Por Antonio Elías | docente universitario, sindicalista, miembro de la Red de Economistas de Izquierda (Rediu)
En el V Congreso del Frente Amplio, "Compañero Líber Seregni", se tomaron resoluciones relevantes y contrarias a la orientación dominante en el gobierno en temas fundamentales: derechos humanos (apoyo a la campaña para la anulación de la Ley de Caducidad) e inserción internacional (rechazo al TLC, reafirmación del Mercosur y apuesta al ALBA).
Dichas resoluciones han generado un conjunto de opiniones que pretenden deslegitimar o relativizar el valor de las mismas, cuestionando al Congreso, órgano donde reside la soberanía del FA.
UNO. Nos interesa analizar los planteos de un dirigente frenteamplista, el senador Alberto Couriel ( LA REPUBLICA, 19-12-07) quien sostiene que el FA "como fuerza política sufre una profunda crisis de dirección, lo que limita su capacidad de movilización, la mirada de futuro"; refiriéndose a la Mesa Política cuestiona "su ineficacia como órgano de conducción, su falta de adecuada representatividad y en última instancia su falta de credibilidad" y estima "necesaria la renovación de la orgánica del Frente Amplio".
Afirma, lo que es compartible, que: "La participación de las bases es un elemento central de la identidad de nuestra fuerza de izquierda y nos diferencia nítidamente de la conformación de los partidos tradicionales." Pero luego cuestiona a las bases porque "han perdido dinamismo y autenticidad", y afirma: "Una parte importante de los delegados de los comités de base representa a sus partidos políticos de origen y algunos sectores políticos se encuentran sobrerrepresentados, especialmente el Partido Comunista, el Socialista y el Movimiento de Participación Popular." ¿Acaso la incapacidad de convocatoria militante de los restantes grupos es responsabilidad de la estructura orgánica?
Luego ingresa en otro terreno, también muy controvertible: cuestiona la cultura de consenso porque "otorga mucha fuerza a las minorías, inclusive la posibilidad de veto, lo que atenta contra los principios democráticos." Y en esa línea de razonamiento afirma que "una nueva estructura orgánica debería contemplar la cultura de las mayorías que surgen de procesos electorales." Olvidando, quizá, que la lógica del consenso impulsada y aplicada por el general Líber Seregni explica en gran medida la existencia del FA.
La verdad más contundente viene cuando afirma que el "Congreso de este fin de semana mostró claramente el divorcio entre el gobierno y la militancia política". Lo cual es muy cierto y demostraría las enormes limitaciones de un gobierno que en algunos sectores clave es incapaz de fortalecer las bases de su propia existencia, demostrando su flanco más débil. Sin embargo Couriel, en un análisis más que parcial, afirma: "Las actuales características de los comités de base le hacen perder al Congreso, de alguna manera, su propia legitimidad." Y continúa: "siento que no tendrá influencia en las orientaciones centrales del gobierno nacional". El problema, sin embargo, no está en la orgánica de las bases, sino en la incapacidad que ha demostrado el gobierno nacional, salvo excepciones, para aceptar posiciones contrarias a sus orientaciones.
Reconociendo la natural lucha por el poder político, propone que esto se dirima "en las urnas, en procesos electorales, en procesos democráticos." ¿Quién gana poder, urnas mediante, desmantelando la orgánica? Si se recorre ese camino se avanzará en una dirección contraria a la historia del FA. La militancia no puede ni debe quedar relegada a un papel secundario, un mero espectador al cual se convoca puntualmente para temas electorales y para llenar espacios en reales o pretendidos festejos.
DOS. Con todas las carencias, tironeos y prensa en contra, este Congreso del Frente Amplio es una de las actividades más participativas que ha tenido "la fuerza política" en muchos años.
Su principal insuficiencia fue inducida: se lo pretendió reducir a la "orgánica", como si un instrumento histórico que se han dado miles de uruguayos, que incluso han dejado la vida y la libertad en ello, pudiera dejar de debatir su estrategia y la marcha de su hijo institucional: el gobierno nacional. Jerarquizar los defectos de la "orgánica" es poner el telescopio al revés.
No es casual ni inocente centrar el debate en las carencias de la estructura dejando de lado lo principal: las diferencias de fondo sobre el programa y la agenda del gobierno. No es válido ni legítimo pretender que las bases militantes se sometan al "seguidismo" de una burocracia que siente que "lo correcto" es aquello que se dicta desde algún lugar del Ejecutivo.
Existen diferentes ámbitos de acción, uno es el del partido y otro el del gobierno, pero es peligroso sostener que deba haber subordinación del primero al segundo. Cuando el debate, la crítica y la discrepancia molestan al "poder establecido", estamos ante un problema muy serio y ajeno al "ethos" frenteamplista.
El V Congreso optó, desde el punto de vista ético, por una política y una economía que privilegian las necesidades de la mayoría y el desarrollo autónomo del país, contradiciendo así la política actual, que antepone el mercado, los negocios entre privados y la ganancia de unos pocos.
Se reafirmó, a su vez, que el FA nació y creció con todo lo que en vidas humanas significa para cambiar la sociedad en un sentido claramente contrario a la oligarquía y al imperialismo. En esa perspectiva, se propuso llegar al gobierno, desplazando a los partidos tradicionales, de forma que ese gobierno fuera un instrumento superior para el cumplimiento de sus propósitos esenciales.
Para recuperar la iniciativa el gobierno luce agotado y a la defensiva se precisa una nueva agenda, que retome los lineamientos del V Congreso, y la participación organizada de la sociedad, lo que debe comenzar sin lugar a dudas por el fortalecimiento de la orgánica frenteamplista. Es necesario apoyarse en el pueblo militante levantando banderas que convoquen al trabajo, a la entrega, a la lucha por ese Uruguay tan querido, el de todos los orientales honestos.
TRES. El FA es como un árbol. Tiene una copa muy visible: los miembros del Ejecutivo, los legisladores, nacionales y departamentales. Allí se observan las flores, los frutos y también las hojas que generan la imprescindible savia. Pero, también cosa que muchos parecen olvidar están las raíces, los comités de base, hundidos en la tierra, extrayendo el agua y los nutrientes que el árbol necesita para crecer. Si se cortan las ramas, muchos árboles mueren, pero otros subsisten y se renuevan. Si se cortan las raíces el árbol se seca y muere. Una organización que destruya sus raíces se suicida.
En estos días las compañeras y compañeros de los Comités de Base se reúnen para despedir el año y renovar los lazos consolidados en el trabajo codo a codo. Con ustedes, portadores de las mejores tradiciones y convicciones del Frente Amplio, alzamos nuestra copa para saludar, brindar y reafirmar el compromiso militante. A redoblar esfuerzos, a defender la esperanza, a construir el futuro. ¡Vivan los compañeros siempre!
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