CONSTANZA MOREIRA (*)
La víspera del aniversario de la independencia de Brasil, que se celebra el 7 de setiembre, el presidente Luis Inácio Lula da Silva saludó al pueblo brasileño en cadena de televisión y aprovechó para hacer un prolijo repaso sobre los logros de su gobierno, que no son pocos.
Entre los logros económicos, el primero a destacar es la estabilidad, que además de haber sido vista en general como el talón de Aquiles de la izquierda, cobraba especial importancia en un país como Brasil, que vivió durante décadas en una crisis inflacionaria continua. Recordemos además que la llegada de Lula al Planalto estuvo rodeada de una atmósfera de inestabilidad y especulación financiera, al punto de que en la época se había creado la expresión "lulómetro" para designar las oscilaciones de la moneda americana al crecimiento de la popularidad del líder del PT y el aumento de sus chances de llegar al gobierno. También debe destacarse entre los logros económicos el haber mantenido una tasa de crecimiento del producto, que aunque moderada (el promedio en los últimos cinco años no ha superado el 3%), se mantuvo a lo largo del período. También se produjo un crecimiento sostenido de las exportaciones, y un aumento sostenido de las reservas. El gobierno consiguió cancelar sus compromisos con el Fondo Monetario Internacional y la inversión externa aumentó. La expansión de algunas empresas, como Petrobras, en los países de América Latina (Uruguay no es ajeno a este proceso) muestra una importante capacidad de liderazgo económico de Brasil como país en la región.
Entre los logros sociales se cuentan la caída del desempleo, el aumento del salario real y la reducción de la pobreza. Esta pasó de 40,8% en 1992 a 29,5% en 2005. Cuando Lula asumió el gobierno, en 2003, la pobreza alcanzaba al 34,1% de los brasileños; se redujo más de cuatro puntos porcentuales en el período. Una de las principales políticas dirigidas a estos sectores, que recibe muy buenas evaluaciones en el período, es el programa Bolsa Familia, que permitió, según los datos divulgados recientemente, que siete millones de brasileños salieran de la situación de pobreza en que se hallaban antes de que el PT asumiera el gobierno.
Pero de todos estos logros, el más importante es la reducción de la desigualdad. Según el informe sobre desigualdad de Patricia Silveira (2007)(1), la reducción de la desigualdad en el caso de Brasil no se debe únicamente al factor "gobierno Lula", sino que la misma viene retrocediendo desde el principio de la década (Lula asumió recién en 2003). Estos estudios muestran que al inicio de los años noventa Brasil poseía la desigualdad más importante de América Latina, y hacia el fin de la década la misma se había distanciado considerablemente de los promedios regionales. Sin embargo, a mediados de 2000 el promedio brasileño era superado por el de Bolivia y se había reducido significativamente. De hecho, si bien muchos países empeoraron su desigualdad durante la década de las reformas liberales y están tendiendo a reducirla en la primera mitad de la década de 2000, los casos de mayor envergadura son Argentina, Brasil, México, Perú y Paraguay. Brasil se encuentra entre aquellos donde la reducción es más significativa.
Uno de los logros más importantes del gobierno, y sin duda de los más difíciles de medir, es la forma en que el gobierno de Lula "colocó" a Brasil en el escenario internacional. Lula también recordó eso en su discurso. En el mismo año que asumió consiguió estar al mismo tiempo en el Foro Social Mundial, que se realizó en Porto Alegre, y en el Foro de Davos, donde se reunían los países más poderosos del mundo. Muchas esperanzas se proyectaron en el mundo, con la asunción del primer gobierno de izquierda en Brasil, que anticipó el "giro" a la izquierda en América Latina. La izquierda europea, cansada de sus propios fracasos, vio en el gobierno de Lula una suerte de "socialismo" latinoamericano, y Lula consiguió lo que Fernando Henrique Cardoso no había conseguido hacer: colocar a Brasil en el escenario internacional, con algo más que fútbol y samba. El Programa de Combate al Hambre se transformó en la marca del gobierno de Lula y las donaciones recibidas de todo el mundo fueron cuantiosas. Sin embargo, la luna de miel con la opinión internacional duraría poco: las denuncias sobre corrupción enseguida de haber asumido el gobierno alteraron esa imagen para siempre y fue la propia izquierda europea la primera en bajarlo del pedestal donde antes lo había colocado.
Las denuncias sobre corrupción arreciaron a poco de instalado el gobierno; y minaron fuertemente las bases del PT. Actualmente las mismas siguen estando a la orden del día. Si uno escuchaba los informativos en cualquier otro país que no fuera Brasil, hace unos días, la imagen era que la cúpula del PT había caído presa por comprobación flagrante de todos los delitos que se les había imputado en el período anterior; incluyendo, claro está, el famoso "mensalão" (el pago de salarios 'extra' a parlamentarios para que apoyen las medidas del gobierno). Sin embargo las cosas resultan, de cerca, un poco diferentes. Lo que se inició fue el juicio contra cuarenta personas acusadas de lo que en Brasil se llama "formación de cuadrilla", y la principal acusación contra los mismos no es el famoso "mensalão" sino el uso de un esquema ilegal para el financiamiento de la campaña electoral.
Las acusaciones constituyen eso: acusaciones que habrá que probar. Probablemente el juicio demore más que el propio período de gobierno y no haya nada comprobado cuando Brasil celebre sus próximas elecciones. Pero lo que la "opinión pública" escucha todo el tiempo es que los altos mandos del PT son culpables de todos los crímenes que se le imputan. El famoso "mensalão" no sólo no está comprobado sino que es altamente improbable, como lo señala el semanario Carta Capital. Las acusaciones sólo involucran a 17 de los 500 parlamentarios y éste es un número evidentemente insuficiente para influenciar cualquier votación en el Congreso. Además de eso, cinco de ellos son afiliados al PT. ¿Por qué el PT habría de comprar a sus el propios diputados?
El financiamiento ilegal de la campaña electoral es una acusación mas veraz, pero sobre este tema nadie se anima a tirar la primera piedra. El primero en usar este tipo de esquema fue el PSDB de Fernando Henrique Cardoso, y antes de él, el primer presidente en el Brasil posdictadura, Tancredo Neves (el lanzamiento de su candidatura fue llamado la "campaña del billón"). Anteriormente lo fue la famosa y costosísima campaña para elegir a Juselino Kubitchek. La llamada "caixa dois" (o "caja negra") ha sido una práctica mas que habitual en la política brasileña. Pero nunca como ahora la Justicia había estado tan activa en su desmantelamiento. Es que socavar la credibilidad de los políticos es una tarea que requiere mucho empeño y no se podría hacer sin el poder de los medios. Pero debilitar la credibilidad de la política implica también minar la autoestima de los brasileños. Además de haberse visto a lo largo de su historia como pobres, negros y poco educados, los brasileños son compelidos a creer que son una democracia imperfecta, corrupta y sobre todo distante del "patrón" de democracia de los países del capitalismo central. Se olvidan de la operación "manos limpias" en la muy democrática Italia o de las mentiras presidenciales sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, o de la importancia política de la derecha xenófoba en Francia. Pero la estrategia de minar la autoestima de los brasileños ha encontrado en Lula un adversario poderoso porque él, más que cualquier otro gobernante (y la mayor parte de ellos ha pertenecido a la "oligarquía ilustrada"), conoce los problemas de autoestima de su pueblo. Así que el mensaje del 7 de setiembre no sólo estuvo dirigido a ser un autoelogio sobre los logros de su propio gobierno sino y sobre todo a transmitir un mensaje que le recuerda a los brasileños, siempre, lo mejor de sí mismos. *
(1) Datos extraídos del Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE), para el estudio sobre Desigualdades Sociais no Brasil para el informe de la Comissão Nacional de Determinantes Sociais em Saude (Fiocruz, OMS, 2007). * Constanza Moreira. Politóloga. Universidad de la República. Este espacio fue ocupado desde 1999 por los fermentales análisis de Hugo Cores. Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.
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