TRINIDAD RODRIGUEZ
La modalidad de intervención del policía comunitario comienza a gestarse en 1995 dentro del marco del programa del Ministerio de Interior: "Seguridad Ciudadana". El proyecto también contempla la figura del policía turístico -que informa y previene el delito- y del policía de proximidad o ciudadano, quienes realizan en Montevideo tareas de prevención, pero no atienden a la familia en su conjunto -como lo hace el comunitario-. La idea de la Policía Comunitaria fue tomada de experiencias españolas, y se realizaron intercambios con Francia y Argentina para conformar el proyecto. El 4 de octubre de 2000 comenzaron a trabajar en las áreas asignadas.
LA REPUBLICA visitó la Seccional 5ta. de la Ciudad de La Paz, en el departamento de Canelones. En dicha seccional, a cargo del subcomisario Fabio Cossio, funciona un equipo de seis policías comunitarios y 49 policías comunes.
Con una carga de ocho horas diarias y un día de descanso, los agentes de segunda Mary Leal, Jorge Portel, Néstor Duarte, Rafael del Hoyo y Sergio Sarzay responden a la coordinación del sargento Oscar Cabrera. Juntos, día a día, enfrentan los problemas sociales de la comunidad. A cada policía comunitario le corresponde atender entre 12 y 13 manzanas.
Según explicó el subcomisario Cossio, el objetivo de la Policía Comunitaria, a la cual le otorgan un lugar y respeto especial en la seccional, consiste en "ofrecer un servicio personalizado a la población a través de la gestión de vínculos con la comunidad. Se desprende de una mirada sociológica y se interioriza de los problemas sociales, sin involucrarse".
"Nunca se sabe qué puede deparar el día", comentó Mary Leal. La tarea es muy diversa: identificar personas, atender el comedor -el ingreso de los niños, servir los platos-, lograr la concurrencia de niños a la escuela -consiguiendo zapatos, túnica, contacto con asistente social-, derivaciones a la psicóloga por situaciones de abuso sexual, controlar las salidas y entradas de alumnos en los liceos, charlas informativas en escuelas sobre tránsito y violencia, reuniones con las comisiones de seguridad barriales, entre otras. Este año es la primera vez que también trabajan en el programa "Verano Azul", en el que realizan el acercamiento y conocimiento de la comunidad, la distribución de folletos de prevención en la integridad física e información turística. Ante la diversidad de situaciones difíciles los tranquiliza el dar lo mejor de ellos mismos; "nos gratifica el abrazo de un niño o la sonrisa de un adulto mayor", coincidieron los agentes. Además, el sargento Cabrera se refirió "a la importancia del seguimiento de la familia y el respaldo de la red de instituciones".
La población al comienzo del programa "se resistía a la figura del policía cercano. Actualmente se da todo lo contrario, encontramos conocimiento de nuestra existencia, aceptación y apoyo", comentó Néstor Duarte, otro agente. Leal destacó que "la prevención se logra a través de la confianza, es la propia comunidad la que informa de los hechos que causan peligro o de situaciones ilícitas, ya sea un lugar oscuro que facilita la presencia de jóvenes drogándose y tomando, entre otras". Consultados respecto a si disminuyó el índice de delitos con la presencia del policía comunitario, aunque no manejan estadísticas, coincidieron todos los entrevistados en una respuesta afirmativa. También indicaron que bajó la deserción escolar. "Es muy importante; ojalá que todos los policías puedan ser policías comunitarios, teniendo la misma actitud con las personas. Ser policía comunitario es un privilegio porque te abre muchas 'puertas'. Y la recompensa más grande es el cariño de los niños y la gente", comentó Leal. *
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