Miércoles, 11 de julio, 2007 - AÑO 11 - Nro.2606
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Política cambiaria

ALBERTO COURIEL (*)


Las decisiones de política cambiaria en Uruguay tienen una enorme influencia en las características de las políticas económicas de corto plazo y han sido objeto de controversias en los últimos 50 años. El tipo de cambio, o la relación entre el peso uruguayo y el dólar, es un precio más de la economía. Pero es un precio muy relevante porque influye sobre las exportaciones, las importaciones, los movimientos de capitales, la inflación interna y la propia distribución del ingreso. Por ello es imprescindible la regulación de dicho precio por parte del Estado.

En nuestra concepción las políticas económicas de corto plazo deben tener como objetivos simultáneos la estabilización de precios, el crecimiento, el empleo y la distribución del ingreso, sin perjuicio de privilegiar algunos de estos objetivos en función de cada situación específica. La política cambiaria podría usarse para la estabilización de precios, por tiempos limitados, si la inflación alcanzase valores de tres o cuatro dígitos. De ninguna manera puede justificarse el uso de la política cambiaria para este objetivo si la inflación se ubica en niveles de un dígito como ocurre actualmente en nuestro país. La estabilización de precios debe atenderse en función de sus causas específicas. Una mayor contracción monetaria puede volver a generar una caída en el tipo de cambio nominal como ya ocurrió en el segundo semestre del año 2004. La distribución del ingreso puede verse afectada por la política cambiaria, pero debe atenderse con el crecimiento, las políticas de empleo, de salarios y el gasto social. En consecuencia la política cambiaria debe utilizarse para darle competitividad a las exportaciones y protección a la producción doméstica para enfrentar importaciones eventualmente baratas.

La competitividad es de carácter sistémico. Depende básicamente de la capacidad de incorporar progreso técnico y por lo tanto de la investigación científica que ayude a la adaptación y creación tecnológica y a las innovaciones. Este es el factor estructural de la competitividad, pero en la coyuntura juegan los precios internacionales y el tipo de cambio. No es casual que el gobierno de Estados Unidos solicite permanentemente al gobierno de China la apreciación de su moneda para revertir el elevado saldo favorable de China en el comercio exterior. En esencia la competitividad requiere un tipo de cambio relativamente elevado que debe alcanzarse en forma gradual. Las altas y bruscas devaluaciones, como la de los años 1959, 1967, 1972, 1982 y 2002 tuvieron consecuencias negativas en los planos económicos, financieros y sociales. Por ello la intervención del Estado para mejorar el tipo de cambio real actual debería ser de forma gradual.

En los últimos tiempos, en el campo internacional, el dólar se viene devaluando. Ello favorece la competitividad con respecto a otras monedas, por ejemplo el euro. Además, facilita aumentos relevantes de precios en dólares de algunos de nuestros productos de exportación. En el plano regional tenemos muy buena competitividad con respecto a Brasil donde el tipo de cambio nominal sigue descendiendo y afectando sus niveles de competitividad. En cambio, en la medida que Argentina ha regulado para mantener un tipo de cambio relativamente alto, hemos perdido competitividad con dicho país lo que limita nuestras exportaciones, favorece el contrabando desde Argentina y afecta nuestros servicios de turismo.

A los efectos de evaluar el tipo de cambio con respecto al dólar debe considerarse un año base significativo de acuerdo a los objetivos que se plantean con la política cambiaria. El Ministerio de Economía y Finanzas durante su presentación de la Rendición de Cuentas usó como base el período 1977-2004. No es una base aceptable en la medida que en 17 de los 27 años considerados se configuraron fuertes atrasos cambiarios. Cuando criticamos el atraso cambiario de toda la década del noventa lo hacíamos tomando como año base el de 1990. El tipo de cambio real a junio de 2007 se encuentra alrededor de 40% por debajo del de 1990. La capacidad de competencia, que tiene en cuenta la inflación de EEUU y Uruguay, se ubica actualmente en un 13% por debajo de la prevaleciente en 1990. Con respecto al dólar no estamos en los altos niveles de atraso cambiario de la década del noventa, pero sin duda hace falta una corrección al alza.

Si dejamos de lado el año 2002 (donde hubo una brusca devaluación) entre enero de 2003 y junio de 2004 el tipo de cambio se mantuvo relativamente estable entre 28 y 29 pesos por dólar. Las caídas posteriores del tipo de cambio nominal desorientaron a los agentes económicos, en especial a los exportadores, que realizaron sus cálculos económicos sin tener en cuenta estas significativas variaciones a la baja.

A nuestro entender, el nuevo gobierno utilizó la política cambiaria para reducir la relación de la deuda en moneda extranjera sobre el producto, de 100% a 60%, bajando el tipo de cambio y con ello inflando el PBI en dólares. Con el tipo de cambio más bajo se facilitaba el logro de las metas fiscales bajando el gasto en moneda nacional de los intereses a pagar por los servicios de la deuda. Un tipo de cambio bajo también contribuye al control de la inflación. A nuestro entender, lo más grave de la política cambiaria es la caída del tipo de cambio de .70 en el año 2004 a .47 en 2005. En efecto, se proyectó una inflación en dólares para los cinco años de gobierno de 48%, y en el 2005 ya habíamos alcanzado el 22%. En 2006 vuelve a darse una caída más leve del tipo de cambio nominal y se proyectan, para los siguientes años, incrementos del tipo de cambio nominal por debajo de la inflación interna. Las proyecciones marcan los criterios de intervención del Estado y no derivan del libre juego del mercado. Es decir, caída del tipo de cambio real en los cinco años de gobierno del Frente Amplio. A mitad del año 2007 la inflación en dólares ya superó el 40% con respecto al año 2004. El actual valor del dólar afecta a las exportaciones, sobre todo aquellas que tienen más valor agregado y más contenido tecnológico que son las que más se deben estimular. A modo de ejemplo, el descenso del tipo de cambio obliga a los exportadores de lana a colocar en el exterior más lana sucia, con menos valor agregado y por lo tanto menos lana lavada, tops e hilados que generan más empleos. En la medida que los precios internacionales de muchos productos de exportación están actualmente muy altos, se siente menos la rebaja de tipo de cambio. La aprovechan los importadores lo que genera un saldo comercial negativo. La baja del tipo de cambio y el aumento consiguiente de las importaciones afecta también a la producción interna que tiene dificultades para competir con rubros importados con un dólar barato. Hay quienes argumentan que, como las exportaciones crecen, el tipo de cambio es el adecuado. Lo mismo ocurría en el año 1998 y luego se vieron las consecuencias.

La intervención del Banco Central ha permitido la baja del dólar y en los últimos tiempos intenta detener su descenso, especialmente para que no se ubique por debajo de los 23 pesos por dólar. Entendemos necesario e imprescindible una mejora del tipo de cambio real de manera gradual. O sea que el tipo de cambio nominal aumente por encima de la inflación interna para mejorar los actuales niveles de competitividad. Esto requiere que el Banco Central utilice diversos instrumentos, inclusive en combinación con otros bancos estatales, para comprar más dólares y facilitar la suba del tipo de cambio nominal. Con la compra de dólares se aumentarían las reservas o se aprovecharía para amortizar deuda, o inclusive comprar deuda y bajar la deuda bruta en dólares que continúa siendo muy elevada. La compra de dólares significa expansión de los medios de pago que, dentro de ciertos límites, no genera necesariamente inflación. Esto requiere de mucho pragmatismo, a veces de prueba y error. Si se considera que se superan los límites de expansión, hay que emitir títulos públicos para esterilizar, para sacar medios de pago del mercado. Estos títulos debieran ser en moneda nacional indexada y tal vez lo que se incrementa la deuda en moneda nacional sea menor que las amortizaciones en moneda extranjera que se consiguieron hacer con las compras de dólares. Esta tarea de bajar deuda se facilitaría cuando se alcance superávits fiscales, al estilo de lo que hace Argentina. *

(*) Senador de la República. Economista.


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