ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)
En el año 2009 vence el plazo que todos los países ribereños del mundo tienen para presentar ante las Naciones Unidas los recaudos legales y científicos que les permitan reivindicar derechos marítimos hasta donde llegue su plataforma continental más allá de las doscientas millas náuticas.
Somos felices propietarios de una plataforma continental que, para nuestra ventura y la de nuestros descendientes, se extiende larga y mansamente, en un suave declive, mar adentro hasta más o menos unas trescientas cincuenta millas. Más allá de Bella Unión desde Montevideo pero para el otro lado.
Un "país" de agua, suelo y subsuelo más grande que el de pasto.
En el que reposan, reptan y navegan exquisitos animales crudos y donde yacen riquezas minerales, gaseosas y líquidas de inconmensurable valor. Por ejemplo: ahí tenemos gas renovable (hidratos de metano) y lo sabemos gracias al trabajo de investigación ya realizado.
Porque la plataforma continental debe ser demostrada científicamente ante la ONU. La ley internacional así lo manda.
Se trata de la reivindicación de soberanía "territorial" más grande desde Artigas a la fecha.
Atravesando mil vicisitudes y aventuras de todo tipo, especialmente burocráticas y autóctonas, centenares, posiblemente miles de uruguayos y uruguayas de todo credo y profesión aunaron esfuerzos intelectuales y materiales para llevar adelante la empresa que hoy viene terminando con éxito.
Repetimos: no sin chocar con graves escollos y altas vallas que tuvieron que sortear, demoler, escarbar y vencer...
Uruguay demostró y viene demostrando en ese frente todo lo que, dadas cierta condiciones, es capaz de hacer.
Cuando decimos unidad nacional incluimos el acuerdo de todos los partidos acerca de esta tarea.
Esto llevó años de trabajo, investigación, y muchos recursos físicos y científicos. Recibimos ayuda solidaria de algunos países y hemos proporcionado la nuestra a otros; porque adquirimos valiosa experiencia.
La Armada Nacional ha cargado con la responsabilidad y los esfuerzos más pesados. La Universidad de la República ha estado al pie del cañón. Y muchas otras instituciones y personas que sería muy largo detallar aquí, han brindado sus generosas energías...
Hoy podemos decir que el grueso, la parte más pesada y costosa fue hecho. La faena está terminada.
Pero a pesar de ello, cuando los tiempos se agotan y lo único que resta son los trámites finales ante la ONU, se yergue ante todos, aciaga, la implacable sombra fatídica de la burocracia. Para trancar todo.
Más potente que la unidad nacional, los acuerdos y la unánime voluntad política; más fuerte que la Presidencia, varios Ministerios, la Universidad y las Fuerzas Armadas; más fuerte que todos, derrotada varias veces pero resurrecta, insurrecta, en eterna reiteración real, dominante y oprobiosa; apátrida, incontrastable, blindada, insumergible, como cucaracha salida de un pozo negro, se planta prohibiendo el paso, hydra griega, tenia saginata ventral y criolla, la burocracia de mil cabezas hermafroditas y anaerobias que se reproduce más que el sorgo de Alepo, por semillas, gajos, estolones y hasta por la mirada...
Al decir de la Negra Mansilla, aquella famosa curandera de Treinta y Tres, Uruguay tiene un daño machazo que, además, se ve de lejos.
El Negro Barbot, legendario curandero penitenciario, agregaría: y lo lleva adentro.
Resulta que hace casi un año, para realizar la elaboración final de la documentación científica, Uruguay debió pagar cierta factura de cien mil dólares a ineludibles entidades técnicas alemanas con más otros ciento cincuenta mil para adquirir programas y computadoras imprescindibles y otros etcéteras de menor cuantía y mayor detalle. Todo, repetimos, a los efectos de realizar el informe final para presentar en la ONU.
A la fecha, queridos lectores, no hemos podido.
El Superior Gobierno dijo que sí. Los Ministerios dijeron que sí. La Armada dijo que sí... Todos dijeron, obviamente, que sí.
El dinero está, el cheque está, la orden de pagar está, está todo, pero, sin embargo, no se puede...
El problema burocrático, analizado a fondo, es peor de lo imaginado: no hay un solo burócrata al que podamos acusar de nada. La maravilla fabulosa es perfecta: nadie es culpable (lo hemos escrito).
Incluso, para sobreabundar, el gobierno llegó, hace unos tres meses, a sacar un decreto específico sobre el tema. No hubo caso.
Aunque usted, querida o querido lector no lo pueda creer (hay gente conocedora que sí lo va a creer y no sólo eso: nos hubiera dicho lo que iba a pasar porque todos los días lo sufre) ni aun cuando el gobierno, los ministerios, la Armada y hasta la ONU, mostrando el dinero, agitando los billetes, den la orden de pagar, no se pagará nada.
Nosotros escribimos hace poco que el ministro de Ganadería quiso comprar unas bolsas de afrechillo para salvar unas vacas y no pudo antes de que se murieran de hambre, porque existe en este país una "normativa" tal, recopilada en voluminosos cuanto ilegibles mamotretos monumentales, que logra producir esa fabulosa maravilla de las Mil y Una Noches Tétricas. La burocracia la llevamos incrustada sobre la mutilación: infraestructurada; ortopédica; implante de fierro en la médula; ortodoncia cerebral. Suncho en las alas. Bulón en las semillas.
En este caso ni el Presidente puede. Tampoco la Multipartidaria. Es más fácil derrocar una dictadura que un tintero.
El gasto, que encima nada ni nadie cuestiona, equivale a unos tres dólares por cada quilómetro cuadrado a conseguir. Tres centavos de dólar la hectárea.
¿Y cuál es el problema?: que dado el laberinto reglamentario, la selva de escritorios y sellos, el bosque de palos en la rueda, cultivados amorosamente por la burocracia forestal, nadie ni nada sabe a quién hay que darle ese dinero, quién o qué lo cobra y por ende quién o qué lo paga. Obviamente, visto el enredo (que establece ominosas sanciones a quien ose violarlo) nada ni nadie acepta el dinero que viaja estérilmente de acá para acullá, a lo largo de meses, tal vez siglos, como los objetos abandonados en el espacio sideral, per omnia seculá seculorum, hasta en latín, sin que aterrice, jamás, en las facturas concretas debidamente selladas, conformadas y autorizadas...
Los últimos "mohicanos", unos ocho especialistas entre científicos de la Universidad y de la Armada encargados de esa final jornada, vagan atónitos por entre la maraña extenuante, con la ayuda solidaria de mucha gente, sufriendo distintos mostradores en los que una Flora (el inefable personaje de Gasalla) intangible, les grita - ¡Atrás! ¡Atrás! - demostrándoles, oráculo de Delfos luego del sosiego, que no tienen reglamentariamente razón y que por ende deben concurrir, en horario correspondiente, al de otra oficina...
Le piden auxilio al Presidente, a los ministros, a los legisladores. A los líderes políticos. Incluso a las Fuerzas Armadas. A San Cayetano y a San Cono: ¡No hay caso!
Bajo pena de otra vez no llegar a tiempo a las escalinatas de la ONU, más vale organizar una chorizada "a voluntá", para que esto se resuelva, como tantas cosas, cantarola mediante, con choripán patriótico y murgas solidarias, en un santiamén. *
(*) Senador de la República - Escritor
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