ANTONIO PIPPO
--Uno de los temas instalados en la sociedad uruguaya, incluso con algunas repercusiones políticas, es la investigación científica. En la opinión pública hay la impresión de que el país está atrasado. ¿Es así? ¿Podemos incorporarnos todavía al tren del conocimiento necesario para el desarrollo?
--Soy de la idea de que uno nunca pierde el tren completamente si está dispuesto a acelerar para abordarlo. Sin perjuicio de esto, Uruguay tiene tradicionalmente una inversión muy baja en ciencia y tecnología. Y cuando uno dice Uruguay, en nuestra cultura uno piensa en el Estado; y es verdad, aun el Estado invierte muy poco en esto. Pero tampoco hay la suficiente inversión del sector privado. Posiblemente el medio empresarial encuentra otras maneras de ser eficiente, quizás amparado en aranceles muy altos, quizás en otro tipo de excepciones. Pero, no obstante, esto es como el fútbol. Uno ve un panorama calamitoso en las canchas y sin embargo siguen saliendo jugadores que luego lucen por el mundo. La industria del software uruguayo, por ejemplo, exporta mucho y está dando grandes alegrías a sus empresarios. Y eso lo ha logrado con una inversión a nivel macro relativamente escasa. Yo, claro, tengo más que ver con las ciencias básicas, que creo es donde el sector público tiene que invertir. A veces hay políticas de la propia Universidad que la llevan a funcionar como una consultora barata. Eso es a largo plazo nocivo porque es la institución haciéndole la competencia, desleal en definitiva, a sus propios egresados. Pienso que, sin perjuicio de alentar el desarrollo tecnológico, es la inversión en ciencias básicas la que hay que desarrollar, porque allí se proyecta la sociedad toda. La ciencia básica es la cultura que nos va a dar el pan mañana. La tecnología nos da el pan hoy, busca un resultado inmediato. Yo estudio cosas como los grandes mamíferos que vivieron acá en el cuaternario. ¿A quién le saca el hambre eso? Podría decir, un poco cínicamente, que me saca el hambre a mí y me la saca muy bien, porque los lectores no lo advierten pero tengo un abdomen más bien prominente. Pero no, en serio, sirve, entre otras cosas, para cumplir el precepto del Oráculo de Delfos: "conócete a ti mismo". Aquello de pintar mi aldea para volverme universal. Conocer más nuestra tierra y por tanto amarla más, ya que sólo se ama lo que se conoce. Eso, aunque a primera vista no se advierta, produce desarrollo, por tanto, a la larga, riqueza para todos. Y también surgen de nuestras líneas de investigación otros aspectos interesantes, que después podrán aplicarse quién sabe a qué. Pongo un ejemplo clarito. Con quien hice mi doctorado, un viejo docente británico, el profesor Alexander, estudiaba cómo corrían los dinosaurios y fue contratado por Reebok, una de las más grandes empresas de calzado deportivo, para ayudar a sus diseños. ¿Por qué? Porque los principios que hay que aplicar nacen de aquella época prehistórica.
--Entonces hay aplicaciones rápidas...
--Sí, por ejemplo en la biotecnología o en la biología molecular es así. Es muy inmediato el resultado, porque es un área de gran crecimiento. En áreas como la mía la cosa es un poco más lenta, pero aun así... Vea, todo este gran debate que se ha instalado sobre el "cambio global" a mí me parece inútil intentar entenderlo sin una perspectiva de tiempo de larguísimo plazo. Algunos dicen: "ah, qué terrible, en cincuenta años aumentó la temperatura un disparate". Pero esta temperatura no es nada comparada con la que había al terminar la Era del Hielo: fue mucho mayor que ahora y el mundo siguió andando. Por más que estoy a favor del cuidado del ambiente, esas posturas apocalípticas son esencialmente anticientíficas. Este problema que estamos viviendo con las plantas de celulosa, me parece que se ha planteado de tal forma que nunca le vamos a encontrar solución. Están las pasiones exasperadas de por medio, sin que nadie ni ellos ni nosotros-- se beneficie de una discusión que diga: "Bueno, dentro de diez años la contaminación por tal o cual elemento va a ser cinco veces mayor, pero esto se compensa con tales controles y permite la creación de fuentes de trabajo"...
--...está siendo una polémica muy emocional...
--...siempre hay daño ambiental. Cualquier cosa que uno haga produce algún efecto en el ambiente, hasta lo más nimio. Lo que uno tiene que evaluar, en el largo plazo, es cuánto, por qué, cómo, cuál. Y eso no es lo que ha pasado. La investigación científica debiera plantear los temas de manera racional. Claro, la objetividad es un precepto metodológico, no una descripción de la realidad. Entre los científicos también hay de todo, como entre los zapateros o los hinchas de Peñarol.
--Ahora bien, volviendo al desarrollo de las ciencias básicas. ¿La obligación de invertir es esencialmente del Estado?
--La sociedad en su conjunto es la que tiene interés, se supone, en desarrollar la cultura. En este caso la cultura científica. No le podemos pedir al laboratorio tal o cual que ponga plata porque sí en la investigación de la ciencia básica, para que yo me divierta con mis gliptodontes.
--Pero actualmente, ¿se advierte algún esfuerzo de parte del Estado en esa dirección?
--Ha habido algunos. Por ejemplo, con la fundación del Pedeciba, en la década de 1980, se plantearon las cosas de otra manera, con posgrados que no existían, con apoyo a la investigación profesional. Luego, la creación del Fondo Nacional de Investigadores fue otro aporte. Lamentablemente y aprovecho para hacer una justa reclamación gremial-- nos van a pagar ahora el presupuesto de 2003 ó 2004. Estamos atrasadísimos...
--¿Y eso de quién depende?
--Está en el presupuesto nacional y los fondos están asignados al Ministerio de Educación y Cultura. No depende de la Universidad, lo cual, por otro lado, es una ventaja. La Universidad tiene una vocación, por su propio tamaño, monopolizadora. A veces es negativo...
--...precisamente sobre eso, hay algo que me parece importante preguntarle. ¿Hay una suficiente coordinación entre los distintos organismos destinados al desarrollo de las ciencias y la investigación? Por ejemplo, la Universidad, el Clemente Estable, ahora el Instituto Pasteur, y otros, ¿están debidamente coordinados?
--Algo se hace. A esos organismos habría que agregar el LATU, el INIA y otros que hacen investigación. ¿Y por qué no las universidades privadas? Porque eso va a pasar. Si quieren ser realmente universidades deberán incluir creación de conocimiento científico. De lo contrario van a terminar siendo liceos de tercer nivel. Como biólogo valoro ese aporte, si se concreta. Me encantaría que a Uruguay viniera a instalarse una filial de la Universidad de Cambridge o de Harvard. Por ejemplo, lo del Instituto Pasteur es extraordinario. Y volviendo a la coordinación, quizás el Estado debiera reclamarle más a la Universidad, en el sentido de que abandone el monopolio, que en gran medida lo tiene porque la mayoría de las personas que trabajan en investigación científica está en ella. Lo que digo es que el Estado debiera permitir que nosotros mismos tuviésemos una referencia externa y no que todo se maneje en el ambiente propio, cerrado de la Universidad. Y permítame decirle otra cosa: resulta que son los que no saben de esto, los ciudadanos simples y corrientes, los que pagan nuestra investigación. Y yo siento que tenemos un deber, que estamos cumpliendo en muy baja escala en la Universidad, de hacer divulgación científica de primera calidad.
--Ah, eso es relevante. Así que no estamos haciendo suficiente divulgación científica...
--Yo creo que nos acordamos de Juan Pueblo cuando pedimos su solidaridad para reclamar un puntito más de presupuesto...
--...porque si se hiciera más divulgación es probable que hubiese en la sociedad mayor interés por la ciencia...
--¡...pero por supuesto...!
--Y eso tiene que ver con otra cosa que quería preguntarle: la elección que hacen los jóvenes al llegar a la Universidad. Si se hiciera mayor divulgación de las ciencias básicas, alguna repercusión eso debería tener en qué carrera eligen los muchachos...
--La matrícula de la Facultad de Ciencias es de unos mil alumnos por año, por cierto inferior a las carreras clásicas, Medicina, Derecho, Ciencias Económicas. La deserción es importante, pero pasa en toda la Universidad por múltiples causas. Entre otras, porque los muchachos a veces se anotan "a ver qué pasa" y no se les reclama el deber que incumplen, si abandonan, con el Juan Pueblo que paga los impuestos que le permiten estudiar gratis. Rodrigo Arocena dijo una cosa interesante hace poco: son estas profesiones jóvenes, nuevas, como las vinculadas a las ciencias básicas y la investigación, las que pueden ayudar a que la gente empiece a desempeñar roles sociales y laborales también nuevos. Fíjese que en este mundo todos los días nos despertamos siendo migrantes; todos los días somos extranjeros, porque Internet nos vincula a cualquier parte del mundo en el lomo del ratón. Por eso es relevante que los jóvenes se vuelvan biólogos, físicos, astrónomos y no sólo abogados, contadores o médicos, porque aquellas profesiones "raras" son las que van a abrir las puertas que hoy vemos cerradas y otras que ni sabemos que existen. ¡Vaya que es fundamental la divulgación científica!
--Hablemos de los museos. ¿Su actividad está unida a la divulgación y a la investigación científica?
--Los museos son el lugar central donde normalmente se hace la divulgación científica: en zoología, en botánica, en paleontología, en historia y en otras disciplinas. Así es que se puede atraer a la gente, porque es ahí donde están las cosas. La divulgación se hace sola. Pero, por desgracia, no es la regla en Uruguay. No es que haya pocos museos, sino que no cumplen esta importantísima función y no es una crítica a quienes los dirigen. Faltan algunas decisiones para que los museos funcionen como el centro de irradiación cultural del lugar donde están instalados. Carecen de la figura del "director técnico", a menos que a los directores actuales se les ocurra ocupar esa función, que podrían hacerla pero, qué sé yo, no se les ocurre o no tienen todas las posibilidades. Digo "director técnico", para que quede claro, en términos, por ejemplo, de una farmacia. La Ley del Patrimonio les exige muchas cosas a los museos, pero no facilita con la financiación correspondiente-- la creación de esa figura: la persona entendida que se vincula con la Universidad, con nosotros, organiza las exposiciones, coordina toda la divulgación, etcétera.
--Ya que seguimos hablando de divulgación. ¿Qué está pasando con esto en las escuelas y los liceos?
--A mí me parece que la situación de la enseñanza general es desastrosa. Todavía vivimos presos y que se indigne quien se quiera indignar, porque lo repetiré donde haga falta-- de una concepción enciclopédica, que ve a los estudiantes como un balde que hay que llenar y no como un fuego que hay que avivar. Nunca se hace énfasis en el espíritu crítico. El estudiante debería enamorarse del conocimiento, por la forma en que el docente se lo hace vivir. Mientras esto no cambie, de lo otro ni hablemos. Hay que entender que el primer paso tiene que ser la motivación. Si no motivamos a los chiquilines estamos fritos. Nosotros preparamos a docentes de escuelas y liceos y cuando están acá parecen revivir; pero después, cuando regresan al aula, vuelven al esquema conocido, a la burocracia, al aburrimiento.
--Hay una versión acerca de un hallazgo realizado en Sauce, Canelones. Quiero que usted me lo confirme, me diga cuán importante es y por qué no ha tenido la debida trascendencia pública.
--Ocurrió en 1997, en Sauce, como usted dice. Un chacarero de la zona encontró en la cañada que usaba para regadío, luego de una seca muy intensa, unos huesos que le llamaron la atención. Fueron rescatados por chiquilines del liceo de la zona y su profesora de Ciencias, y nos llamaron a estudiar el material. Incluso di allí varias charlas y llevé a visitar el lugar a investigadores extranjeros. Es un hallazgo muy importante. Un esqueleto casi completo de un animal extinguido, un perezoso gigante, de varias toneladas, al que se llama "Lestodon". Se presentó un proyecto de excavación, yo intervine en la redacción original y en la resolución excluyeron mi nombre. Bueno, entonces, un poco irritado, dejé de lado todo. Luego, porque no hubo excavación alguna, retomé los estudios, consulté a colegas del exterior y mandé datar, o sea establecer la fecha, a uno de esos huesos que estaban en mi poder y que tenía marcas humanas. El hueso pertenecía a una clavícula y es fácil imaginar que el hombre que lo marcó quería cortar para llevarse lo que vulgarmente llamamos "paleta". Mientras me llegaba la información volví a pedir autorización para excavar y me fue negada, a pesar de que una de las personas que tomó esa resolución ni siquiera es arqueólogo y tampoco había otros que hicieran esas excavaciones, que son imprescindibles. Pero la sorpresa fue cuando llegó la fecha: hasta ahora, la antigüedad humana en América datos reconocidos científicamente-- anda entre los 12.000 y 13.000 años; pero este hueso dio una antigüedad del orden de los 28.000 o 29.000 años. O sea, más que se duplica la prehistoria no de Uruguay, no de Sudamérica, sino de América toda. Esto nos llevó a hacer un tercer pedido a la Comisión de Patrimonio para que, visto que ya pasaron casi diez años del hallazgo y todavía estamos en estas condiciones frente a un descubrimiento formidable, ahora sí nos autorice a excavar. Y no sólo se trata de excavar. Ahí habría que instalar un museo y encarar una divulgación lo más rigurosa y extensiva posible. Estoy esperando la respuesta, que confío sea afirmativa. La trascendencia científica de esto, y su importancia para el desarrollo del conocimiento, es incalculable.
--Pero es algo que puede tener una repercusión mundial impresionante...
--...sí, sí, impresionante. Además hay una responsabilidad en esa decisión que me parece que es inexcusable. Como estoy involucrado, bueno, me toca a mí seguir insistiendo y protestando, porque el perjuicio, si uno presta atención debida a los datos que ahora tenemos, es para toda la humanidad. *
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