DAMASO
Al igual que en Argentina, uno de los problemas más serios que tienen los uruguayos es la falta de creencia en sus instituciones. Por eso, además de convocar a creer en las instituciones, pedimos a los uruguayos que confíen en la Autoridad Reguladora de la Energía Atómica de Uruguay, la que cuenta con toda la información y ante la que estamos dispuestos a rendir todos los exámenes, que demuestren la seriedad de nuestra tarea", dijo a LA REPUBLICA el asesor de dirección de la Autoridad Regulatoria Nuclear del vecino país.
El ingeniero Abel González, fue designado por las autoridades argentinas para informar, a través de nuestro periódico, la visión oficial de los vecinos ante las denuncias en el Parlamento uruguayo de que Atucha II podría convertirse en "un nuevo Chernobyl".
Abel González, que actuó como nexo entre Argentina y la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) en el área de contaminación radioactiva descartó en principio que la tecnología a ser aplicada en Atucha II esté obsoleta, tras 25 años de almacenamiento a la espera de construcción del nuevo reactor atómico. "La tecnología no queda obsoleta porque sí nomás: es segura o no es segura, cumple o no cumple con los requisitos internacionales, y la de Atucha II, es segura y cumple", estimó. Explicó que los avances del último cuarto de siglo en la materia, "tienen que ver fundamentalmente con la softwerización, con los cambios en la electrónica. Y lo más importante en un reactor atómico es su tecnología mecánica, sus componentes mecánicos, algo que no se ha modificado". Puntualizó particularmente que "todavía incluso no se sabe si se va a mantener la tecnología electrónica o se irá al software. En ingeniería nuclear existe una definición, la de confiabilidad, que es la probabilidad de que falle algún componente. Los estándares de confiabilidad que tenemos para Atucha II, son más rigurosos incluso que los solicitados por la autoridad atómica mundial".
En cuanto a las formas de mantenimiento a lo largo de 25 años, de los componentes del reactor, cuestionadas por el matutino Clarín de Buenos Aires, González dijo que "los componentes han sido mantenidos acorde a normas de seguridad internacionales. No sé lo que vio, ni lo que escribió el periodista de ese diario: sí sé la forma en que se trabaja en Atucha".
En cuanto a los cuestionamientos emergentes en el Parlamento uruguayo, sobre las seguridades del nuevo reactor que se instalará a unos 150 quilómetros de la costa de Uruguay, el asesor entendió que "el problema salta ahora por las papeleras, lo sospecho, no puedo demostrarlo, pero es evidente". Enfatizó en tal aspecto que "existe una diferencia fundamental entre la contaminación que en el mundo genera cualquier industria, las papeleras incluídas, con la energía atómica: mientras en el mundo no existen normativas internacionales para la contaminación de una industria, todo depende de los parámetros que lo midan, en materia atómica hay obligaciones de Estado a cumplir, absolutamente definidas: Argentina es el único país de América Latina que ha firmado las cuatro convenciones internacionales vigentes, con exámenes anuales para las casi 400 normas del compendio de seguridad que cumple".
En cuanto a la intensa campaña de denuncias formulada por Greenpeace, acerca de la inseguridad de la industria nuclear argentina (abandono de residuos radiactivos en Córdoba; descargas de radioisótopos de fisión desde Atucha I; trincheras para residuos nucleares mal conservadas en Ezeiza, etc.), González declinó analizarlas, afirmando que cada tema debería ser tratado en forma específica. "Además: ¿no le resulta curioso que Greenpeace jamás haga una denuncia por la radiactividad que se desprende de la quema de carbón o petróleo para generar electricidad... es curioso, nadie habla de eso...".
Para Uruguay, el peor de los escenarios posibles lo constituye un accidente de grado 7, el máximo, de la escala INES (Escala Internacional de Sucesos Nucleares, por sus siglas en inglés) en las plantas nucleares argentinas. Sus consecuencias podrían llegar en horas a Uruguay.
Greenpeace y otras entidades ambientalistas han denunciado que los simulacros efectuados a la fecha, no han incluído jamás la posibilidad de accidente grado 7, provocado por el choque de un avión de gran porte contra una planta o reservorio nuclear. Realidades que van desde el episodio de las Torres Gemelas, al reciente cuasi documental argentino "Whisky Romeo Zulú", colocan la posibilidad en el tapete.
Para los ambientalistas, "si un avión del tipo Airbus fuera estrellado contra una central nuclear de Argentina, con 560 toneladas de peso a una velocidad de 261,7 metros por segundo, la nave penetraría con una probabilidad del cien por ciento las paredes de cemento de hasta 45 centímetros de espesor, y con probabilidades del 83% y 32%, paredes de 60 cms. y 182 cms. de espesor. El cóctel de radioisótopos de alta actividad contenido en los depósitos externos, mucho menos protegido que el corazón de los reactores, podría ser dispersado con una facilidad notable".
Por su parte, el jerarca argentino afirmó que "la escala INES no es una escala técnica, por lo tanto no es posible emplearla para hacer tales especulaciones. No es como la escala Richter, para los terremotos: se trata de una escala que se hizo para que la prensa pudiera comprender con números simples y rápidamente, la magnitud de un suceso. INES es una herramienta de comunicación, no de diseño". Enfatizó en tal sentido que "Atucha es de las pocas plantas en el mundo, cuya construcción y resistencia, supera la normativa internacional en la materia".
Finalmente y en cuanto a la posibilidad que una catástrofe convirtiera a Atucha en un nuevo Chernobyl, lo descartó de plano aduciendo que mientras la planta soviética, no tenía ningún contenedor capaz de evitar la catástrofe en condiciones extremas, "el diseño de las plantas Atucha incluye un doble contenedor, uno de acero, esférico no cilíndrico, que evita concentraciones de tensión, rodeado a su vez de otro contenedor de cemento. Las posibilidades de lo citado, son nulas", concluyó. *
Comentarios (beta!)