HEIDY GONZALEZ CABRERA
Increíblemente, el progreso conspiró contra el ser humano, porque el aumento del confort trajo aparejada la disminución de la actividad física. Y el sedentarismo contribuye al almacenamiento de grasa. Cualquiera está expuesto a esos riesgos; niños, adultos y las personas de la tercera edad, donde las consecuencias son mucho más graves. Vale aclarar que se considera obesidad al sobrepeso de un 20% del peso ideal. Por supuesto, este exceso se calcula según la edad, sexo, estatura y contextura ósea.
Hay conceptos erróneos en las formas de alimentarse. Muchos consideran que comer bien es sinónimo de buena nutrición. Para otros, comer lo que más guste. Y para algunos, lamentablemente, significa darse un atracón.
La ingestión de alimentos tiene la finalidad de aportar al organismo sustancias imprescindibles y, a la vez, reponer otras en estado deficitario.
Este siglo exige a la mujer un estereotipo delgado. La vida moderna, la moda, la competencia profesional, entre otras, son razones que establecen compromisos y obligan a un cambio de vida. Entran en juego las dietas para lograr acercarse al patrón de belleza deseado. Pero existe el inconveniente de que no todas cumplen el tiempo necesario para alcanzar el objetivo. O bien se abandona la dieta, o no se mantiene con el debido rigor, principalmente por estrés generado por problemas laborales o familiares.
Es un verdadero error decidirse a bajar de peso para lucir una imagen similar a los modelos de las revistas o de la televisión. Hay que evitar la obesidad porque es importante para la vida.
Otro aspecto a tomar en cuenta es la aceptación de la imagen cuando se ajusta al cambio natural del cuerpo por la edad. A los 40 años no se puede pretender tener el mismo peso que se tenia a los 20. Debemos admitir la transformación de la figura, y evaluar las posibilidades de belleza de una mujer añosa.
Mejorar los hábitos alimentarios no tiene que convertirse en un castigo, sino en una perspectiva halagadora para conseguir algo mejor. Además, los resultados positivos de la dieta brindan compensaciones psíquicas y físicas que incentivan a mantener la línea alcanzada. No aspiremos a soluciones mágicas, sino a comer en forma inteligente, equilibrada y balanceada. Para adelgazar lo mejor es comer de todo, aportando los nutrientes que el organismo requiere. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un régimen alimentario y actividad física, para resolver el creciente número de personas que mueren anualmente por enfermedades crónicas, entre ellas las cardiovasculares, cáncer, diabetes y obesidad.
Especialistas de la OMS orientan limitar los alimentos energéticos y grasas saturadas, disminuir azúcar y sal, y aumentar el consumo de frutas y hortalizas. Pero, para una alimentacion inteligente, debemos conocer que los nutrientes se dividen en Energéticos (grasas o lípidos, proteínas o aminoácidos, y carbohidratos o azúcares), y No Energéticos (vitaminas y minerales).
Ambos, necesarios para reparar órganos y tejidos, y lograr el equilibrio general del organismo, además de aportarle la energía imprescindible. Los hidratos de carbono o azúcares ocupan el 50% de los alimentos de una dieta. Producen energía, transformándola en azúcares y glucosa, y son fuente de vitaminas y minerales. Los más refinados, como dulces, chocolates, postres y en general alimentos elaborados, producen las llamadas calorías vacías, que no nutren y sí engordan. Los más nutritivos son los de origen vegetal: frutas, leguminosas, cereales, ricos en fibra, elemento clave para el buen funcionamiento del organismo.
Los carbohidratos se encuentran en: a) Frutas y verduras; fáciles de digerir y presentes en cualquier dieta para adelgazar. Proveen de gran cantidad de vitaminas y de minerales. b) Cereales y panes integrales. c) Pastas en general, consumidas con moderación si se está haciendo dieta.
Las proteínas regeneran los tejidos y deben ocupar entre un 10% y un 15% de los alimentos de la dieta. Sin ellas se afectan las funciones de renovación y de crecimiento.
Por ejemplo: la formación de materia genética, de membranas celulares
y de fibras de los tejidos de sostén. Regulan los líquidos del organismo, ayudan a la
coagulación de la sangre y equilibran la presión sanguínea.
Mucho se insiste en que es un error considerar que las proteínas sólo se encuentran en
las carnes rojas. Pueden ser de origen vegetal: soya, garbanzo, lentejas, papas, maíz,
arroz; o de origen animal: pescados, carnes, huevos, lácteos en general, aves y mariscos.
En cuanto a las grasas, deben ocupar entre un 30 y un 35% de los alimentos de la dieta. El
exceso, particularmente de origen animal, eleva el nivel del colesterol, obstruyendo las
arterias principales y produciendo infartos cardíacos, cerebrales o en otros lugares del
cuerpo. Si quisiéramos una medida aproximada, pensemos en el equivalente a la ingestión
de una cucharada diaria de grasa de origen vegetal, aceite de oliva o de girasol. Los
dietistas recomiendan las grasas crudas preferiblemente, ya que si las freímos, se
acumulan en las arterias y son más difíciles de eliminar.
Las vitaminas son sustancias necesarias para el organismo en cantidades muy pequeñas. Su carencia puede producir trastornos serios.
Los minerales en pocas dosis son indispensables para el organismo; en especial para el cerebro, los músculos, las células y el equilibrio de los líquidos.
Un peso apropiado no solo produce la figura deseada, sino que garantiza una buena calidad de vida. *
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