Guzmán Laguarda, Matías Rotulo, Jorge Pasculli PRODUCCION
Omar, para empezar, ¿cómo te definís como persona?
Primero que nada, soy nacido y vivo en la "República de San José". Mi infancia y parte de mi adolescencia las pasé en Guichón, porque mis padres trabajaban en Salud Pública. Viajo todos los días a Montevideo y me encanta hacerlo. No soy egresado de ninguna escuela; uno, intento aprender con el transcurso del tiempo, pero me parece bárbaro que existan. De los medios, lo que más me gusta es hacer radio; ahí nací y voy a morir.
¿Cómo te iniciaste en los medios de comunicación?
En la década de los setenta, en la única radio AM que tiene San José. Empecé con distintos tipos de programas; hacíamos de todo. En un programa musical enganchábamos Queen con los Wawanko (risas generalizadas). Eso lo hacía mucho un gran comunicador de los setenta, Elías Turubich. Nos divertíamos mucho.
En 1980 vine a Montevideo, a radio Monte Carlo, luego de probarme sin suerte en otras radios. Después estuve en radio Imparcial y tuve la suerte de enganchar en el "Tren de la Noche" (CX 20 Radio Montecarlo). En 1989 empezamos en la televisión, solamente una vez por semana, y del 90 hasta la fecha todos los días. Estuve también en otras radios como El Espectador, Sport y Nacional. Trabajé muchos años en radio Oriental, hasta que la compró la Iglesia Católica y me fui, pero por voluntad propia. Y luego, nuevamente volví a radio Montecarlo de tarde .
Después de que tuviste el grave quebranto de salud, ¿sentiste que algunos colegas fueron más contemplativos contigo?
No sé... (piensa). No creo que hayan cambiado en el sentido de que ahora les guste lo que hago, sino que quizás algunos vieron mi sufrimiento y se pusieron en mi lugar. Hubo gente que ni veía mi programa y me contaron que rezaba por mi salud.
¿Qué cambió en tu vida personal por el quebranto de salud?
Quizá valorar mucho más que antes a la gente. Quedé sorprendido con el empuje que me dieron muchos, y eso uno lo valora mucho. También me pasa ahora de ponerme de mal humor porque no puedo fumar.
¿Hace cuánto que no fumás?
En estos días se cumple un año de cuando me dieron el alta, y desde esa fecha no toqué un solo cigarrillo. Hay una frase que me dijo el maestro Eduardo Galeano: "Fumar es el impuesto al placer", y es una verdad eterna. Pero cuando me acuerdo dónde estuve..., ni pienso en fumar y valoro más muchas cosas.
¿Qué cosas te pasaron por la cabeza cuando estabas internado?
Recién calibré la gravedad de mi salud cuando me dieron el alta. Estando ahí, me daba cuenta de que bien no estaba, porque me rodeaban cables y aparatos. Lo que seguro no vi fue el túnel, la luz blanca (risas). Me acuerdo de que un día no aguantaba más estar encerrado e intenté sacarme los cables y tubos que tenía puestos. Me puse muy agresivo, pero en general estaba tranquilo. Fui también muy impertinente con las enfermeras (risas). Me acuerdo de que cuando empecé a mejorar y no podía hablar, escribía. Me mandé millones de cartas.
Tuviste discusiones con muchos políticos. Eso, creo, ha llevado a que la gente diga: "Omar es comunista. Omar es de derecha. Omar es terrible facho". ¿Te importa eso? ¿Lo hacés por gusto?
A mí lo que me importa es preguntarle al invitado lo que la gente quiere saber. Uno no es objetivo, es imparcial. Cuando uno pregunta resalta su punto de vista. En las últimas elecciones voté al Nuevo Espacio.
Esa postura frente a tus invitados políticos, la de ponerte como el abogado del diablo, ¿la hacés por inteligencia o por sentido ético respecto a la gente?
Yo me pongo en el lugar de la gente que no puede preguntarle a los políticos.
A veces hay que tener cuidado. Se complica cuando el periodista se transforma en el protagonista, y ese es un paso muy cortito.
Uno cuando invita a alguien a su programa tiene que ser cordial y respetuoso, pero eso no quita preguntar lo que sea. Hay que preparar el clima, no podés preguntar algo fuerte de una.
¿Has tenido algún entredicho fuerte con alguno de tus invitados o llegado a irte a las manos alguna vez?
No, a las trompadas jamás. El incidente más fuerte que tuve fue hace años, cuando vino el cantante español Raphael. Fue antes de que Aznar asumiera como presidente. Yo había visto, antes de que viniera al programa, que Raphael había hablado a favor de Aznar y de Franco. Y como él nunca había hablado de política, siempre hablaba de su trabajo, en un momento le pregunté, sin ninguna mala intención, sobre el tema. Me dijo: "Pues que yo no dije eso", y yo le contesté: "Me parece que sí".
A la tercera vez que le repregunté el que entró a dudar fui yo. Resulta que el tipo se enojó, y con mucha elegancia apuró la nota. Cuando se estaba yendo, mis compañero me contaron que habían escuchado que le dijo a su representante: "¿Y a este anarquista de dónde lo sacaron?". Inmediatamente las admiradoras de Raphael empezaron a llamar al canal poniéndose en su favor. Y como nos quedó la duda, llamamos a la Televisión Española y nos confirmaron que él había hablado sobre el tema.
¿Y algún otro incidente?
No me acuerdo en qué año, pero era en la democracia. Silva Ledesma fue presidente del Supremo Tribunal Militar. Un día lo invitamos al programa porque me parece que él había defendido a uno de los militares. Antes de salir al aire lo saludé y como yo tenía un pantalón verde él me dijo: "Por fin estás usando los colores que corresponden".
Yo le contesté: "Usted no sabía que soy un luchador ecologista desde hace años", y se sonrío.
Empezó el programa y comenzamos a hablar. Después de un rato, él me dijo que yo era de izquierda por el tipo de preguntas que le estaba haciendo. Y yo le contesté: "Cuando usted era presidente del Supremo Tribunal Militar, las personas que pensaban distinto a usted no podían opinar". Ahí quedó el ambiente súper cortado.
Este año en los "Graffitis" te dieron una mención especial. Pero mucha gente del rock decía que no podían creer cómo al grasa de Omar Gutiérrez le daban un premio en una fiesta de rock. ¿Te molesta que te asocien con la cumbia?
Mirá, el primer programa al que fueron todos los número uno del rock nacional fue el mío. Pero a mí no sólo me gusta la cumbia, me agradan todos los géneros musicales. No entiendo ese prejuicio, pero lo respeto.
Aparte, entre semana vienen grupos de rock y los sábados les toca a las cumbias. Por eso muchos nos etiquetan como grasas.
Comparto que hay música buena y mala. Pero la gran mayoría, cuando va a las fiestas, ¿qué música baila? Antes sí me quemaba un poco cuando me encasillaban como un grasa.
¿Qué música escuchás?
Escucho de todo. Incluso grabo discos para escuchar en el auto y casi nunca selecciono cumbias, pero no es que no me gusten. Me gustan todos los géneros musicales. La música es un estado de ánimo; lo que escuchás depende de cómo estés. Empecé a descubrir letras de Tabaré Cardozo, de su penúltimo disco, buenísimas.
Cómo definis a los uruguayos?
Me parece, sin generalizar, que tenemos una mentalidad provinciana, con todo lo que ello implica. Cuando tenemos que dar una mano, a pesar de todo nos llaman y estamos. Incluso los más solidarios son, por lo general, los que menos tienen. Somos también muy quejosos, y queremos un cambio, pero cuando viene y nos toca a nosotros ahí se complica. Queremos el cambio para los demás, pero no para nosotros (risas).
¿Cómo sos cuando estás alejado de los medios? ¿Qué cosas te gusta hacer en tus ratos libres?
Cuando llego a San José voy a ver a alguna de mis hijas, después voy a mi casa y leo casi todos los semanarios que se editan. Leo también la Rolling; algunas cosas las entiendo pero otras ni idea (risas). A veces voy al quiosquito de la esquina de mi casa, es muy paquete: tiene techo de lata pero con aire acondicionado (risas). Me tomo unos mates con la gente de ahí. En San José se da la oportunidad de sentarte en la vereda a tomarte unos mates. Me encanta hacerlo y conversar con los vecinos.
¿Quién es y de dónde salió el "Colorado"?
(Risas)... El "Colorado" es un verdadero personaje, lo queremos muchísimo. Debe de ser el colorado más querido del país (risas). Aparece mucho antes que yo, cuando el canal recién arrancaba, cuando estaba en 18 de Julio y Eduardo Acevedo. Un día llegó y se paró en la puerta. La telefonista le preguntó qué quería y él le dijo que quería entrar. La telefonista, para sacárselo de encima, le contestó que no podía hacerlo pasar y le dijo que viniera al día siguiente en la tarde. Al otro día a las 14.00 estaba en la puerta del canal (risas). Y la telefonista no sabía qué hacer. Le preguntó a un directivo del canal, y como le dio lastima dijo: "Y bueno, dejalo entrar". A partir de ahí no se fue más del canal.
Su trabajo es ser comisionista. Yo lo comparo siempre con el Hombre de la Barra de Hielo de Titanes en el Ring (risas). Era un tipo que pasaba abajo del ring con la barra de hielo en el hombro, no decía una sola palabra y todos hablaban de él y lo conocían. El "Colorado" casi no habla. Es un tipo muy bien; creo que uno de sus objetivos es aparecer en la televisión. Nunca nos pidió absolutamente nada.
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