CONSTANZA MOREIRA (*)
El jueves 20 de setiembre de 2007 tuvo lugar en la sede del Palacio Legislativo el Encuentro Nacional "Ejes para el desarrollo del Uruguay 2015", a partir de una iniciativa conjunta entre la Cámara de Representantes y la Universidad de la República. El Encuentro contó con la participación de representantes del gobierno, de los partidos, de los entes autónomos, de las cámaras empresariales y de los académicos, entre otros. Con seis talleres simultáneos, los objetivos planteados fueron debatir y analizar los problemas y desafíos que el país enfrenta desde el punto de vista social, económico y cultural, así como dibujar los escenarios futuros que se perfilan desde la situación actual.
El taller que trató acerca de la Inserción Internacional de Uruguay contó con una nutrida representación de la Unión de Exportadores, de la Cámara de Industrias, de distintas organizaciones empresariales, de universidades, así como representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Parlamento. Dada la primacía de representantes empresariales en el mismo, inevitablemente el debate sobre la inserción internacional se concentró en el tema del comercio. Con quiénes intercambiamos bienes y servicios y cuáles son las mejores condiciones para comerciar con el mundo, fueron los ejes de la discusión. Uruguay "crece hacia afuera" o no crece, pareció rezar el sentido común de la mesa, y nadie osó discutirlo. Así, la mejor alternativa para discutir la inserción internacional del país parecía ser cuál era nuestra mejor estrategia exportadora.
El documento "Exportación inteligente: un puente entre el sector exportador y la academia" (2006), elaborado por varias universidades, la Unión de Exportadores y el Banco República, señala que efectivamente, después de la crisis de 2002, las exportaciones fueron uno de los componentes más dinámicos de la demanda y se constituyeron en uno de los principales factores que lideraron la recuperación económica reciente. También se verificó una mayor diversificación del destino de las exportaciones, con importancia creciente de Estados Unidos. La suma de ambas afirmaciones parece ser conclusiva: el crecimiento está dependiendo de las exportaciones y éstas están siendo cada vez más hacia países "extra-Mercosur": ¿Por qué no celebrar un acuerdo preferencial con Estados Unidos, uno de los principales mercados del mundo? ¿O con China? La razón para no hacerlo parece muy evidente: los países del Mercosur no pueden celebrar acuerdos bilaterales con terceros sin el consentimiento del bloque. Debería ser el bloque el que los celebre. De más está decir que esta proposición es sólo parcialmente verdadera. Existen más negociaciones bilaterales que del bloque con terceros y Uruguay ya tiene un TLC con México. Pero es claro que para Estados Unidos esta cláusula se hizo sentir. Frente a ello, algún panelista llegó a afirmar que Uruguay debía salirse del Mercosur, pero con elegancia: buscando la condición de miembro asociado, como Chile, en vez de socio pleno, como la que ostenta ahora.
Podría argumentarse que hay muchas consideraciones que trascienden el razonamiento "comerciocéntrico" para no irse del Mercosur (entre ellas, que buen parte de la población que se fue vive en los países del Mercosur, o que seguimos siendo un "Estado frontera" entre ellos, o que dependemos de la energía argentina), pero el debate no puede soslayar este argumento.
El estudio de la Universidad de la República, contenido en el documento ya señalado, muestra que en este sostenido y tan festejado "crecimiento hacia afuera" nos estamos primarizando cada vez más, y esto no constituye motivo de festejo alguno. El crecimiento de la actividad exportadora en los 90 muestra que la misma no fue acompañada de una mayor incorporación de valor agregado a los productos. Por el contrario, se verificó un incremento de las exportaciones de productos básicos, acompañando el proceso de desindustrialización que experimentó la economía nacional a lo largo de la década. Fueron las exportaciones de alimentos básicos las que incrementaron su participación en el total del período, en especial, a partir de 1998: carne, lácteos, cítricos, arroz, cebada y oleaginosos, entre otros. También la exportación de materias primas aumentó después de 1998, y sus principales destinos fueron la Unión Europea, y Estados Unidos. Las exportaciones de bienes industriales de origen agropecuario disminuyeron su participación en el total de exportaciones desde principios de la década del 90 y no han recuperado su peso anterior. Los productos industriales de origen no agropecuario exportados desde Uruguay, son consumidos principalmente por Argentina y Brasil. En particular, Brasil ha importado estos bienes en forma creciente en los últimos quince años. Así, hay un argumento "comerciocéntrico" que es importante tener en cuenta a la hora de saber por qué privilegiamos al Mercosur: porque nuestra pauta exportadora al Mercosur es la que mejor condice con el desarrollo productivo del Uruguay que queremos.
La pauta exportadora hacia el resto del mundo, y en especial hacia Estados Unidos, sigue reproduciendo el país "pradera-frontera-puerto" que caracterizó el modelo de crecimiento hacia afuera de inicios del siglo pasado. Quizá, y más allá de una inevitabilidad histórica o económica, la pregunta política que hay que hacerse es ¿a quién le sirve el país "pradera-frontera-puerto"? Al parecer, a un montón de gente no: y es lo que, de un modo u otro, muestran las cifras sobre emigración. Más allá de los motivos individuales de los emigrantes, o de su perfil, hay un proyecto económico de país que no logra satisfacer las expectativas de la gente. La migración también es eso: crisis de expectativas, y un techo demasiado bajo para los proyectos de muchos de los uruguayos.
¿Qué relación hay entre ese "crecimiento hacia afuera", según el cual, el Uruguay sólo puede ser viable, y dos variables clave de la calidad de vida de la mayoría de las personas: el empleo y el salario? He aquí un segundo argumento para analizar la inserción internacional del Uruguay y su impacto sobre el desarrollo uruguayo. Necesitamos un tipo de crecimiento que potencie la creación de empleo. Y claro está, si el empleo puede ser calificado, mejor. También es claro que con todo no se puede, pero lo que no podemos esperar es que Uruguay solucione, vía políticas sociales, el sustento de todos aquellos que quedan fuera del mercado de trabajo, o que, vinculados con el sector informal, apenas ganan el mínimo para sobrevivir. Los datos de personal ocupado en la industria exportadora son por demás elocuentes: la industria exportadora sólo emplea entre cuarenta mil y sesenta mil personas. Este porcentaje, asimismo, viene descendiendo: en 1993 la industria exportadora empleaba más de sesenta mil personas: actualmente, emplea cuarenta y dos mil.
El modelo de "crecimiento hacia afuera" genera una gran capacidad de presión política de los sectores exportadores. Esto se hace evidente en las luchas protagonizadas por los jerarcas del Ministerio de Ganadería (especialmente Mujica) y la Asociación Rural sobre la idea de aplicar detracciones a las exportaciones o presionar a la baja los precios internos. En estas luchas, estos sectores expresan un poder político considerable. La preocupación por contener los precios al consumo de productos de la canasta básica, o establecer una jornada de ocho horas para los trabajadores rurales, parecen la contracara "social" del modelo de crecimiento hacia afuera. La contracara "nacionalista" de este modelo es la que impone reglamentaciones legales a las sociedades anónimas agropecuarias, tendientes a limitar el creciente proceso de extranjerización de la tierra (24% de la misma se vendió entre 2000 y 2006). Recordemos que las "elites agrarias" de América Latina siempre han formado parte de su ecuación política, y siempre han requerido de límites políticos (como los que supo imponer el batllismo), para ser obligadas a cooperar con el sentido de construcción de un proyecto nacional inclusivo. Hoy en día la misma ecuación está planteada, aunque sin duda es mucho más compleja que la de cien años atrás. Lo que es claro es que sin estos instrumentos políticos, el modelo de crecimiento hacia afuera no "goteará" hacia abajo y el crecimiento extraordinario de estos años sólo beneficiará a algunos. *
* Constanza Moreira. Politóloga. Universidad de la República. Este espacio fue ocupado desde 1999 por los fermentales análisis de Hugo Cores. Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.
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