Sábado, 19 de agosto, 2006 - AÑO 10 - Nro.2285
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El factor biológico

HOMERO CAMPA*

El futuro de Cuba depende del estado de salud de Fidel Castro.

Este hecho -señalado por analistas y diplomáticos, y reconocido por funcionarios de la isla- ha mantenido la atención sobre las enfermedades, reales o supuestas, del líder de la revolución cubana.

Fracasados los intentos por subvertir el "régimen revolucionario" y por asesinar a su máximo dirigente -según el Ministerio del Interior cubano, Castro ha sobrevivido a 630 atentados en su contra-, Washington y los grupos anticastristas en el exilio plegaron sus expectativas de un cambio en Cuba al "factor biológico": el deceso por causas naturales del último prohombre del comunismo.

De hecho, desde comienzos de los noventa, organizaciones del exilio cubano han hecho eco de versiones sobre supuestas enfermedades de Castro y en más de una ocasión han difundido su "muerte".

La revista Vanity Fair publicó que en el verano de 1992 Castro habría sufrido un "leve ataque al corazón". En distintas fechas, el diario Miami Herald y estaciones de radio en La Florida difundieron que el presidente cubano padecía isquemia cerebral (alta irrigación en el cerebro), encefalopatía hipertensiva (enfermedad en el encéfalo debida a la hipertensión) y cáncer de colon. Y en noviembre de 2005, voceros de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) dijeron que sufría mal de Parkinson.

Las versiones fueron desmentidas por el gobierno cubano y por el propio Fidel, quien clasifica a su estado de salud como un "secreto de Estado".

Sin embargo el líder de la revolución cubana ha revelado algunos de sus males. A la periodista brasileña Claudia Furiati, autora de la biografía Fidel Castro, la historia me absolverá, le dijo que en 1997 -cuando desapareció durante semanas de la escena pública y arreciaron los rumores sobre su mal estado de salud- había padecido diverticulitis, es decir, inflamación de pequeñas bolsas en el colon.

Posteriormente, dio a conocer que a finales de 2002 sufrió una lifangitis (inflamación de un ganglio linfático) en la pierna izquierda, producto, dijo, de la picadura de un insecto.

Lo cierto es que ha habido varias señales públicas del quebranto de la salud del presidente cubano.

 

Declive

En diciembre de 1995, durante un viaje por China y Vietnam, Castro sufrió un leve desvanecimiento. La agencia France Press publicó entonces: "El propio Mu Muoi (jefe del Partido Comunista de Vietnam) y dos custodios tuvieron que sostener al presidente Castro para bajar la escalera del palacio presidencial de Hanol en el momento de la despedida".

El 23 de junio de 2001 se desmayó durante 10 minutos en un acto público en el Cotorro, barrio ubicado en los suburbios de La Habana.

El 20 de octubre de 2004, sufrió una fuerte caída al terminar un acto público en la ciudad de San Clara. Se fracturó la rodilla izquierda y el húmero derecho. Durante varias semanas, realizó sus actividades públicas en silla de ruedas.

Sin embargo, el padecimiento más grave ha sido la reciente "crisis intestinal aguda con sangrado sostenido" que le obligó a "enfrentar una complicada operación quirúrgica" y -por primera vez en la historia de la revolución cubana- a delegar "provisionalmente" a su hermano Raúl Castro el poder indiscutido que ejerce en la Isla.

Desde hace 10 años, el deterioro de su salud ha sido cada vez más evidente: desde 1997 perdió varios kilos de peso, su voz es apenas audible, renguea ligeramente de la pierna izquierda y, a veces, luce demacrado, con marcadas ojeras.

De hecho, por cuestiones de salud, en años recientes ha cambiado sus hábitos y reducido sus agotadoras jornadas -a veces de 20 horas diarias- como jefe de Estado.

Así, Fidel -el jefe rebelde que otrora subía sin detenerse las montañas de la Sierra Maestra, que hacía derroche de energía y por lo cual la población le apodaba El Caballo -reconoció en agosto de 1996 que la edad y salud "tienen sus límites". Esta declaración la hizo rodeado de "pioneros" (escolares) y cuando apagaba las velas de un pastel gigante con motivo de sus 70 años.

Fidel, quien por varias décadas recorrió la isla haciendo de su auto o su jeep un "despacho itinerante", tomando decisiones de Estado sobre la marcha o impartiendo órdenes sobre el terreno, a últimas fechas se sentía "preso" en su oficina, según confesó el cineasta estadounidense Oliver Stone en 2003, durante la filmación del documental Comandante.

De hecho, su trabajo directo con el pueblo le permitía "pulsar" la opinión pública de la isla; sin embargo, en los últimos años recorrió más a las encuestas entre la población, las cuales eran realizadas por un grupo de jóvenes profesionales conocido como El Equipo de Apoyo del Comandante en jefe.

 

Cambio de hábitos

Deportista de toda la vida, Castro suspendió desde hace varios años la pesca submarina y la natación. Previamente había dejado de practicar los deportes de su juventud; el beisbol, basquetbol y el atletismo.

En años recientes, hacía un poco de gimnasia: se paraba en alguna de las esquinas de su espaciosa y sobria oficina del Palacio de la Revolución, se tomaba el pulso con su reloj negro marca Casio y contaba los pasos y el tiempo en que recorría varias veces su oficina de extremo a extremo.

Su dieta también había cambiado.

Desde mediados de los noventa, suspendió sus comilonas de antaño. En el prólogo del libro Habla Fidel, escrito por Giani Miná, Gabriel García Márquez recordó que "en un domingo sin frenos, después de un almuerzo en forma, se tomó 18 bolas de helado". Sus preferencias culinarias también son cosas del pasado: langosta, espagueti, arroz con pollo, pargo rojo a la parrilla, quesos franceses y helado de coco.

Desde 1997, cuando padeció diverticulitis, había seguido rigurosamente una dieta que le recetó su médico personal, El cirujano Eugenio Selman. esta consistía en desayuno con fibras, yogures, toronjas y tomates. Par ala comida, vegetales, pescado o pollo. En las cenas celebradas en el Palacio de la Revolución se disculpaba con sus invitados por "no comer lo mismo que ustedes".

En 1984, dejó de fumar sus famosos puros Cohiba lanceros (llegaba a consumir media caja al día) no por prescripción médica, sino para dar un ejemplo a su pueblo en una campaña contra el tabaquismo. Sin embargo, algunos de sus colaboradores cercanos comentaron que Castro tiende a padecer de problemas respiratorios. Por ello, desde hace por lo menos dos décadas usa una gruesa chaqueta, inusual para el clima tropical de la isla. Esta prenda -de la que se ha conjeturado que es un chaleco antibalas- le permite mantener una temperatura constante para ayudar a sus pulmones.

A muchos les ha llamado la atención que en varias reuniones -cuando los invitados que lo rodean sudan a chorros- él se mantenga fresco.

Desde que el 23 de junio de 2001 sufrió un desmayo de 10 minutos, había dejado de aparecer en "actos de masas" a mediodía. Estos se realizaban en horas tempranas o cuando el sol y el calor habían amainado. Incluso, aumentó su participación en eventos realizados en teatros y salones equipados con aire acondicionado.

Además, el doctor Selman se hizo más visible con su maletín médico en la mano. Y, a veces, antes de cada discurso, Fidel bebía una infusión caliente que le pasaba directamente el coronel José, jefe de su escolta personal.

Aún solía encabezar las multitudinarias marchas a las que convocaba el Partido Comunista de Cuba. Para ello, cambiaba sus tradicionales botas por unos tenis negros marca Nike. A veces, durante los recorridos, se apoyaba de manera casual en el hombre de alguno de sus asistentes o de su acompañante más cercano.

Eso sí, antes de padecer la "crisis intestinal" conservaba algunos de sus hábitos de siempre. Por ejemplo: su placer por las recepciones nocturnas en Palacio de la Revolución, en las que charlaba con sus invitados hasta altas horas de la madrugada; su avidez por leer información -200 páginas de noticias de todo el mundo, unos 50 documentos oficiales, así como tarjetas y mensajes "urgentes"-; su manía por hablar durante horas y -como comentó García Márquez en el citado prólogo del libro Habla Fidel- "por tener siempre la razón". Sin embargo, recientemente le daba por divagar y saltar de un tema a otro.

En los últimos años, accedió a que hubiera un teléfono celular en su entorno inmediato y se dio tiempo para aprender computación y para navegar en internet.

No obstante, siguió escribiendo a mano sus discursos y los editoriales más importantes del diario Granma. Obsesivo, revisaba sus textos una y otra vez, y sospesaba cada palabra en balanza de boticario. Pese a su obsesión por los detalles -llegaba a revisar, por ejemplo, el tipo de vino que se servía en una reunión-, en los años recientes delegó en un equipo comandado pro Carlos Lage, responsable de la economía de la isla, algunos asuntos de la marcha del gobierno.

Antes de dejar "provisionalmente" a su hermano Raúl Castro las riendas del Estado, Fidel tomaba las decisiones fundamentales de la política interna y exterior de Cuba.

* En acuerdo con la revista mexicana Proceso.


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