La Teja tiene por qué festejar. El barrio fue motivo de homenaje en varias letras de retiradas de murgas, que marcaron la historia misma de nuestra máxima fiesta: el carnaval. Su gente -siempre fiel y atenta- festeja cada vez que la Reina de La Teja se baja del escenario saludando a su pueblo. El orgullo de los pobladores del barrio, seguidores de "la Reina", se suma a los históricos Diablos Verdes: baluartes del carnaval uruguayo. A veces los fieles vecinos de La Teja se olvidan de las divisiones carnavaleras, y la unión con el Pantanoso se concreta para hinchar por el Progreso de primera división. Como en ningún otro barrio, su gente es siempre apegada a su entorno, a su historia y a sus vivencias. Gustavo vive allí desde hace 14 años. El, como tantos otros vecinos, muestran su orgullo por tener en el corazón de su zona, a la empresa que desde hace 75 años es orgullo de todo un país. La refinería "es símbolo del trabajo de la gente de la zona", afirmó Gustavo. Raúl Sendic -vicepresidente de Ancap-, dijo a LA REPUBLICA que "este festejo también es retribución al pueblo de La Teja, por su apoyo, y trabajo". El "orgullo de ser de La Teja", es incomprensible para los ajenos. Ese "orgullo" se refuerza cuando se menciona el símbolo indiscutido del barrio: la chimenea de la refinería, que como un faro guiando estrellas ilumina con su fuego a todo pueblo.
Ancap surgió hace 75 años, siendo la primera empresa industrial del Estado. El 15 de octubre de 1931 la historia del país incluía un bastión importante en los cambios y en la modernidad que se venía gestando desde principios del siglo XX. En el Parlamento, la Asamblea General, determinó ese día la creación de Ancap, "con el cometido de explotar y administrar el monopolio del alcohol y carburante nacional y de importar, rectificar y vender petróleo y sus derivados y de fabricar portland", tal como decía el artículo primero de aquella ley de creación. El Uruguay -como el resto del planeta- se recuperaba del temblor generado por la caída de la bolsa, que derivó en la crisis económica de 1929 en New York. Se revalorizaba por ese entonces la importancia de los combustibles para la economía de los países. Aquella vieja idea de crear un ente energético, que tenía don José Batlle y Ordóñez, por fin se hizo realidad. El líder colorado no llegó a ver el nacimiento de Ancap, ya que falleció dos años antes de ser creada. De esa forma, La Teja comenzó a ser testigo de aquel hecho histórico para el país, cuando en el año 1937 comenzó a funcionar la refinería de Ancap hasta nuestros días. El 75 aniversario del ente significó diversas actividades durante este año. La empresa organizó seminarios, conferencias, y diversos eventos deportivos para sus funcionarios. También se editó un libro, escrito por un equipo de historiadores encabezado por Benjamín Nahum, narrando la historia de la empresa.
La fiesta se vivió a pleno. La lluvia amenazaba desde temprano y alrededor de las 17 horas las primeras gotas rebotaron sobre las lonjas de la comparsa "Zumbaé", que se acercó lentamente desde la Plaza 25 de Mayo, para terminar a todo candombe en la plaza Lafone. La tarde caía, y La Teja vibraba. La Reina del barrio, "la más hermosa", tal como dijo algún loco enamorado de su zona, se rompió la garganta cantándole a su gente que se mojaba en la lluvia, y se empapaba de alegría. Una a una las voces se sumaban, desde el escenario hasta la multitud. Los Diablos Verdes llenaron de color al barrio, mientras algunos pocos valientes resistían la mojadura. Hoy los festejos culminarán con la actuación, cancelada ayer por la lluvia, de Jaime Ross, con entrada gratuita, desde las 19.00 horas. Así La Teja unió a todo el pueblo uruguayo, que alegre recordó los 75 años de la empresa que mueve a todo un país. *
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