XOSE DE ENRIQUEZ
Entonces, Búsqueda no tiene empacho en titular que "La pugna entre patronos y empleados se traslada a los tablados", para explicar a continuación una novedosa y extraña situación que deriva en una pulseada sui géneris entre la central obrera y la Cámara de Industrias. Eso es periodismo de investigación que le llaman, en donde hasta el director responsable de Diablos Verdes cambia su nombre por el de Alberto. En la mezcolanza de ideas, el cronista se afana en dejar claro que de acuerdo al sesgo del libreto la murga conseguirá determinados anunciantes, acorde con la máxima globalizadora de los tiempos que corren, "dime a quién le cantas y te diré cuánto cobras".
El matutino caganchero también se suma a la supuesta polémica y bajo el título ilustrativo "El apoyo de las multinacionales en el centro del debate. Auspicio de la Cámara de Industria avivó la discusión", nos enteramos que según fuentes del sector "un conjunto 'grande' necesita unos U$S 10.000 para cubrir cada temporada". Lo llamativo es que en un reportaje que le realizara el mismo diario, para su suplemento dominical, al entonces director de Los Gaby's, ¡en 1982!, Tucho Orta manejaba la misma cifra. Leemos con asombro el hallazgo trascendente del cronista: "La creciente profesionalización del Carnaval y su multitudinaria concurrencia han logrado que las grandes empresas pongan el ojo en el fenómeno cultural. Esto trajo aparejado una polémica de corte ético-ideológico entre los grupos que debaten si aceptar o no apoyo de sectores que tradicionalmente han sido criticados por los conjuntos." Que es lo mismo que decir, que jamás las agrupaciones carnavaleras obtuvieron un peso por parte de ninguna empresa. Esto no sólo es un disparate, sino que deja al desnudo un flagrante desconocimiento de la historia y de la evolución del Carnaval. Y como siempre nos aferramos a los botones de muestra, pues vayamos a ellos.
En nuestra mano, el libreto de la murga Milonga Nacional de 1955, que ya muchos conjuntos de este siglo quisieran tener y exhibir. Desde pinturas Inca y arroz Corona, en la portada, hasta la contratapa completa con el aviso de bicicletas VeloSolex, pasando por la infinidad de avisos interiores de cerveza Norteña, que además dispuso de enormes pasacalles para los desfiles y para el camión que transportaba al conjunto; salta a la vista que a esa murga lo que le sobraba era apoyo. Allí está el libreto de Humoristas del Betún de 1964, impreso por Nevada "american blend", principal patrocinador del grupo; o la murga Nos Obligan a Salir del mismo año, apoyada por Salus, empresa que a raíz de una disputa legal no podía nombrar la palabra "pomelo", y llenó el libreto de la murga y la cartelería, con aquel recordado "Pssssss Salus... elaborado con el jugo de la mejor selección"; qué decir de Araca la Cana en 1950, patrocinada por el diario batllista Acción, que a la sazón imprimiera los libretos en sus talleres gráficos. Hasta el Partido Nacional sacó provecho de ello en campaña electoral, reimprimiendo otros "versos" y sustituyendo las fotos de los directores de la murga Pianito Castro y el Gallego Ferreira, por las de connotados dirigentes quincistas entre ellos Luis Batlle. O bien, el patrocinio otorgado por la gran Barraca La Minerva, en 1949, a la joven murga Aquí Está la Que Faltaba, que hasta incluye una fotografía en la tapa del libreto en donde aparece toda la flota de la reconocida barraca de carbón y leña, una de las mayores del ramo. Hubo un año en que una importante firma comercial financió a Santín Barbeito para que sacara
"Dos Negros Melódicos", lo que duplicaría la presencia en los tablados. Hay que informarse e investigar en serio para conocer de primera mano el importantísimo aporte que Pepsi dio al Carnaval uruguayo en épocas difíciles; Los Gaby's, Diablos Verdes con su fundador preso, entre otros, recibían el patrocinio de dicha firma año tras año, lo que motivó más de un disgusto en tiendas militares.
Y ello jamás incidió en la orientación o en la línea de los textos, porque los ejemplos existen hasta para negarlo, porque Patos Cabreros de 1971 a 1973 no obtuvo mejores avisos o aportes publicitarios por cantarle decididamente al Uruguay "democrático".
Los poderosos siempre despreciaron al Carnaval y rara vez sus rubros destinados a publicidad en esta fiesta fueron tomados como inversión, pero atribuirle a la "creciente profesionalización" el supuesto interés actual de grandes empresas es pretender taparse un ojo con un platillo.
De concurrencia masiva ni hablemos. En una ciudad que supo tener casi doscientos tablados desperdigados por sus barrios, con multitudinarios corsos y desfiles, de qué "masividad" estamos hablando. No hay nada nuevo bajo el sol o bajo la luna, en todo caso, una murga supuestamente obtuvo este año el apoyo de la Cámara de Industrias, y otra en su momento desestimó el patrocinio de cierta empresa por razones muy respetables, pero ya el mismo Pepe Veneno dice en un libro de reciente aparición que "en aquellas épocas La Soberana no conseguía sponsors". ¿Hubiese conseguido La Soberana el auspicio del Centro de Industriales Panaderos si interpretara el cuplé del pan, estimulando su consumo? Entonces, ¿dónde quieren ver polémica los avezados colegas, o entre quiénes? Por otra parte, se nos ocurre preguntarnos, ¿los dueños de barraca La Minerva no explotaban a sus trabajadores? ¿O la Salus, Norteña y el diario Acción eran empresas cooperativas que amaban al obrero y defendían su salario? ¿Aceptaban y permitían la sindicalización de los mismos? La murga Agarrate Catalina, que no recibe el auspicio de la CIU, como se ha dicho, sino de la Campaña Trabajo Uruguayo ¿va a hacer un cuplé por encargo o el cuplé estaba pronto y el aporte llegó después? ¿O preparó un "jingle" a pedido de "Trabajo Uruguayo"?, como otros conjuntos han hecho con otras empresas, tal el caso de A Contramano con las páginas amarillas, por citar un ejemplo.
En todo caso, en la contratapa del libreto de la murga para el Carnaval 2004 se puede ver un aviso de Editorial Alfaguara; ¿no es una empresa extranjera que desembarcó en Uruguay para competir con recursos y medios poderosos contra las esmirriadas editoriales nacionales? ¿Alguien se despeinó por ello? El espectáculo de la Catalina 2006 gira en torno a la espera del fin del mundo y no existe cuplé o popurrí que incite o promueva el consumo de productos nacionales... y si lo hubiera ¿qué? Aquí, lo esencial no es lo qué se dice o se canta, si no cómo se dice y para qué; ni siquiera cuenta el quién, por aquello de haz lo que yo digo pero no lo que yo hago, e incluso en más de una ocasión hemos oído aquel estigma, "cantan con la zurda y cobran con la derecha". En tiempos de dictadura era bastante común que desde algunas tiendas de la izquierda se le exigiera al Carnaval, el haraquiri ideológico de enfrentar al fascismo a ultranza. Se nos ocurre que jamás nadie debió ni debe, exigirle ese sacrificio al Carnaval. No se hacen revoluciones encima de los tablados, pero sí se alimenta la cultura de un pueblo, se afirman identidades y en última instancia se cumple, o no, con el compromiso que cada cual haya asumido de acuerdo con su conciencia, sus posibilidades o expectativas.
Nuestro amigo y colega Andrés Capelán expresa que "no puedo dejar de felicitar al colega Benech (de Búsqueda) por el verdadero hallazgo que significa el utilizar la expresión 'pugna laboral' para referirse a la 'lucha de clases'. ¿No es fino?" Según publica Búsqueda, "Burghi, el presidente de la Cámara, dijo a Búsqueda que la resolución (de apoyar a la Catalina) fue adoptada porque al Carnaval concurre más gente que al fútbol y que al básquetbol y porque en los tablados se encuentra el operario de la fábrica y también el consumidor." ¿Dónde está la noticia? ¿Cuál el descubrimiento? ¿Y cuál el pecado original de cualquier conjunto que acepte una publicidad determinada para solventar su presupuesto? La gran pregunta es: ¿Cuáles son las soluciones de fondo para que el Carnaval salga de la crisis? Si como bien afirma Burghi, concurre más gente que al fútbol y que al básquetbol, y si se encuentran allí el operario y también el consumidor, ¿por qué hay tan pocos tablados?, ¿por qué los conjuntos tienen que andar poco menos que mendigando para obtener recursos legítimos para sus vestuarios y demás? Aunque algunos escribas sueñen con eso, jamás el Carnaval se podrá regular por las leyes del mercado, y mucho menos vender sus plumas los letristas, porque cuando ello ocurra no sólo estará definitivamente enterrado, sino que habrá perdido su capital más grande: la credibilidad y el sustento de la gente. *
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