ANTONIO PIPPO
El psiquiatra, llegado desde Oxford, ha elegido a un piquetero adulto de Gualeguaychú, y ahí lo tiene en el diván, para comprobar una teoría que hoy inquieta a la comunidad psicoanalítica internacional. Ha descartado a Evangelina -que anda bailando por un sueño con un uruguayo- porque la vio desesperada por mostrar sus virtudes cárnicas y eso inhibiría toda concentración intelectual.
Psiquiatra: -¿Le parece bien si comenzamos por...?
Piquetero: -¡...No!
Psiquiatra: -En realidad, yo sólo quería...
Piquetero: -¡...No!
Psiquiatra: -Dígame por lo menos su nombre...
Piquetero: -¡...No!
Psiquiatra: -¿Pero usted vive en...?
Piquetero: -¡...No!
Psiquiatra: -Una última consulta...
Piquetero: -¡...No!
Informe final del psiquiatra: "He confirmado nuestra espantosa teoría. Aquí, en el Sur, ha sido creado un monstruo colectivo, monosilábico y negador, que no registra antecedentes comprobables. Las opciones que ofrece el psicoanálisis quedan excluidas y no se advierte, para cualquier intento científicamente plausible, otro recurso que el éxodo y el aislamiento. Es decir, apresar al monstruo, alinearlo en la ruta, hacerle cruzar el puente, luego todo el Uruguay y, finalmente, establecerlo, con fines experimentales, en algún sitio del Brasil, si es posible amazónico profundo. La falta de población que afectará a Entre Ríos podría compensarse con mapuches desconformes que le sobran a Chile y que tienen, al menos, un dialecto y una cultura comprensibles".
De todo esto me ha enterado una confidencia. El psiquiatra, cuyo nombre mantengo en reserva por razones obvias, no alude en su informe a quienes han creado ese monstruo feo y tonto. Quizás haya querido evitar el riesgo de una crisis diplomática.
Ni falta que hacía su prudencia. La crisis ya existe y acá todos conocen a los padres de la criatura: un presidente que nunca se sabe a quién está mirando, un gobernador cínico que balbucea estupideces y una sublime loca de la guerra que debió ser folclorista y agarró un cargo público. *
Comentarios (beta!)