Antonio Pippo
Por lo que se ha sabido, la política del Banco Hipotecario para el tratamiento de morosos semeja a una entelequia.
Hay dos acepciones. En filosofía, entelequia es aquella "cosa real que lleva en sí el principio de su acción y que tiende por sí misma a su fin propio"; dicho más simple, y apelando a sus raíces griega y latina, es una actividad constante. Pero desde lo irónico, su acepción, más extendida en nuestra cultura, es la de "cosa irreal".
Por tanto, lo que el banco está planeando hacer con sus deudores es quizás admisible filosóficamente pero, en el fondo, algo alejado de la realidad.
Agonizando el gobierno de Batlle, y con inocultables objetivos electorales, se convocó a decenas de miles de morosos aquellos que podían probar su incapacidad de pago- para acordar quitas sustantivas que permitiesen la cancelación de sus deudas. Cuando Batlle tuvo claro que el vendaval de la izquierda era inevitable, este plan, que había ilusionado a muchos, languideció y murió por omisión; apenas alcanzaron a beneficiarse unos cientos de familias. El nuevo gobierno no retomó ese camino.
Debió hacerlo. Insisto: no se trata de todos los deudores sino de aquellos que habitan los complejos más humildes del Hipotecario, han pagado más de lo que valen sus viviendas y hoy son jefes o jefas de hogar con hijos a cargo e ingresos mínimos. A esa gente hay que salvarla, simplemente porque es justo. Pero y si estoy equivocado pido que me lo expliquen- con la política que el banco está diseñando no parece posible.
Piperno, Morodo y compañía -¿o quizás haya que dirigirse a Astori?-: tomen nota y rescaten de la entelequia a esas familias.
A propósito, recordé otra definición del maldito vocablo, que debería preocuparles. Es de Pierre Larousse y desborda ironía: "Un veneciano, hombre de posición y cultura, quiso averiguar el sentido de la palabra, y, como no podía interrogar a su inventor, Aristóteles, por haber muerto, recurrió al diablo, con resultado desconocido". *
Comentarios (beta!)