Domingo, 04 de noviembre, 2007 - AÑO 9 - Nro.2719
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Confitería Americana

LUIS GRENE

Por la mitad del viejo siglo, en 18 casi Cuareim, existía un sofisticado punto de encuentro. Aroma dulzón de masitas, sabor de café y olorcitos de ricos cocteles flotaban en su inmenso salón. Fue la tradicional Confitería Americana, donde las elegantes señoras tomaban su té de las cinco. Era una construcción del "arte decó" que contrastaba con los edificios y casas linderas que tenían fachadas con relieves del neoclasicismo. La confitería se caracterizaba por un gran ventanal que daba sobre la avenida. Entre su clientela habitual, estuvieron importantes funcionarios del Palacio Santos que estaba enfrente. Cruzaban con sus trajes impecables, peinadas a la gomina y su porte de "cajetillas" diplomáticos de carrera. Con educadas maneras abrían los enormes diarios, charlaban bajito de política y bebían "scotch whisky", disimuladamente servido en pocillos de café. En una larga vitrina estaban las masitas de La Americana y sus clientes podían ellos mismos servirse. Los elegantes mozos iban de un lado al otro del gran salón. En brillantes bandejas llevaban la hermosa vajilla que, además de ser inglesa, lucía el logo de la casa. Esa céntrica confitería fue la primera que presentó la novedad de cubrir sus mesas con vidrios, lo que le dio otro toque de modernidad. De tardecita, siempre entraba un portero del Palacio Santos que, de inmediato, salía con un paquete de confituras "para el canciller", como todos cuchicheaban. También en esa linajuda confitería se timbeaba de lo lindo. En sus mesas siempre había discretos corredores de apuestas de los capitalistas clandestinos que bancaban quiniela y pingos. Esas damas y caballeros de alcurnia apostaban fuerte. A veces, algún cliente debía mucha plata y por eso aparecía algún capo del juego clandestino, como el conocido "Cañón" Bianchi, que imponía respeto y los perdedores pagaban muy calladitos y educados. En los altos, La Americana tenía un muy grande salón de fiestas que rivalizaba con el Jockey Club y el Club Uruguay en la organización de ricachones casamientos. Grandes fiestas con invitados como Tita Merello y Luis Sandrini que llegaban desde Piriápolis donde veraneaban habitualmente. Entre las mesas de La Americana anduvieron imborrables personajes montevideanos. El único canillita autorizado a entrar fue Antonio Casiani, autor del conocido tango "Farabute". Otro que no faltaba era el crack del billar, el señor Fuente, una leyenda de las salas del centro. Cuando no estaba viajando se podía encontrar al crítico literario de "la generación del 45", el erudito Emir Rodríguez Monegal. Con disimulo andaban los periodistas de la revista "Mundo Uruguayo" porque esa confitería era un hervidero de chimentos sobre política, artistas y enredos de gente con varios apellidos. Un coctel Manhattan, un café con crema o el té con masitas, todo servía para el encuentro en La Americana y sus personajes. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE


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