Pese a todos los esfuerzos, aún después de dos décadas no ha sido posible reducir la propagación del sida. Las consecuencias no se limitan solamente al inimaginable sufrimiento de los afectados y el de sus amigos y familiares, sino que el virus también tiene fatales repercusiones económicas y sociales. La solución sería crear una vacuna contra el sida.
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