Jueves, 19 de julio, 2007 - AÑO 11 - Nro.2613
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Arboles y piedras

ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)


Uruguay deberá plantar más árboles. Podemos compartir la lucha contra abusos y torpezas y el crimen de plantarlos donde no se debe, pero desde hace ya mucho tiempo, cuando la forestación era un sueño, quedó claro en base a estudios serios que se deben forestar unos tres millones de hectáreas.

Estamos lejos de esa cifra: a la fecha vamos en unas setecientas mil. Se trata de tierras no aptas para otros menesteres.

En el árbol nuestro país tiene cifrada una variedad grande de posibilidades estratégicas. Entre ellas: la energía propia. La independencia.

Ahora se viene discutiendo la conveniencia de producir combustibles con granos de importancia para el consumo humano como el maíz.

Uruguay, privilegiado en eso, puede hacerlo no sólo con caña de azúcar y otras plantas de menor valor para el consumo humano, sino también con árboles. Incluso aprovechando desperdicios forestales que otras industrias abandonan en el campo.

Del árbol, como se dice de la vaca, se debe usar todo.

Hace ya mucho que UTE tiene muy bien estudiada la generación competitiva de energía eléctrica en base a leña. Faltó voluntad.

En este caso, los árboles pasan por grandes gasógenos: aquellos aparatos que nuestros abuelos usaron cuando no nos llegó el petróleo debido a la guerra. Para sus camiones, industrias y autos. Hasta motos anduvieron a leña. Fuimos pioneros.

Uruguay produce y EXPORTA enormes gasógenos industriales. Se trata de aparatos que en base a un proceso llamado "pirólisis" sacan de la "madera" en forma de gas el máximo de su poder energético para producir vapor y mover turbinas y generadores.

Se planta un monte (no muy grande) de tal modo que a lo largo del tiempo siempre haya leña disponible, se monta una planta de generación en el medio, a no más de treinta quilómetros del árbol más lejano para ahorrar fletes, y así sucesivamente, diseminando usinas por el territorio y poblándolo. Las posibilidades NACIONALES sobran para suplir con "madera" nuestras necesidades eléctricas por muchos años. Pero eso no es ni debe ser todo. Es inexplicable que no lo hayamos hecho. Que sigamos afiliados a maquinaria y combustibles caros y extranjeros. De mantenimiento ignoto.

Pero también necesitamos energía para mover vehículos y ella va a provenir en gran medida, guste o no, de los árboles.

Con ellos podemos producir etanol igual que con la caña de azúcar. Ese es un formidable dato estratégico.

Pero ya están avanzadas las investigaciones mundiales que harán posible producir biodiesel. En ello tiene y tendrá fundamental importancia la biotecnología. La fabricación de unos bichitos que le hacen cosas raras a la leña para que de ella brote aceite. En eso trabajan miles de jóvenes en los centros de investigación privados y en las universidades públicas y privadas del mundo.

Pero lo que sí ya está inventado y aplicaremos en Uruguay tarde o temprano, es la fabricación de diesel (no biodiesel, sino diesel) con árboles. Mejor que el derivado del petróleo que al fin de cuentas no es más que árboles podridos.

Se trata de un invento militar alemán (valga la redundancia). Ellos tuvieron la desgracia, y tal vez el mundo la suerte, de no tener petróleo. Ni siquiera para sus guerras que, a la vez, eran hechas para conseguirlo por lo general en Bakú sin despreciar el Medio Oriente que hizo agua la boca de Rommel.

Entonces pusieron a sus proverbiales sabios, por las dudas y mientras tanto, a sustituirlo.

Ya por fines del siglo XIX y principios del XX inventaron sacar diesel de la madera y el carbón.

Dicho invento para cuando no había más remedio, se dejó de lado por la baratura del petróleo en tiempos de paz. Pero cuando los precios del barril comenzaron el repecho, y en la misma medida, la vieja tecnología se fue poniendo a punto y hoy, mejorada, está lista.

Se necesitan para ello, además de árboles, piedras llamadas ceolitas que al mismo ritmo vienen cobrando un valor de uso que nunca tuvieron.

En el proceso de producción de diesel se deben mezclar montes con canteras. Arboles con piedras. Da la casualidad que gracias al benemérito cuanto solitario profesor de geología Jorge Bossi los uruguayos sabemos (hasta ahora en vano), que somos felices propietarios de tales piedras.

¡Quién hubiera dicho que de por entre bullangueros nidos de cotorra llovería gasoil! ¡Quién hubiera imaginado que de un monte con carancho y todo, iba a salir una yarará manguera! ¡Qué dramaturgo gauchesco nos iba a proponer un Don Zoilo que barranca abajo encontró ceolitas y se hizo próspero estacionero de Ancap con shopping mall en el monte!

Porque resulta que para sacar gasoil del "ucalito" hay que triturarlo, mezclarlo con aguas milagrosas (tal vez de lucera) y meterle a la mezcla una cosa llamada catalizador por los químicos y ceolita por los geólogos.

Según han tratado de explicarnos casi en vano a pesar de tanto esfuerzo algunos amigos, esa piedra triturada y así mezclada tiene "gualichos" que aceleran vertiginosamente procesos que a la "pacha mama" le llevó millones de años realizar para parir petróleo. Con un agregado también milagroso: esa piedra, lavada puede volver a usarse pudiéndole sacar, al lavarla, cosas que le "chupó" a la madera y que si bien no sirven para poner en motores, valen mucho para poner en otras cosas.

Para esto también habrá que plantar montes no muy grandes, en todo parecidos a los ya citados, con planta industrial en el medio.

Como podrán estar imaginando, las ceolitas van a ser muy demandadas y no sólo para estos decisivos proyectos.

Por suerte, este gobierno patriótico emitió el decreto ejemplar de guardarla. Habría que ponerle custodia militar mientras tanto...

Por cinco años nadie, salvo el Estado o quien el Estado autorice, podrá tocarlas.

Pero tampoco es todo: Ehrlich, que de esto sabe muchísimo, conoce que se puede sacar diesel (no biodiesel) de la basura.

Ya han llovido en Montevideo algunos alemanes a comprarla...

Llama poderosamente la atención que gente tan culta, bien vestida y perfumada, ande con el gancho en ristre hurgando contenedores.

Dicho sea de paso: Alemania le compra la basura a Nápoles y se la lleva en tren diariamente atravesando Europa. No usa carritos.

Resulta que, igual que con los árboles, triturándola, calentándola, mezclándola con ciertas aguas milagrosas y con ceolitas (el catalizador), se consigue no sólo gasoil mejor que el del petróleo, sino todo lo que esas piedras chupan de la basura para otras cosas.

Somos un país privilegiado. No podemos quejarnos. Basta que queramos serlo. Y esa voluntad es, aunque parezca mentira, lo más difícil de conseguir. Depende nada más que de nosotros. *

 

(*) Senador de la República. Escritor.


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