ANTONIO PIPPO
"Bravo lo de ustedes dijo un chileno, si uno no te pisa, el otro te invade".
¿Tendrá razón?
Ayer aludí a la ingenuidad de mucha buena gente de la izquierda uruguaya que sigue llamando progresistas a Kirchner y a su mujer, desconociendo la que, a mi juicio, es su mismidad.
Hoy aludiré al otro vecino grande, devenido inesperada preocupación para los uruguayos.
Capitales brasileños nos están comprando de todo: hectáreas de campo, frigoríficos, la principal industria arrocera y unas cuantas cosas más. Esto ha despertado la inquietud del gobierno, que por ahora no definió su estrategia frente a un fenómeno que no se detendrá así nomás.
Brasil está haciendo lo que era previsible a partir de la mejora del perfil de Uruguay para seducir inversiones externas. Y digo Brasil, no empresas brasileñas, porque quien crea que estas compañías hacen algo sin que Itamaratí lo sepa y avale está más desorientado que Julio Bocca en las Llamadas del barrio Sur.
Aparece entonces la pregunta clave: ¿Nos perjudica?
Brasil quiere ser el líder continental y trabaja para eso. ¿Alguien piensa que demorará una aproximación definitiva a los negocios con Uruguay por la energía y los combustibles, con el fin, entre otros pero esencial a sus pretensiones, de sacarle una cabeza a Venezuela?
Podré equivocarme, pero intuyo que la diferencia entre Venezuela y Brasil está en que Chávez habla y promete bastante más ante las urgencias que la realidad nos plantea de lo que concreta. Lula ni aparece, pero los brasileños ya están alrededor nuestro como hormigas o turistas japoneses. Y no para sacar fotos, sino ganando espacios en las exportaciones, en la propiedad de la tierra y en lo que estamos siendo cada día más competitivos: los servicios y la logística.
La cuestión es tenerlo claro y negociar hasta donde se pueda con el vecino, sin cerrarle la puerta a otros, para que este proceso ayude a nuestro desarrollo.
O sea, a nuestra gente. *
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