ANTONIO PIPPO
A fin de cuentas, es cosa de talante.
-Y tú, pasmado, ya estás yendo por el periódico dice doña Rosa, la del bar de "La colmena", de Camilo Cela. -¡Aquí no hay respeto ni decencia, eso es lo que pasa! ¡Ya os daría yo para el pelo si algún día me cabreara!
Vaya mal talante el de esta mujer, por más imaginada que haya sido.
Exactamente el revés del que Daisy Tourné, ministra del Interior, mostró durante todo el proceso de redacción del código de procedimiento policial, aprobado el miércoles en Diputados. Tourné, con ese estilo suyo que se balancea sabiamente entre la seducción y el carácter fuerte, al modo de quien se acerca y se aleja muy a su aire aunque dejando saber siempre que se puede hablar y contar con ella, integró al proyecto respectivo una verdadera innovación en el país más aportes, incluyendo a políticos de la oposición, de los que mi agotada memoria recuerde para el abordaje de un asunto de Estado de esta significación.
A partir de ahora, el país dispone de un marco normativo para dar garantías a la gente y a la propia policía en las siempre complejas circunstancias que hacen a la seguridad pública. Como la propia ministra admitió, no es perfecto y quizás deba ser corregido sobre la marcha; pero es un muy buen comienzo de camino hacia un objetivo que, estoy persuadido, compartimos todos los uruguayos.
Quiere decir que se puede construir colectivamente más allá de colores partidarios, de cierta tendencia tonta al entredicho ramplón y de cierta arrogancia también tonta que a veces atrapa a algunos gobernantes como una enredadera. ¿Quiénes se benefician? Los ciudadanos, los contribuyentes.
Cosa de talante, insisto. Quedó probado.
Por tanto, ¿no sería deseable que el ejemplo de Tourné se extendiese al resto de los actores políticos, técnicos y administrativos que influyen en las grandes decisiones nacionales?
Ah, creo que sí.
Empezando por quienes están en el ministerio de Economía. Dicho a modo de propuesta, nada más. *
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