ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)
Dicen que allá por principios de la década de los setenta, cuando el régimen franquista se desmoronaba, sus ministros acudieron temerosos al Palacio de El Pardo en busca de Franco para exponerle la situación generalizada de protestas obreras y estudiantiles.
También dicen que luego de escucharlos, y a modo de respuesta, el viejo tirano aconsejó:
"Hagan como yo: no se metan en política".
Claro: si se entiende que la política es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y en el caso de España para "los pueblos", Franco dijo la pura verdad. Jamás se metió en "política".
Se dedicó a matar. Hasta el último día de su vida.
Dada su ideología, eso era lo único que podía hacer. Por ello se mantenía lo más lejos posible de la política tal como la dijimos.
Pero (vueltas que da la vida) en las democracias suele suceder que quien quiera decir la verdad tampoco debe meterse en política. Sencillamente porque si la dice no lo votan en las próximas elecciones aunque décadas después le hagan unánimes homenajes póstumos.
En el Uruguay de hoy pasa algo parecido: debe cambiar, debemos cambiar; pero como todos venimos de donde venimos y estamos donde estamos y hasta nos puede haber costado gran trabajo llegar, no queremos cambiar o queremos que cambie lo que no nos afecte. A lo sumo deseamos cambios lentos, cómodos y pocos... Nada de locas pasiones. La mayoría somos gente veterana, jubilada, pública... Con un alto porcentaje de hijos y nietos en el exterior.
Gastamos el sesenta por ciento de nuestros ingresos fiscales en pagar deudas y jubilaciones y del cuarenta por ciento restante otro sesenta en sueldos y funcionamiento restando apenas el cuarenta por ciento del cuarenta por ciento para invertir...
Casi el mismo nivel de Haití.
Y eso que somos el segundo país de América Latina en cobrar impuestos.
Nos cuesta cobrar conciencia del estado de emergencia en el que estamos.
La mitad de los niños es pobre. La mitad del futuro Uruguay ya vive en la pobreza.
Dicen que Wilson Ferreira dijo: "A los blancos se nos puede pedir la vida. ¡Pero nada más!" La frase podía hacerse extensiva a todos los uruguayos.
Nos retrata desde nuestros orígenes más remotos (que son cercanos). Debe ser por la ubérrima generosidad de nuestras praderas, ríos, lagunas y mares, que somos todavía, desde que la Historia nos parió, extractivos y recolectores; en especial la poquísima burguesía que tenemos.
Lúdicos y deportivos. Taciturnos y pensativos como los charrúas. Melancólicos como un tango.
Y porque tienen mucho de todo eso, las actividades guerreras nos atrajeron como miel a las abejas. ¡Pero nada más!
"Aire libre y carne gorda" fue (y es) divisa por la que morir vale la pena. ¡Pero nada más!
El otro día y por televisión Larrañaga contó un cuento (otro): en el muelle hay un tipo pescando con dos canastas de cangrejos para carnada. El curioso que nunca falta le preguntó por qué tenía una canasta bien tapada y otra abierta. El pescador dijo:
Los cangrejos de la que está bien cerrada son europeos: si la dejo abierta se escapan. Los de la otra canasta son uruguayos: cuando uno quiere salir los otros lo tiran para abajo: se cuidan solos.
Estoy de acuerdo con ese cuento de Larrañaga: los uruguayos militamos activamente a favor de la medianía (por no decir mediocridad). Morena declaraba que si Maradona hubiera sido uruguayo de él se diría: "Es un petiso medio habilidoso que sólo maneja la zurda". Nosotros vimos y oímos en la Amsterdam a los hinchas de Peñarol decirle a Schiaffino "Pecho frío" y hasta "Marilú" porque hablaba inglés, no se despeinaba y tampoco se "fajaba" a trompadas en los grandes líos...
En la esquina del barrio si algún vecino pasaba en la cachila de quinta mano recién permutada comentábamos bajito: - "¡En qué joda andarás...!"
Un viejo cuento narraba lo de aquél acérrimo socialista que socializaba todo menos bicicletas porque tenía una.
En estos días de pleno invierno, descolocada, se oye la tan conocida "Marcha" de la Vuelta Ciclista.
Sacamos cada uno, del sótano, el altillo o el galponcito del fondo la vieja bicicleta de cambios "campagnolo" con caramañola y todo, para buscar la ruta. Algunos competimos por equipos, otros por la individual. Unos, como Francois, tomados de la parte alta del manubrio, fondistas, marcan el imbancable promedio con brutal transmisión.
Otros, aferrados de la parte baja, mordiendo el avance, parados en los pedales, se mandan embalajes propios del Pocho de los Santos.
¡Siempre en punta en el camino Santa Rosa el mejor vino! ¡¡Enllante protección: enllante FUNSA!! ¡¡¡Y todo va mejor con Coca Cola!!! ¡Atento Luna! ¡Adelante Cóppola!
Una fiesta del pedal.
Dicen por ahí (nunca hicimos la prueba), que si se mete ranas en una olla de agua fría y a su vez ésta sobre una hornalla de fuego lento, estos batracios se van acostumbrando tanto al imperceptible aumento de la temperatura, que terminan cocinándose en agua hirviendo sin el más mínimo gesto de protesta.
De ser verdad, a los uruguayos en la olla, sobre las hornallas del mundo, nos viene pasando como a las ranas. *
(*) Senador de la República. Escritor.
Comentarios (beta!)