Lunes, 13 de agosto, 2007 - AÑO 10 - Nro.2638
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Chávez, Uruguay y el 4+1

CONSTANZA MOREIRA (*)

El martes 7 de agosto Uruguay recibió la breve e intensa visita del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. En una gira que incluyó varios países, entre los que pueden contarse algunos del Mercosur, el espíritu del actual presidente de Venezuela se hizo sentir con claridad: desea ser incorporado como miembro pleno del Mercosur antes de fin de año. Así, la gira viene a reafirmar la voluntad integracionista de este país, luego de los escarceos y entredichos provocados por la no renovación de la concesión de RCTV, los comunicados de los parlamentos de Chile y Brasil al respecto, y la protesta de Chávez por lo que entendió fue una "injerencia" indebida en asuntos internos de Venezuela. A esto le siguió el hecho de que de los cuatro países en cuestión, sólo dos habían votado el ingreso de Venezuela al Mercosur: Argentina y Uruguay.

¿Por qué sólo dos de estos países lo votaron? Las razones son enteramente políticas, y dicen mucho con respecto a la fuerza que tienen los gobiernos que respaldan el ingreso de Venezuela al Mercosur para imponerle esta decisión a sus parlamentos. Uruguay votó el ingreso de Venezuela al Mercosur, porque el FA era mayoría en el Parlamento. Argentina lo hizo en idéntica situación. Esto no es lo que pasa en Brasil y Paraguay, aunque por motivos distintos. En Paraguay se vive un tránsito político complejo que pone al Partido Colorado, por primera vez en su historia, ante el desafío de despedirse del sillón presidencial, si es que Fernando Lugo consigue mantener su base electoral, superar la impugnación de su candidatura y ser elegido en 2008 como presidente de ese país. En este contexto, influido además por la visión crítica de los paraguayos sobre el Mercosur, y especialmente sobre Brasil, todavía no se ha dado un voto de respaldo al "cuatro más uno" (es decir, los cuatro del Mercosur, más Venezuela). Pero muy probablemente, si Brasil lo hace, Paraguay también lo hará. En el caso de Brasil, Lula ha jugado a favor de Chávez todo el tiempo, aunque las informaciones que abundan en la prensa tienden a señalar una disputa de liderazgo regional entre ambos mandatarios que dista de corresponderse con la realidad. Lo que existe es una férrea oposición al ingreso de Venezuela al bloque, protagonizada por el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), el partido de Fernando Henrique Cardoso y José Serra, principal opositor político del PT en Brasil. La bancada del PT en el Congreso es de menos del 20%, aunque con su principal aliado, el PMDB, la coalición controla la mayoría del mismo. Si el PT tuviera la fuerza del FA en Uruguay, hace tiempo se hubiera votado el ingreso de Venezuela al Mercosur. De cualquier manera, los expertos brasileños tienden a afirmar que el Parlamento de ese país votará afirmativamente, pero lo hará en sus plazos y a su forma.

Si así fueran las cosas, probablemente en 2008 tendremos a Venezuela instalado como socio pleno del Mercosur. Pero de allá para acá, muchos obstáculos que se dan en las negociaciones intrabloque parecen estarse resolviendo por la vía de las negociaciones bilaterales. La política brasileña da cuenta de esta estrategia: la del fortalecimiento de las relaciones país a país, cuando la negociación al interior del bloque no da frutos. Para países como Brasil, éste es un camino de "menor costo" y no contradictorio con el fortalecimiento de un proyecto de integración regional, que deberá, en su óptica, incorporar necesariamente otros socios (la idea de la Comunidad Sudamericana de Naciones está basada en esta estrategia).

Las razones por las que Venezuela se apoya en el Mercosur hablan mejor del bloque de lo que solemos hablar los países que pertenecemos al mismo. El Mercosur es la única institucionalidad supranacional más o menos estable y funcionando que existe en toda América Latina. Con sus problemas, sus excepciones, sus distintas velocidades y sus contradicciones, el Mercosur no sólo subsiste, sino que se ha arriesgado a inaugurar un Parlamento del Mercosur que está virtualmente de estreno. Para un presidente como Hugo Chávez, cuya visión de América Latina trasciende la cuestión propiamente "venezolana", la alianza con el Mercosur es inevitable.

Así, a nadie se le escapa que el ingreso de Venezuela al Mercosur dista de poder justificarse en las razones regionales que hicieron al primer diseño del bloque, y de las que se ausentó Chile: la idea de establecer una unión aduanera entre países limítrofes. Venezuela no es un "vecino" inmediato del Mercosur. Tampoco el ingreso de Venezuela al Mercosur está justificado por la idea, que animó a los países pequeños, de "ampliar mercados". Ni siquiera lo ata el compartir una historia común, como la que unió los destinos de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay desde su mismo origen como naciones independientes. Finalmente, tampoco podría justificarse el ingreso de Venezuela al Mercosur por una "política macroeconómica común", como la que se pretendió tener a inicios de los noventa. Son otros los motivos por los cuales Venezuela solicita su ingreso al Mercosur. Y basado en ellos, sin duda tiene razón Chávez cuando reclama que el bloque sea "diferente". Porque lo que está en juego, es otra cosa.

No tiene que ver con la ampliación de mercados, ni con las relaciones comerciales. No prioritariamente. El Mercosur comercial y aduanero, que estuvo en la base de la firma del Tratado de Asunción, aunque continúa vigente, está dando paso a otra cosa. Hay una idea de integración energética que está pesando fuertemente en la nueva ecuación integracionista. Hay un proyecto de cooperación financiera que está en la base de la relación entre Argentina y Venezuela, y en el proyecto del Banco del Sur. Hay una idea de la negociación frente a terceros, que pretende ubicar a la región como un actor colectivo en la nueva geopolítica que comenzó a diseñarse a partir del fin de la guerra fría, y sobre todo, del fin de los regímenes autoritarios en nuestros países. No es una visión compartida. Pero es la visión de Chávez, de Kirchner y de Lula. Y aunque se afirme que la proximidad ideológica no necesariamente genera intereses estratégicos compartidos, es claro que es la sintonía ideológica la que está empujando al "cuatro más uno", que es por ahora nuestra idea de un Mercosur ampliado. Tampoco la afirmación de que las "políticas de Estado" deben superar la casuística de los gobiernos de turno, da mucha cuenta de la situación actual. Porque el "giro a la izquierda" de América Latina parece estarse afirmando con gobiernos que mostraron que no son sólo "de turno".

Lo que está en juego ahora, tiene un tiempo posible, y de ahí el apuro de Chávez. En este tiempo posible están la elección de Cristina Kirchner en Argentina, los cuatro años que ya comenzaron a rodar del segundo gobierno Lula (con un incierto desenlace a futuro), la presidencia de Chávez, que está más firme que nunca y con visos de continuidad, una Bolivia con un presidente que lleva poco más de un año de ejercicio y una "ventana de oportunidad" política más o menos firme para los próximos tres o cuatro años. No es poco tiempo, pero tampoco es tanto.

Mientras tanto, las posturas de Chávez en relación a Estados Unidos causan el disgusto de muchos. Causan disgusto en Brasil (cuya relación de amistad con Estados Unidos sólo está desafiada por un cierto principio de "autonomía"), causan disgusto en Uruguay, donde el gobierno Batlle inició una luna de miel con este país que todavía se mantiene, causan disgusto en Chile, que fue el precursor de los TLC, y causan menos disgusto en Argentina, después del desplante que este país se permitió con los organismos financieros multilaterales durante el "default" de 2001. A algunos, estas posturas les parecen una "antigualla", con sabor a guerra fría. También les parece de otros tiempos reunirse con Fidel, o defender la causa de Cuba. Pero a buena parte de la izquierda no. Y sin duda no a la izquierda uruguaya, que se estrenó en el gobierno con un acto de desagravio: la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba. Tampoco le parece una antigualla a Estados Unidos, que sigue mirando con temor a Venezuela, y con mayor temor aún el impacto del liderazgo de Chávez en el "giro a la izquierda" de América Latina. *

* Investigadora del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de la República. Este espacio fue ocupado desde 1999 por los fermentales análisis de Hugo Cores. Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.


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