ANTONIO PIPPO
Es inútil. Vivimos en una sociedad tan globalizada, dinámica y cambiante que lo que se piensa hoy, con convicción, puede dejarse de pensar mañana. Claro, no es fácil. Poco a poco se diluyen las escasas certezas que quedaban.
El alcohol y sus efectos, por ejemplo. Ríos de tinta han surcado al país durante las últimas semanas, dando forma a una condena moral aparentemente inapelable: se consume mucho y daña demasiado, más aún que algunas drogas muy mediáticas. La comunidad nacional tiene en él a uno de sus más grandes disgregadores. En realidad, se ha dicho que es el enemigo público número uno del mundo entero, ese mundo hoy tan lleno de borrachos impresentables.
Y sin embargo...
Parece que Lula se había tomado unas cuantas copitas mientras dos periodistas le entrevistaban para un libro sobre su vida. Y fue en medio de cierta alegre excitación que el barbado presidente brasileño aludió, con la misma elegancia que un chimpancé elige copas de cristal en Bazar Mitre, a ciertos colegas muy conocidos.
Del ex presidente uruguayo Jorge Batlle dijo, si la información difundida ha sido veraz, que "es un cachorro de los norteamericanos" y no debería ser considerado uruguayo porque fue "criado" en Estados Unidos.
Acerca del presidente argentino Kirchner fue, si es posible, más preciso, directo y hasta significativo: "Hay momentos, mis queridos, que tengo ganas de mandarlo a la puta que lo parió".
No entiendo el escándalo que se armó por tan específicas calificaciones. En fin, podría aceptar que el lenguaje de Lula alejó lo diplomático e incluso ignoró lo caballeresco, pero en cuanto a lo demás, al fondo, a la mismidad de la cuestión, a la justicia de la distribución de epítetos, ¿quién no está de acuerdo? ¡Por favor! Al fin se iluminó el metalúrgico.
Mi única frustración es que, tal vez por no haberse tomado otra, se olvidó de Bush. ¿Qué le habría dicho? ¿Contrahecho mental? ¿Pequeño fascista analfabeto? ¿Acaso mejillón de inodoro?
¡Qué va a hacer mal el alcohol! *
Comentarios (beta!)