¿Qué tiene el candombe que arrastra a la gente como ninguna otra danza? ¿Por qué se preguntaba un viejo cronista, mientras podemos describir cualquier otra, tratándose de ella resulta imposible decir a un extranjero cómo es? En la noche de ayer, otra vez el tamboril fue el gran protagonista, y sólo encontrándonos en el medio de ese incontenible mar humano lleno de candombe, viviendo de cerca la auténtica fiesta, pensamos que recién allí podemos comenzar a entenderlo. Es difícil suponer, que aún el más lejano asistente instalado en una de las tantas azoteas alquiladas a tales efectos, pueda ser considerado un simple espectador. Todos de alguna manera pasan a participar una vez que los carros de las Reinas de las Llamadas y del Carnaval han pasado delante, y se abre detrás el colorido y contagiante espectro de nuestras comparsas lubolas. Es algo inevitable, una fuerza que lo lleva a uno, lo empuja y que probablemente más tarde no logre explicarse...
La palabra "Llamada" proviene del antiguo procedimiento que, por medio del tamboril, empleaban los miembros de las antiguas comparsas, en su mayoría representantes de distintas naciones, para comunicarse entre sí.
Anoche, ante una concurrencia multitudinaria, hablaron los tambores en los barrios Sur y Palermo, para cumplir un nuevo ritual, este vez el del quincuagésimo Desfile Oficial de Llamadas, que envolvió la ciudad hasta bien entrada la madrugada con su rumor alucinante. *
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