Antonio Pippo
Hipérbole es una figura retórica que aumenta o disminuye en exceso aquello de lo que se habla.
Con la polémica entre Mujica y Calloia estamos ante una hipérbole de las que se ven el día del Espíritu Santo. El ministro con prolija prótesis dental inferior- calificó de "cuento de gallegos" que el llamado "banco país" haya depositado en el exterior alrededor de dos mil millones de dólares, mientras se sigue hablando de país productivo. El presidente del BROU lo confirmó y dijo que en la plaza local "no hay demanda de crédito suficiente".
Mujica contribuye a esta hipérbole aumentando desproporcionadamente los daños causados porque ese dinero no esté aquí. Es sencillo, si dejamos el tema deudas afuera. ¿Cuáles son los proyectos dirigidos al desarrollo de áreas de la agricultura, de la industria, de los servicios, que requieren de financiación? Cuando los ponga encima de la mesa será tiempo de hacer algo más que aullar porque el dinero está en una cuenta en Nueva York, ganando intereses de todos modos nada despreciables.
Y Calloia, con urbano estilo de bancario frío, también hiperboliza, aunque en su caso disminuyendo exageradamente la necesidad que muchos sectores de la actividad nacional tienen de crédito fresco. Ah, y barato. Claro, porque ésa es la cuestión. La plata que ofrece el BROU y que, según su presidente, nadie se arrima al mostrador a pedir, sigue siendo bastante cara. Tanto como para que dos mil millones de dólares vayan a veranear a Wall Street, mientras cientos de cooperativas y pequeñas empresas gimen desde hace tiempo a la búsqueda de aquel manguito que el viejo Gómez del tango no hallaba.
Por algo el presidente Vázquez volvió a instar a no perder más tiempo en poner en marcha el proyecto de país productivo, que también quiere decir, me parece, apoyar lo que ya está, mucho de ello renqueante.
Debe estar cansado de ciertas conductas hiperbólicas, adjetivo que, según mi amigo Cuque Sclavo, se aplica "a quienes exageran tanto que las rompen". *
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