Viernes, 24 de febrero, 2006 - AÑO 10 - Nro.2112
A A A

De "placer genial, sensual", a hábito pernicioso

A fumar al cuartito

Ya está. A partir del próximo miércoles, los fumadores estamos jodidos. Ya no podremos acompañar el café o la copa en un boliche con un cigarrillo; debemos abstenernos de fumar en toda fiesta (cumpleaños de quince, casamiento, bodas de plata) que se realice en salones alquilados al efecto; no deberemos encender tabaco mientras esperamos la partida o la llegada de un autobús en la terminal, ni mientras paseamos por el shopping.

JULIO GUILLOT (*)


Hasta no hace mucho, hasta que se instaló la histeria tabacofóbica fundamentalista, fumadores y no fumadores habíamos convivido en una coexistencia pacífica quasi idílica. Desde que empecé a fumar --hace ya unos cuantos años-- hasta que nos invadió la tabacofobia --hará unos quince-- jamás tuve un problema por ser fumador; y si en el lugar en que me encontraba alguien me pedía que no fumara, inmediatamente apagaba el cigarrillo, obligado no por decretazos sino por elementales normas de respeto al prójimo.

Era una época dorada en que se podía fumar en los aviones (salvo durante el despegue y el aterrizaje), en la plataforma de los ómnibus de Cutcsa (los viejos y queridos Leyland del 39), en el ferrocarril y hasta en "los onda" (antonomasia de unidad de transporte carretero de larga distancia ya que ONDA ostentaba el casi monopolio en ese rubro) aunque con una restricción en estos últimos ya que un letrero nos advertía "cigarette smoking only", con lo que quedaban proscriptos habanos y pipas.

Eran tiempos en que en Italia se fumaba en los cines. Y en la maternidad de todos los sanatorios los inminentes padres consumían dosis extra de cigarrillos mientras duraba el trabajo de parto de la cónyuge y esperaban que se encendiera la luz (celeste o rosada según el sexo de la criatura) que anunciaba la llegada al mundo del nuevo vástago.

Aclaro que no estoy en desacuerdo con que las autoridades sanitarias nos adviertan de las enfermedades que podemos contraer como consecuencia del hábito de fumar y que intenten disuadirnos de continuar apegados al tabaco. Agradezco, pues, los consejos sobre la conveniencia de no fumar pero reivindico mi derecho a correr los riesgos sanitarios que conlleva el placer de fumar. Declaro, de paso, que estoy dispuesto a soportar estoicamente la marginación de que somos víctimas los fumadores, compelidos a aislarnos cada vez más para despuntar el vicio so pretexto de que contaminamos a los no fumadores. Y me comprometo, solemnemente, a respetar la prohibición que regirá a partir del miércoles próximo, fundamentalmente para evitar multas al bolichero.

Ahora bien, aclarado todo lo anterior, debo expresar mi sorpresa por esta suerte de satanización de que es objeto el tabaco. Siempre se supo que la nicotina, el alquitrán y el humo producto de la combustión incompleta podían resultar perjudiciales para la salud, pero de un tiempo a esta parte (desde hace poco más de veinte años) el cigarrillo se convirtió en el enemigo público número uno, culpable de todas las calamidades sanitarias y de contaminar el ambiente.

Aquí me permito discrepar o por lo menos poner en duda este credo. Porque si así fuera, si realmente las autoridades sanitarias se preocuparan por la pureza del aire que respiramos todos, deberían prohibir la circulación de automóviles con motores de explosión ya que por sus caños de escape se libera una cantidad de monóxido de carbono infinitamente mayor que la causada por nosotros, pobres fumadores; y esto sin contar que, además, son causantes directos de la muerte de personas (automovilistas y no automovilistas). Del mismo modo, habría que prohibir las estufas de leña, las fogatas de la Noche de San Juan, las fábricas con sus chimeneas humeantes (símbolo del progreso) y los aviones.

A veces llego a pensar que la industria tabacalera fue elegida como chivo expiatorio o como cortina de humo (expresión a propósito) para ocultar otros daños mucho mayores que se infligen al planeta y a sus habitantes. Sí, ya sé que los fabricantes de cigarrillos no son nenes de pecho, pero creo que la pulseada la perdieron las tabacaleras a manos de los fabricantes de automóviles, de armas y de reactores nucleares, productos todos estos mucho más peligrosos que un inocente cigarrillo.

Esta reflexión no es ociosa porque ¿cómo se compadece esa preocupación por los efectos del tabaquismo sobre la salud con la pasividad demostrada por los gobiernos del mundo ante las brutales agresiones a la salud individual y colectiva y al ambiente provenientes del afán de lucro de las multinacionales? ¿Cómo se entiende esta "defensa de la vida" cuando al mismo tiempo se impone un modelo económico que genera desnutrición, aumento de la mortalidad infantil, hambrunas y enfermedades que no padecen los ricos? ¿No son perjudiciales para la salud el estrés, la depresión y otros males derivados de un sistema económico que aliena al individuo?

¿A qué obedece esta súbita alarma por el cáncer de pulmón o de laringe y no por el de colon o de esófago que causa la ingesta de comida chatarra? ¿Por qué no cierran la cadena McDonald's?

Todavía no prohibieron los huevos fritos, las mollejas, los chinchulines, la manteca ni la panceta, pero ya llegará el día en que se plasme esa prohibición pues las enfermedades causadas por el colesterol generan demasiados gastos a las instituciones asistenciales, y parecería que el Estado se hubiera fijado como meta preservar la salud financiera de los seguros de salud...

En definitiva, como apunta Fernando Savater, "entre las propiedades de que podemos disponer libremente no está nuestra salud, pues ésta pertenece a la seguridad social que la costea". Y creo que por ahí está la madre del borrego; dice el ilustre filósofo español: "Lo insalubre depende mucho de la rentabilidad laboral, mercantilista y domesticadora del producto en cuestión".

El sistema rechaza los llamados "vicios" porque considera que conspiran contra la eficiencia del individuo-productor; no le interesa el ser humano (con sus vicios y sus virtudes, con su natural necesidad de placer) sino el hombre-engranaje de una maquinaria que no debe detenerse nunca. No le importa el bienestar integral de la gente; sólo se preocupa de que no se generen gastos ni que se resienta la productividad.

Si seguimos así, los que deciden por nosotros qué es saludable y qué es insano resolverán un día que no rendimos lo suficiente porque estamos demasiado nerviosos y nos obligarán a tomar lexotán o lo incorporarán al agua corriente. *

 

(*) Periodista


Marcadores sociales

Enviar esta nota a: del.icio.us Enviar a Yahoo! MyWeb Enviar a Digg Enviar a reddit Enviar a Furl Enviar a Blinklist Enviar a Spurl Que es esto? Hace click aqui para aprender mas sobre marcadores sociales


Comentarios (beta!)

Debido al abuso en nuestro sistema de comentarios, le pedimos que se Identifique en el sitio antes de comentar, pudes hacerlo desde aquí
Powered by Comment Script

BUSCAR

Google
Web LR21

PUBLICIDAD LR21


TITULARES x MAIL

ESTE MES

febrero de 2006
L M M J V S D
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28          

publicidad

publicidad


CONTACTATE    PUBLICIDAD
© 4Pixels SRL / www.lr21.com ® se edita en Montevideo, Uruguay.
Publicación digital administrada por 4Pixels