RUBEN BORRAZAS
La primera empresa aérea que, según los historiadores, tuvo nuestro país, fue la fundada por el aviador Blas Cortez, en el año 1928 y la idea era que cumpliera funciones en traslados postales y de carga y eventualmente con la inclusión de algún pasajero. Esta empresa medianamente organizada, tuvo una existencia efímera, ya que el espíritu aventurero de su propietario lo llevó, un año después, a viajar al Paraguay y ponerse al servicio de ese país en su diferendo con la República de Bolivia.
El mundo de la aviación civil era muy reducido y casi inexistente en la década del veinte y todo se encontraba localizado en el Aeródromo de Melilla, lugar distante, en aquellos años, para la apacible y bucólica ciudad de Montevideo.
Fue en los años treinta, cuando se afianzó el transporte de pasajeros, por vía aérea, a nivel mundial, pero desde mediados de la década anterior, habían nacido varias compañías que tendrían vital importancia en el desarrollo del mismo. La Pan American World había nacido en 1928 y otras empresas no se quedaron atrás como la alemana Lufthansa. Mientras, que desde enero de 1925, los franceses habían desarrollado el transporte aéreo de correspondencia, entre Europa y el Río de la Plata, con "Aeropostale", predecesora de "Air France", uno de cuyos pilotos era Antoine de Saint Exupèry, el autor de ese clásico de la literatura "El Principito".
En los años treinta, viajar dentro del país y hacia el exterior en vuelos regulares, se tornó en una realidad y Pluna se convertiría en la pionera.
El marco de la aviación civil, en nuestro país, era muy reducido, casi inexistente. Todo se hallaba localizado en el llamado Aeródromo de Melilla, lugar distante para la mayoría de los montevideanos que vivían en una ciudad apacible y bucólica.
Recién en 1935, un joven aviador, Alberto Márquez Vaeza, que aún no había llegado a los treinta años, comienza a manejar la idea de crear una línea aérea para el transporte de pasajeros, correspondencia y carga.
Márques Vaeza había obtenido su brevet de piloto, dos años antes, el Nº 46, en el denominado Centro Nacional de Aviación, actualmente el Aéreo Club del Uruguay.
Cuando Alberto Márquez Vaeza, intenta llevar adelante su idea de la empresa aérea, convence a su hermano Jorge de que lo acompañe en el proyecto. Ambos eran propietarios de un negocio, en la Ciudad Vieja, que giraba en rubro de importaciones.
Ambos, de común acuerdo, liquidan la casa importadora y con ese dinero comienzan la búsqueda de dos aviones para dar inicio a la novel empresa. Corría, mediados del año 1935.
En su libro; "La historia de la aviación comercial en el Uruguay", su autor Juan Maruri señala: "Con el apoyo del ministro Británico Eugen Millington Drake, quien consiguió un crédito en un banco de su país por 14 mil pesos oro uruguayos, que se sumaron a los que sacaron los Márquez Vaeza de la liquidación de la casa importadora, logró reunir los 47 mil pesos necesarios para adquirir en Inglaterra los aviones seleccionados, dos biplanos bimotores De Havilland D H 90 para dos pilotos y tres o cuatro pasajeros con los cuales iniciar la línea aérea"
En el mismo libro, el autor manifiesta, que se donaron, por parte de la esposa de Millington Drake, tres becas de estudio para preparar un piloto, un especialista en mantenimiento y para que Márquez Vaeza adquiriera conocimientos, en lo referente a la gestión empresarial de una empresa aérea.
Sobre fines de setiembre de 1935, los hermanos Márquez Vaeza iniciaron los trámites en la flamante Dirección Nacional de Aeronáutica Civil para la autorización de dos líneas aéreas, con fines comerciales.
Recién en febrero de 1936, por resolución del Poder Ejecutivo, se autoriza dicha explotación para cubrir ambas líneas desde Montevideo a Salto y Montevideo a Rivera. Junto a esta resolución, se aprueban los estatutos en carácter provisorio de la empresa que girará bajo el nombre de Primeras Líneas Uruguayas de Navegación Aérea (Pluna).
Los dos aviones, comprados por los hermanos Márquez Vaeza llegaron en voluminosos cajones al puerto de Montevideo el 28 de octubre de 1936, y de allí fueron trasladados en ferrocarril hasta el aeródromo Boiso Lanza.
En menos de quince días, ambos aviones, estuvieron listos para volar. Fueron armados bajo la supervisión del ingeniero David Little, que había trabajado en la fábrica de aviones Havilland.
Según consigna, la prensa de la época, el bautismo de las dos máquinas se realizó en el aeródromo de Melilla, por monseñor Aragone, con madrinas incluidas, siendo bautizadas las máquinas con los nombres de "Churrinche" y "San Alberto". Hubo una parte oratoria. Posteriormente se realizaron varios vuelos sobre la ciudad de Montevideo, llevando a varios de los invitados al acto, entre los que se encontraba el ministro de Defensa, el militar y arquitecto Alfredo Baldomir.
En la mañana del 20 de noviembre de 1936, comienza el primer vuelo regular de la flamante línea aérea, el "San Alberto" parte a las 8 de la mañana con destino a Salto, desde el aeródromo de Melilla al mando de los pilotos Walter Noack y Emilio Nudelman. Llevaban como pasajero pago, a el teniente Artigas López, y de invitado a Juan Despósito, funcionario de la Dirección de Correos, junto con correspondencia y ejemplares del diario "El País". Regresaría a Montevideo en horas de la tarde, con tres pasajeros y correspondencia, aterrizando con el ocaso del día.
Tres días después, se hace el segundo vuelo regular a Salto, con "Churrinche", comandado por Walter Noack y llevando de copiloto a un español de nombre Cándido Fernández. En ningún lado se pudo consignar el tiempo de vuelo en que se realizaban estos trayectos.
El día 24 de noviembre se hace el primer vuelo a Rivera con una escala, en una improvisada pista, en el departamento de Tacuarembó. Un mes después se hace un vuelo inaugural a la ciudad de Paysandú.
Las primeras oficinas de Pluna se encontraban en la avenida Agraciada a la altura de Colonia y los pasajeros eran llevados y traídos desde el aeródromo de Melilla, en el auto propiedad de los hermanos Márquez Vaeza. Así se echó a volar Pluna.
El 12 de noviembre de 1951 por medio de la Ley Nº 11.740, Pluna, pasa a la órbita estatal y se convierte en ente autónomo. Pero esto, es otra historia. *
Comentarios (beta!)