A lo largo de la historia de las Ciencias de la Salud, la importancia de los factores psi- en el proceso de desarrollo, tratamiento y prevención de las enfermedades ha estado en gran medida presente. Encontramos su origen en el seno de la medicina hipocrática, al considerar la base corporal, y concretamente humoral, del temperamento, aunque manteniéndose en un segundo plano hasta que la influencia de la obra de Freud con el concepto de psicogenia, que aplicó a determinadas enfermedades de apariencia somática pero sin base orgánica que las justificara, y en cierta medida la de Pavlov (condicionamiento visceral), abre una brecha en el planeamiento anatomopatológico de las lesiones dominantes en la medicina de principios de nuestro siglo, surgiendo el denominado enfoque psicosomático de la medicina, que plantea como hipótesis que una alteración de origen emocional, como por ejemplo la taquicardia, la presión sanguínea alta o los propios cambios metabólicos de la activación emocional, repercute en el medio interno del organismo, llegando a provocar alteraciones estructurales, por ejemplo lesión arterial por arteroesclerosis y enfermedades como el infarto de miocardio.
El movimiento psicosomático vinculado a la medicina va a tener un período de expansión a lo largo de tres décadas, con dos tendencias fundamentales: una, dominada por los planteamientos psicoanalíticos y que se acoge a la teoría de la especificidad de la enfermedad, basada en el postulado de que determinados conflictos psíquicos (considerados como agentes estresantes crónicos) desembocan en trastornos orgánicos; y una segunda tendencia de cuño biológico, que se adscribe a un modelo de inespecificicidad de la enfermedad (Cannon, Se-Wolff) que abre una línea de estudios experimentales, clínicos y epidemiológicos sobre la repercusión del estrés en la salud, con la descripción del patrón de respuesta fisiológica y de adaptación del organismo ante cualquier sobrecarga o agresión.
A partir de los años setenta, el modelo psicosomático adquiere una carácter interdisciplinario enriqueciéndose con las aportaciones de la neuroendocrinología, bioquímica e inmunología, y de los conocimientos teóricos y experimentales de las ciencias del comportamiento y de la sociología. De esta confluencia nace la llamada medicina conductual, en la cual los factores psicológicos y sociales van a tener la misma consideración que los biológicos en la etiología y mantenimiento de las enfermedades. Así, la psicología, y sus ramas básicas y aplicadas van a proporcionar unos conocimientos y unas técnicas clínicas, como el biofeedback y los programas de modificación de la conducta, que resultarán muy eficaces en el tratamiento de los desórdenes orgánicos y revelarán la importancia de los procesos cognitivos en el afrontamiento de las demandas o exígenesias de la enfermedad.
Estos factores cognitivos junto a los motivaciones y ambientales (los estilos cognitivos, las diferencias individuales, las estrategias, creencias y respuestas de afrontamiento de situaciones) van a tener una gran importancia sanitaria, ya que ejercen un papel relevante en el desarrollo y mantenimiento de la enfermedad, y sobre todo en el comportamiento frente a ésta. Desde los años ochenta, en el seno de la psicología, se crea una nueva disciplina, la psicología de la salud, bajo cuya denominación se agrupan todas las aportaciones de la psicología a la comprensión de los factores determinantes de la enfermedad. Entre las líneas de trabajo de este campo científico, ocupan un lugar destacado las investigaciones sobre estrés y el afrontamiento de la enfermedad que vamos a estudiar en este capítulo.
Es difícil definir el estrés, pues los diferentes autores utilizan este término de distintas maneras. Una forma popular y de sentido común es definir el estrés como un estímulo. Thomas Holmes (1979) definió el estrés como un acontecimiento-estímulo que requiere una adaptación por parte del individuo. Estímulo de estrés es cualquier circunstancia que de forma inusual o extraordinaria exige del individuo un cambio en su modo de vida habitual.
Algunos ejemplos de estrés como estímulo son los exámenes, las catástrofes naturales, los trabajos peligrosos, las enfermedades graves y las separaciones matrimoniales.
Esto se debe a que exige del individuo conductas de ajuste para afrontar lo que le demanda la situación, y porque el bienestar del individuo está potencialmente amenazado por las contingencias ambientales. Por ser difícil y potencialmente peligroso ajustarse a estos acontecimientos, las personas sufren estrés y como consecuencial éste incide en enfermedades y discapacidades, esclerosis múltiples, polimiositis o miastenia. *
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