RICARDO ALMADA - MALDONADO
El balneario de Piriápolis dejó atrás un verano particularmente diferente a otros, no sólo por los diversos vaivenes de todos los sectores vinculados a la industria turística, sino por otros hechos que lo tuvieron en el candelero, como nunca antes.
En lo estrictamente turístico, este balneario del departamento de Maldonado ha sido el más afectado por el cierre de fronteras dispuesto por los piqueteros argentinos en los tres puentes que unen los dos países. Históricamente, Piriápolis recibió un turismo argentino de clase media trabajadora, proveniente de las provincias más cercanas, básicamente de Córdoba. Este flujo, sumado a coyunturas económicas favorables a nuestro país, garantizaba muy buenas temporadas, que se extendían exitosamente más allá del 31 de enero de cada año.
Desde hace dos veranos, esa franja de turistas que llegaba vía terrestre, en sus propios automóviles, se redujo sensiblemente, lo que inspiró a la nueva generación de operadores locales a salir a conquistar nuevos mercados en la región. Sin embargo, las tareas promocionales no dan resultados inmediatos. Por ejemplo, aunque el año pasado se realizaron campañas intensas en gran parte del estado brasileño de Rio Grande do Sul, la llegada de visitantes desde esa zona no puede considerarse aún como demasiado importante. No obstante, los operadores consideran que podría significar la apertura de nuevas vías para penetrar en un medio económicamente potente.
De cualquier manera, gracias al creciente turismo interno y a la presencia de algunos europeos y latinoamericanos, enero registró, globalmente, muy buenos niveles de ocupación en la hotelería y en el sector inmobiliario, lo que repercutió positivamente en distintas áreas, fundamentalmente en la gastronómica. Varios dirigentes turísticos coincidieron en que, de no haber sido por los problemas con Argentina, el primer mes del año podría haber registrado niveles de ocupación impensados.
Sin embargo, el desplome de febrero fue notorio. A fines de enero se anticipó que las consultas superaban ampliamente a las reservas. El sector inmobiliario, por ejemplo, debió fraccionar su oferta para captar visitantes, los que de cualquier manera en ningún momento llegaron a ocupar el 50% de la oferta. A excepción de los fines de semana, la hotelería nunca estuvo al máximo de su capacidad, y ni siquiera la Semana de Carnaval determinó un movimiento similar al de enero.
Otro hecho considerado adverso para el balneario, según altos dirigentes de distintos sectores, fue la desaparición de la joven montevideana Natalia Martínez Bengoa, ocurrida en las puertas de uno de los pocos centros nocturnos de la ciudad, ubicado sobre la rambla de Punta Fría, muy cerca del puerto. Para muchos operadores, la amplia e intensa exposición del doloroso caso fue nociva, ya que llevó a que muchas familias se plantearan si era adecuado o no ir a descansar a Piriápolis, donde se había producido un hecho de tales características.
En la ciudad se escucharon quejas en relación a que los grandes medios de comunicación, principalmente los televisivos, trasladaron costosas unidades satelitales para salir en directo desde Piriápolis a distintas horas del día durante casi dos semanas, cuando nunca antes se había visto una movilización periodística tan relevante en eventos de importancia realizados en el balneario.
El caso Natalia es aún un lastre difícil de eludir para un balneario relativamente pequeño, caracterizado desde siempre por ofrecer paz, tranquilidad y playas espléndidas, a muy corta distancia de Punta del Este e incluso de Montevideo. La difusión del caso Natalia produjo un efecto exactamente opuesto a las de las promociones en el exterior, sostienen algunos operadores de Piriápolis
Varios eventos, fundamentalmente el lanzamiento de la paella gigante en la ciudad brasileña de Pelotas, fueron importantes. Sin embargo, Piriápolis volvió a ofrecer pocas alternativas para los turistas que evaluaban, en su momento, dónde pasar sus vacaciones.
En esa agenda puede rescatarse la paella gigante que concitó una gran atención y congregó a miles de personas en el entorno del Pabellón de las Rosas. También fueron destacables la edición de la antiquísima Corrida Doble San Antonio -la competencia atlética más antigua de Uruguay-, algunas regatas internacionales, la Semana de la Cerveza (con plaza de comidas, feria y juegos infantiles), el desfile de modas de la revista Para Ti, las celebraciones de Iemanjá, la reciente elección de Miss San Fernando y varios recitales al aire libre, sobre la costa. Sin ánimo de crítica, no parece suficiente.
El Pabellón de las Rosas, edificio histórico por el que la comunidad luchó durante décadas ahora adecuadamente refaccionado a pesar de que falten algunos detalles no fue el centro de los grandes eventos, como se pensaba años atrás. En Piriápolis nadie entiende por qué ese edificio no pudo contar con un calendario nutrido de recitales, obras teatrales y otro tipo de espectáculos. Algunos arriesgan que la oferta no fue tentadora para ningún promotor privado; otros, que no hubo capacidad a nivel local.
El turismo místico, exitoso en el mundo y en Piriápolis durante el pasado invierno, pasó desapercibido para las grandes masas.
Increíblemente, otro atractivo identificatorio de Piriápolis, la aerosilla que une la zona portuaria con la cumbre del cerro San Antonio, sólo pudo ponerse en funcionamiento hace 15 días. El proceso licitatorio que llevó a cabo la Intendencia de Maldonado demoró excesivamente. Cuando el nuevo concesionario tomó las riendas de las instalaciones, debió trabajar intensamente durante más de dos semanas para acondicionar los equipos, que se habilitaron al público recién hace dos semanas. La aerosilla de Piriápolis, vale recordarlo, es la única en su tipo existente en nuestro país.
Asimismo, durante el año pasado se había hablado insistentemente sobre el proyecto de construcción de un centro de informes capaz de dotar al balneario de un lugar adecuado para albergar videoconferencias y eventos similares. El centro se proyectaba instalar en un edificio ocioso, que hasta hace algunos años albergaba una sala de slots de la Dirección de Casinos del Estado. Está ubicado en medio de dos edificios históricos de la ciudad: la Colonia de Vacaciones Emilio Oribe, que anteriormente fue el primer hotel de la ciudad, construido por Piria, y el Paseo de la Pasiva, transformado en una gran feria artesanal.
Por las razones que fuesen, el centro nunca fue habilitado. Más aún, al comenzar la temporada no se había logrado dotar de buenos servicios de información y asistencia al turista en ningún rincón del balneario, a pesar de los esfuerzos de las autoridades de la Asociación de Fomento y Turismo. *
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