XOSÉ DE ENRIQUEZ
Alguien que conversaba con nosotros en uno de los intervalos de la etapa, refiriéndose al "arrastre" que tiene el certamen de agrupaciones, lo expresó con menos romanticismo: "no hay con qué darle". No importa si el termómetro baja, si se nubla a la hora de salir de las casas, si se levanta viento, y la programación de cada noche en definitiva lo único que determinará es si hay lleno o no, porque mucho público de seguro sí habrá. La etapa que nos ocupa no fue de las más concurridas, pero tuvo dos platos fuertes de excepción: Magazine y La Soñada.
Aferrada a la estructura tradicional de las murgas clásicas, en las formas, en el canto y hasta si se quiere en el estilo, Nos Obligan a Salir se esfuerza afanosamente por transmitir su entusiasmo a la platea, pero sin contar con más recursos que las ganas de hacer murga, o de estar encima de las tablas, de un grupo heterogéneo que aúna la siempre dudosa combinación del joven que quiere salir alguna vez en carnaval con el veterano que decide seguir saliendo. Sin mayores pretensiones en lo que respecta a las posibilidades del modesto libreto, y a los alcances limitados de un coro tan desparejo como desafinado, la vieja "Nos Obligan" sólo consigue arrancar algunos aplausos y risas, en el cuplé del "bebote". Lejos, muy lejos de los parámetros no únicamente competitivos, esta actuación a primera hora de la noche, nos invita a pensar y nos lleva a consideraciones que van más allá del comentario puntual de este conjunto. Que el pasado no vuelve, no es un descubrimiento, pero además es imposible ir hacia él, y de pronto esta sea la mayor reflexión que realizamos una vez que Nos Obligan a Salir abandona el escenario de las canteras del Parque Rodó.
La juguetería domina la escena y la evolución del espectáculo no hace más que confirmar que estamos ante un conjunto con personalidad, cuyo eje central de la actuación descansa en un elenco integrado por consumados actores, una orquesta sumamente solvente y un muy eficiente cuerpo de baile. El vestuario, bien concebido, con colorido y originalidad, está a tono con la apuesta fuerte de la agrupación de Fernando Couto. Todo ese andamiaje se pone en marcha basado en los acertados y ocurrentes libretos de Jorge Velázquez, que al cabo del tiempo reglamentario, conforman un estupendo trabajo colectivo, que de alguna manera viene a reivindicar, pasada ya la mitad de la Primera Rueda del Concurso Oficial, el espíritu y la vigencia de la categoría de revistas. Destacan notoriamente en lo que a actuación se refiere, los desempeños de Fabiana Fine, Félix Correa, Pablo Cánepa y Paul Fernández, protagonistas de los cuadros que traslucen con acertados y chispeantes diálogos, la trama argumental del espectáculo, el famoso "hilo conductor", que a nuestro entender suele ser el "talón de Aquiles" de la categoría. Las voces de los solistas -¡qué decir de Alejandra Díaz y Daniel Sastre!, van a tono con el resto y así Magazine arranca el aplauso constante del público. Seguramente en próximas actuaciones, que tendrán el necesario ajuste de pequeños detalles, Magazine desplegará con la misma eficacia este formidable espectáculo carnavalero, que nos hace decir a voz en cuello... ¡pasó una revista por el "Ramón Collazo"...!
Excelente labor de la murga La Soñada como cierre y broche de oro de la etapa, llenando la escena desde el vamos, con un vestuario que conjuga brillo, colorido y vistosidad, en la línea además que la murga de los hermanos Moreira ha venido transitando en los últimos carnavales. Un coro afinado y portentoso, dirigido por Jorge "Cocinita" Márquez, como él sabe hacerlo, va desgranando con ritmo murguero y a paso firme, la compleja historia de la espera. El frenesí que La Soñada derrocha no impide igualmente los pasajes en donde la pausa se hace necesaria, apareciendo allí un expresivo Rafael Antognazza, como motor o moderador de los diferentes momentos. Con mucha crítica, certera y sin cortapisas, también dice presente el salpicón tradicional. Un inspirado "Tiburón" Martínez tiene que ver y mucho con los aciertos inobjetables de los textos, componiendo además reideros personajes. Situaciones como la aparición de los gauchos fraybentinos o la ocurrente y jocosa entrega de los "Oscar Magurno" en donde literalmente no se "salva" nadie, son sólo perlas del brillante y valioso collar con el que la murga obsequia al auditorio. Gran espectáculo, bien concebido, mejor logrado y presentado, que remata con una canción retirada que es como una caricia del alma, o como lo canta La Soñada, son "fragancias de febrero en un tablón". *
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