ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)
Y sí: somos un país tan vinculado a los dos vecinos y tan demográfica y geográficamente más pequeño (comparado con ellos) que si nos bloquean ciertos puentes internacionales nos producen , sólo con eso, un gran daño.
En el verano por ejemplo, y si esos puentes comunican con Argentina, el daño es muy especial por el turismo.
Produce un golpe muy duro para nuestras cuentas. Concreto, doloroso, irreparable, irrecuperable. Tal vez eso no se vea así desde la perspectiva de países de mayor tamaño.
Somos un país peleando a brazo partido contra la pobreza que aqueja a la mitad de nuestros niños y esa pérdida, para otros quizás menor, es brutal acá. Eso han perpetrado los piqueteros altamente contaminantes de Gualeguaychú.
Pero durante el resto del año la cosa es parecida: por esos puentes van y vienen (para eso los hicimos) los productos y las personas no sólo de Uruguay sino también de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Bolivia y, por si ello fuera poco, también en rumbo de ida y vuelta, el tránsito hacia los diversos puertos de la zona por los que entran y salen importaciones y exportaciones. Entre esos puertos, está el de Montevideo.
Por esos puentes cruza la yugular carretera y ferrocarrilera que une por el sur a Brasil con Argentina y a Uruguay con Argentina y Paraguay y, también por si ello fuera poco, la avenida más corta entre los grandes puertos del Pacífico y del Atlántico.
Hay por lo tanto también un daño de mediano y largo plazo. Una lesión estratégica. E intereses nacionales y empresariales cuantiosos en el asunto. Que van muchísimo más allá de la protesta medioambiental por dos plantas de celulosa.
Porque se introduce un precedente nocivo y peligroso.
En adelante los países y las empresas pueden, en sus planes, tratar de evitar esos puentes y ciertos puertos. Hasta "por las dudas".
Obviamente que a beneficio multimillonario de otros.
Miles de puestos de trabajo, y no sólo en la industria forestal, se ponen en juego.
El gobierno argentino instala de tal modo, a la fuerza, la desconfianza en Uruguay (como país de "tránsito": asunto del que dependen millones de dólares y miles de familias) y la desconfianza en el Mercosur. Interna y externa.
Y lanza un mensaje al mundo que dice: "Ojo con invertir en Uruguay sin consultarnos previamente".
Se trata de inseguridad política y jurídica. Y de falta absoluta de seriedad mínima.
Porque nadie en el mundo puede creer que un piquete puede cortar por tanto tiempo un puente internacional si no cuenta con la anuencia del Gobierno Federal.
Encima, la agresión es producida con muy poquita gente. A muy bajo costo. Basta con movilizar un simple piquete.
Hay muchas cosas buenísimas --y de las otras-- inventadas en Argentina. Una de ellas son los piquetes. El "movimiento piquetero". Incluso hasta institucionalizado por Kirchner.
Lo que nadie en el mundo podía esperar --y este es otro invento-- es que el gobierno argentino lo transformara en parte muy importante de su Servicio Exterior. Ni que tampoco lo endilgara contra Uruguay.
Estamos ante un extravagante --pero no cabe duda que muy original-- invento: la Diplomacia Piquetera.
Hasta ahora muy útil --está a la vista-- para agredir por sorpresa a países desprevenidos. Y lavándose las manos. Un mamarracho piquetero de índole "pilatista" al servicio de poderosos intereses monetarios.
Por su naturaleza, es idóneo para ser usado en puentes y viaductos. Por lo que, de ahora en adelante, todo paso de frontera argentino para con cualquier país limítrofe, en especial si adolece de puente o algo parecido, puede ser y hasta debe ser visto (previsionado diríamos) como un arma misilística, de alcance continental por lo menos, en manos de la diplomacia piquetero-pilatista.
Es de suponer que Paraguay, Chile, Bolivia y Brasil andarán tomando recaudos al respecto.
Entre ellos pueden concebirse los contrapiquetes, con lo que el espectáculo que en ese caso puede ofrecer la zona será de lo más pintoresco, ridículo y escandaloso.
Y he ahí que, vista la expedicionaria agresión anfibia perpetrada por la infantería de marina de Green Peace y su caballería ligera helitransportada, puede haber (no es descartable) algún cerebro poco dotado que esté cavilando enviar a cualquier confín del planeta una "task force" piquetera, con bombo y todo.
Paracaidistas, por ejemplo, sobre los portones del Tribunal de La Haya.
Está "cantado".
Lástima grande que Bush no lo haya pensado a tiempo.
Le bastaba con dar licencia paga a varios empleados municipales, financiar a tres o cuatro ONG y llamar a Greenpeace.
Da para pensar que por eso Brasil, poniendo sus barbas (las de Lula) en remojo, otorgó sin chistar las salvaguardias comerciales recientemente suplicadas.
En suma, queridas y queridos compañeros de la aguerrida izquierda uruguaya, no venimos a estar, después de viejos, bloqueados por el imperialismo yanqui.
Nos está bloqueando un deplorable piquete municipal.
Ni tan siquiera nos mandaron a la temible y querida hinchada de Boca...
Se debe haber negado a tamaña agresión: es gente seria que, además, jamás de los "jamases" agrediría por gusto a los descendientes de aquel prócer de la boina blanca.
Y después de Walter Gómez, al gobierno argentino le hubiera resultado inútil tratar de convocar a la de River para tamaña tropelía.
No podemos acusar ni a Helm, ni a Burton ni a Torricelli... Tampoco a Bush.
El bloqueo ni tan siquiera es por ley ni por decreto. Apenas por el "Capricho Busti".
En resumen, y como tantas veces, un país abusa de otro.
Lord Palmerston decía que "Inglaterra no tiene ni amigos ni enemigos permanentes: tiene intereses permanentes".
No deja de ser una frase genial pero "vintenera" y hasta falsa (a la hora de la verdad varias veces no fue así).
Nos negamos a ella: Uruguay no tiene enemigos permanentes pero tiene intereses y amigos permanentes.
Más a fondo todavía: los uruguayos somos amigos permanentes de los argentinos. Y estamos seguros de que los argentinos también.
Por encima y por debajo de gobiernos y asuntos pasajeros y circunstanciales, efímeros, el Tiempo y la Historia, esa tan noble pareja, han dado generosamente lo suyo.
El gobierno argentino está cometiendo una agresión y una injusticia contra el pueblo uruguayo. Y va a ser condenado como siempre por el gran pueblo argentino.
Muchas veces tuvimos los uruguayos y los argentinos, gobiernos argentinos y uruguayos contra los que tuvimos que pelear juntos. Las batallas, las cárceles y las tumbas se entrecruzan y fueron compartidas.
No es el caso de este gobierno argentino ni tampoco el de este gobierno uruguayo.
Por ello la sorpresa y lo inesperado de la agresión y su grave daño, es mucho mayor.
Ahora bien: estamos históricamente muy acostumbrados a asumir la copa más amarga que nos depare el destino.
Pero no aceptaremos pasivamente que nada ni nadie nos ordene cuál debe ser.
El ataque piquetero gubernamental argentino no es contra dos plantas de celulosa. Es por otras cosas.
Hay demasiados y muy poderosos intereses en juego detrás de todo esto como para tragarse la enorme mentira de que el problema es medioambiental.
Que ese pedregoso jarabe se lo tomen los incautos o los imbéciles de derecha, de centro y de izquierda. Que, como ya hemos dicho, existen en cada uno de esos sitios. Y están a la vista. *
(*) Senador de la República
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