ANTONIO PIPPO
Según Mahoma, "este mundo es el campo en que se siembra para el otro".
Desde hace tiempo, tanto que aburre calcularlo, se habla de la necesidad de que la Universidad de la República se involucre más en los problemas de la sociedad. Es, si se siguiera la sentencia mahometana, el sueño de hacerla sembradora sin límites de frías y augustas paredes.
Es cierto: se ha avanzado en la búsqueda de ese objetivo, aunque de modo intermitente, no integral. Ahora surge la intención de las autoridades universitarias de recorrer, con más profundidad y una mejor disposición, ese camino seguramente enmalezado de dificultades y frustraciones.
Pero hay una experiencia iniciada hace unos años que está dejando una huella precisa, fácil de seguir si se quiere hallar campo fértil para otras siembras. Son los consultorios jurídicos gratuitos que el Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho ha instalado en trece zonas de Montevideo.
Allí es posible advertir dos fenómenos muy peculiares: por un lado, una obra social de vasto alcance que beneficia a los más necesitados; por otro, una práctica imprescindible para los estudiantes, que los pone cara a cara, cotidianamente, con la realidad. Lo primero ayuda a la gente que carece de recursos a resolver variados problemas que afectan su vida a veces de manera dramática; lo segundo permitirá que quienes se están formando hoy en la disciplina del derecho puedan mañana, en una sociedad que, espasmódicamente, suele desandar y regresar al estado selvático, ejercer como unos profesionales capaces, decentes y sensibles.
Estimulado por esta experiencia, me permito sugerir la posibilidad de ampliarla a otras disciplinas universitarias. El contacto de estudiantes bien preparados y dispuestos con personas y familias que necesitan ayuda es invalorable.
A juicio de Smiles, "la casa que no da consuelo hace que surja toda clase de pequeñas miserias".
La Universidad debe ser una casa que consuele. Eso sí, rodante. *
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