendamos caritativamente unas cucharaditas de eso cada mañana. Porque es muy fácil (y cómodo), despacharlos como el avestruz con tres consignas lanzadas desde las antípodas. Pero no es fácil debatir con ellos cara a cara. Repito: el mayor riesgo es que se le derrumben a uno las catedrales.
Tampoco lo es discutirles los problemas de seguridad, de estrategia y aun los temas de conflictividad mundial actual.
Paradojalmente, quienes desde Uruguay más visitan China son algunos burgueses (tampoco vamos a exagerar porque es sabido que los burgueses uruguayos en su mayoría no viajan más allá del Ministerio correspondiente y para colmo casi todos están en el Centro). Y... los militares (que hoy viajan mucho más que los burgueses).
La izquierda uruguaya, desde la lejana época del Vasco Arizaga, no va nunca.
Omite al Partido Comunista que gobierna a la cuarta parte de la humanidad. Se le traspapeló.
Eso no es novedad: hasta hace bien poco tenía traspapelado y omitido a Chávez (porque era milico): el paradigma estaba en la pipa y el pasamontañas a medias romántico y a medias ridículo del subcomandante (¿) Marcos que por eso dio origen a una nutrida gama de sesudos libros, análisis teóricos, seminarios, talleres, excursiones turísticas y propuestas "estratégicas" de la pintoresca izquierda cholula del Uruguay, que no sólo se parece cada día más a los porteños sino que lisa y llanamente se ha pasado a su bando (como en el estridente y vergonzoso caso de las papeleras).
No se sabe ahora cuándo el famoso y mediático subcomandante se va a dedicar a la tan denostada "política electoral y partidaria", qué dirán ni qué harán con sus libros y sus análisis. Los análisis, como son cibernéticos, son virtuales y olvidados en este pueblo de tan proverbial escasa memoria: pero los libros con su incómodo tamaño y hasta con sus puntas y rugosidades darán mucho trabajo y dolor al ser introducidos, sin que nadie se percate, en el único lugar donde se los deben meter hoy día. Que Dios los ampare. Los gruesos lagrimones, mientras realizan la operación de marras, serán como los del famoso cuento. A estos habría que recetarles caritativamente unas muy buenas cucharadas soperas de vaselina una semana antes. Por lo menos...
Ir a la OMC, o por lo menos sentarse en las tribunas de su cancha, es ver, palmariamente ver, cómo el mundo se "bloquea".
Cómo se organiza a pasos agigantados en acérrimos grandes bloques en los que más temprano que tarde quedará "repartido" el planeta: la Unión Europea probablemente con Rusia y con Africa. Todo el lejano este asiático que se ha convertido ya en el CENTRO del mundo. Y los EEUU con el Nafta y su creciente ALCA (faltamos pocos países en América Latina).
Ver también cómo EEUU viene perdiendo (hasta por paliza) la guerra comercial y que, si todo sigue así, va a salir de por entre las cuerdas solamente para quedar nocaut.
Que en ese caso su parafernalia bélica es un gol en contra y a la postre sólo le va a servir, como a los cholulos los libros acerca de Chiapas.
Ver que los bloques no están todavía acabadamente constituidos y se disputan a dentelladas sordas pero feroces las áreas de influencia. Sospechar que en cualquier momento se puede pasar desgraciadamente para todos, de la guerra comercial a la otra.
Ver que la globalización es globalización EN los bloques y CONTRA los otros bloques.
Que la disputa por el petróleo y el gas pasa a categoría táctica abandonando los espacios de la estrategia por la sencilla razón de que cuando un problema se vuelve insoluble deja de ser problema. Y el petróleo, con el gas, se acaban. Por lo tanto el tema vital de la energía emigra lentamente, pero emigra, desde los desiertos del Medio Oriente y las playas del Mar Caspio, hacia los reactores nucleares y hacia todas las formas imaginables de energías alternativas, entre ellas la leña y el etanol, por lo que entre otras cosas será muy difícil pensar que algún día dejen de plantarse bosques en Uruguay por más que así lo pretenda la izquierda cholula, amante de los pajaritos y de las ballenas blancas, hija de la bobeta, apartada de la realidad pero debidamente muy bien financiada por las ONG de cada uno de los bloques y la cholulez planetaria (un mercado de sopa boba nada despreciable para pasarla bien diciendo pavadas).
Entonces somos Gobierno en Uruguay, en Bolivia, en Venezuela (que ya está de hecho en el ALCA porque todo lo que vende se lo compra EEUU desde hace añares), en Brasil, en Argentina, y tal vez en Chile...
Ya sabemos: nos dirán que Lagos no es socialista y Kirchner tampoco. Pero también me han dicho mis amigos comunistas del barrio que el Partido Comunista Chino y el de Vietnam tampoco son comunistas.
Yo los adoro, pero si hubiera un plenario mundial de comunistas no los salvo ni a cañonazo limpio de quedar en irrisoria minoría.
Mucho nos tememos, que Brasil y Argentina van, lentamente pero van, de cabeza al ALCA. Poseemos demasiados indicios de ello. Lo están negociando y es por eso la demora. Mucho más temprano que tarde Cuba también va. En realidad la lucha lustral contra el bloqueo conduce a ello porque a noventa millas del mayor mercado del mundo no parece demasiada racional otra alternativa. Dicho sea de paso: en ese caso mucho más próximo de lo que se cree, deberemos devolverle a los cubanos la cuota azucarera usurpada con la que nos quedamos en mala hora. En el marco de la Nueva Estrategia habrá que, por ejemplo, ir preparándose, allá en Bella Unión, para eso.
Si pensamos a veinte años, debemos pensar más que en este gobierno en seguir siendo gobierno y en políticas para esos futuros gobiernos. Acá y en la región. Acá y en el mundo.
No se trata entonces, como puede verse, de la poquedad táctica de tener una "cultura" de gobierno (si es que tal cosa existe). Se trata de algo muchísimo más grave, complicado y decisivo que eso.
Se trata de constatar que carecemos hoy día de conciencia nacional. Que ese ha sido el mayor daño. Si la tuviéramos, estaría todo el país movilizado, sin necesidad de orden de mando alguna, en una guerra a brazo partido contra la pobreza de más de la mitad de todos nuestros niños. Eso es peor que haber sufrido una guerra. Peor que tener que ir a una guerra. ¡Felices Fiestas! *
(*) Senador de la República
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