ALBERTO COURIEL (*)
Las relaciones internacionales han tenido una enorme influencia en la evolución económica de los países de la región y en sus consecuencias económicas y sociales. Fueron y siguen siendo determinantes en la especialización productiva de los países, en la estructura de sus exportaciones y en la conformación de sus estructuras productivas. Por ello el debate sobre las características de la inserción económica internacional de Uruguay en el gobierno del Frente Amplio es extraordinariamente relevante. Las características de las relaciones económicas con Estados Unidos, los procesos de integración, la presencia o no de Venezuela en dicho proceso, entre otros aspectos, requieren debate y decisiones que atiendan los intereses nacionales.
El factor internacional tuvo un papel relevante en el funcionamiento de las sociedades latinoamericanas. Si sólo nos referimos al siglo XX se advierten las siguientes características:
a) En la etapa de crecimiento hacia afuera el dinamismo de los países del centro tenía una importante incidencia sobre los países de la región, al generar sectores exportadores de gran peso sobre la evolución interna. El control nacional o extranjero del sector exportador en sus distintas etapas (producción primaria, comercialización, industrialización, transporte y colocación en el exterior) se reflejaba claramente en el Estado y en las relaciones de poder. En lo económico el sector exportador era determinante en la evolución de la balanza de pagos, en los ingresos del Estado, en el proceso de acumulación de capital y en la distribución del ingreso. Desde el exterior se había decidido la estructura de exportaciones basada en materias primas y alimentos. Uruguay exportaba productos ganaderos y tenía la ventaja del control de productores nacionales en la producción primaria.
b) Entre la crisis de 1929 y la finalización de la Segunda Guerra Mundial, los países que ya habían iniciado procesos de industrialización entre los que se encontraba Uruguay pudieron ampliarlos con cierto grado de autonomía dada la especial situación internacional. La estructura de exportaciones no tuvo variantes.
c) En la etapa de crecimiento hacia adentro, los factores internos tuvieron fuerte gravitación sobre la evolución de los países de la región. En el proceso de industrialización influyeron poderosamente las empresas trasnacionales que fueron determinantes en el estilo de desarrollo de la región, a diferencia de lo ocurrido en los países del Sudeste asiático. Ello fue consecuencia de la debilidad de los sectores nacionales sin capacidad tecnológica ni financiera para liderar proyectos nacionales que atendieran los intereses de la región. En el caso de Uruguay el crecimiento industrial duró hasta 1955, entrándose posteriormente en una larga etapa de estancamiento. Pese al proceso de industrialización la estructura de las exportaciones no sufrió variaciones importantes.
d) En el decenio de 1980, denominado "la década perdida", fue determinante el peso de lo internacional en la desfavorable evolución económica de la región. Las negociaciones de la deuda externa fueron el elemento central en las definiciones de los objetivos y de la política económica de los países deudores. Fue decisiva la relación de fuerzas, con predominio de los acreedores sobre los deudores. La negociación caso por caso, la incapacidad de unidad de los países deudores, la unidad de los bancos y de los países acreedores bajo el liderazgo de EEUU permitieron que los organismos financieros internacionales fijaran condicionalidades que generaron una muy elevada transferencia neta de recursos desde los países deudores hacia los acreedores. Ello significó que los primeros pagaran en exclusividad los costos de la deuda. Estas relaciones de poder fueron elementos vitales en los resultados de la década y de mucha mayor trascendencia que el libre juego del mercado.
e) En el decenio de 1990 la región registró un moderado crecimiento gracias a los descensos en las tasas de interés del mercado financiero internacional y a la elevada entrada de capitales a la región. Lo internacional también pesa por la influencia del neoliberalismo (privatizaciones, desregulación interna y apertura externa), que profundizó los problemas sociales de la región como los del empleo, la pobreza y la marginalidad social. La estructura de las exportaciones continuó sin grandes variaciones.
En la actualidad vivimos en un mundo internacional de globalización, de fuerte influencia de las empresas trasnacionales, de hegemonía militar, financiera, comunicacional y política de EEUU y de grandes bloques económicos que tienen mucho peso sobre los países subdesarrollados, aspectos que analizaremos en próximas notas.
En el plano comercial se mantienen las relaciones centro-periferia, donde las exportaciones de América Latina se siguen caracterizando por la colocación de productos primarios. En el caso de Uruguay, los productos primarios representan el 48,4% de sus exportaciones y las manufacturas basadas en recursos naturales (como la industria frigorífica) alcanzan al 21,4%. Entre ambas determinan el 60% de nuestras exportaciones. Pero el mundo desarrollado se especializa en rubros de alto contenido tecnológico, aprovechando la extraordinaria velocidad del progreso técnico y de las innovaciones. Las potencias emergentes en el plano internacional hacen lo mismo. Si analizamos las exportaciones de alta y media tecnología sobre el total de exportaciones, Uruguay sólo alcanza el 17%, el Mercosur el 28%, pero Finlandia, que empieza con el tema forestal y continúa con Nokia, alcanza el 55% y Corea del Sur el 68%.
Esta es la visión de mediano plazo de la cual carecen Uruguay y la región, centrados en sus recursos naturales. Las exportaciones basadas en recursos naturales presentan menor grado de diversificación, mayores dificultades de encadenamiento con el resto de la economía interna, menor elasticidad e ingreso de la demanda, precios con mayor volatilidad y en general deterioro de los términos de intercambio. En la coyuntura actual, influidos por el fuerte crecimiento de China e India, nos estamos beneficiando por muy altos precios internacionales de nuestros productos de exportación. En el caso de las carnes hemos aprovechado una coyuntura excepcional a causa de la "vaca loca" en Canadá y de la aftosa en Brasil y Argentina. También es cierto que los avances tecnológicos están permitiendo cierta diferenciación de productos primarios e innovaciones basadas en la biotecnología. Pero lo importante es tener un horizonte de futuro. Hace más de 40 años escribíamos, en el plan de la CIDE, la necesidad de colocar nuestras carnes en los supermercados estadounidenses, directamente al consumidor final, para aumentar nuestro valor agregado y nuestro empleo; aún no lo hemos logrado. Miramos con optimismo la exportación de servicios, como por ejemplo el software y otros vinculados a la computación y a la informática, con contenido tecnológico y generación de empleos de alto nivel de productividad e ingresos. En esta rama hoy no existe desempleo.
Miremos el mundo con mucha apertura y no nos quedemos con el ejemplo de Chile que hoy aprovecha los muy altos precios internacionales de sus productos minerales. Pero Chile país que tiene muy buena diversificación por destino de sus exportaciones no nos sirve como paradigma porque el 90% de sus exportaciones deriva de productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales y solamente el 6,4% son de alta y media tecnología. Por otro lado, resulta más fácil avanzar en exportaciones de media y alta tecnología y de mayor valor agregado en el plano regional que acceder al mundo desarrollado, donde se mantienen diversas formas de protección sobre estos productos. *
(*) Senador de la República. Economista.
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