Por Alberto Couriel | Senador de la República
A casi tres años de la asunción del primer gobierno de la izquierda uruguaya surge una evaluación muy positiva de su gestión. Las encuestas le siguen dando un predominio electoral al Frente Amplio, y Tabaré Vázquez y José Mujica siguen teniendo una popularidad superior al 50%.
El gobierno de Vázquez recibe un país con una deuda en moneda extranjera superior al 100% del PBI; un proceso migratorio que es una verdadera sangría para el país porque se van los jóvenes y los más calificados que son imprescindibles para enfrentar este nuevo mundo del conocimiento y de extraordinaria velocidad en los cambios tecnológicos; un Estado sin capacidad de reflexión, sin la calificación adecuada para la necesaria conducción económica; y, sobre todo, una situación muy crítica en el ámbito social porque un tercio de los uruguayos vivía bajo la línea de pobreza, más del 13% se encontraba desempleado y una profunda fragmentación social con guettos de pobres y de ricos que aumentó las desigualdades y afectó las características de integración social del Uruguay histórico.
La situación mejoró sensiblemente por el elevado crecimiento del PBI de alrededor del 7% acumulativo anual. Sobre este crecimiento influyeron factores externos e internos. Entre los factores externos se destacan el fuerte crecimiento de los posprecios internacionales de los productos de exportación como carne, trigo, soja, lácteos y arroz. Como dice el "Pepe" Mujica: "No sabíamos que Dios era del Frente". Debemos recordar que también nos afectó el alto precio internacional del petróleo. Otro factor externo derivó del dinamismo del sector de la construcción especialmente en Punta del Este, Fray Bentos y Montevideo con financiamientos externos. Entre los factores internos destacan la confianza y credibilidad que generó el gobierno sobre los agentes económicos, no cumpliéndose las previsiones de la oposición quien lamentaba que la llegada de un gobierno de izquierda traería fuga de capitales, especulación, altas devaluaciones y elevada inflación. Por el contrario, se logró una aceptable estabilización financiera y de precios. Otro factor interno derivó del aumento de la recaudación fiscal derivado del propio crecimiento del PBI y de una mejora de gestión administrativa en las oficinas recaudadoras. El gobierno no planteó rendiciones de cuentas de un solo artículo con gasto cero sino que atendió los planes de emergencia social, el Plan de Equidad, mejoró el financiamiento para el sistema educativo y para la reforma de la salud. Por otro lado, una política salarial con negociaciones colectivas y consejos de salarios facilitó el aumento de los salarios reales. Los aumentos de salarios y del gasto público facilitaron el aumento de la demanda interna lo que también ayudó al elevado crecimiento del PBI.
El alto crecimiento del PBI está en el centro de las mejoras económicas y sociales en este período. El desempleo abierto bajó al 8,5%, es decir, descendió más de cinco puntos porcentuales en menos de tres años lo que muestra un avance significativo. La baja del desempleo abierto tuvo un papel relevante en el descenso de la pobreza y la indigencia, y en el incremento del salario real. En este último caso, con la influencia del mayor poder de negociación de los asalariados urbanos sindicalizados. Vale la pena señalar que aun con mejoras se mantienen altos niveles de trabajadores informales, subocupados y precarios. A tal efecto importa señalar el desafío para el gobierno de avanzar hacia políticas activas de empleo, sobre todo de demanda de empleo, que requiere avances en definiciones sobre la estructura productiva que son inherentes al proyecto nacional y a los principales rumbos estratégicos a conformar en el futuro.
Junto a las mejoras económicas y sociales se avanzó enormemente en el tema de los derechos humanos. Se encontraron e identificaron cuerpos de desaparecidos, aunque todavía falta mucha información. Se avanzó en verdad y justicia, estando actualmente en prisión el "Goyo" Alvarez, Bordaberry, Juan Carlos Blanco y la banda de Gavazzo. Era difícil que pudiéramos imaginar estos logros en la asunción del gobierno del Frente Amplio. En el pasado fueron procesados funcionarios y políticos de los partidos blanco y colorado. Hoy el Frente Amplio perdió su invicto al ser procesado con prisión el Cr. Bengoa. Dos reflexiones importan: la demostración inequívoca de la independencia del poder judicial con respecto al poder político, lo que es extraordinariamente importante para la democracia. Por otro lado, la necesidad de combatir con el mayor rigor el tema de la corrupción, venga de donde venga, afecte a sectores de la sociedad, a los políticos y a los funcionarios públicos. La calidad y la credibilidad de la democracia están en juego porque el fenómeno de la corrupción las afecta. Los uruguayos hemos revalorizado la democracia, basada en el respeto y la tolerancia al otro, el de otros valores, culturas o religiones. La democracia es un fin en sí mismo, es un estilo de vida y para consolidarla es imprescindible atacar con la mayor fortaleza el tema de la corrupción.
Con estos resultados, las posibilidades electorales del Frente Amplio siguen siendo muy elevadas. Pero por supuesto todo no es perfecto. Hay problemas en la orgánica de la fuerza política, parecería que el tema del relacionamiento con EEUU no se salda, no hay políticas activas sectoriales y selectivas, hemos planteado diferencias con la reforma tributaria y de salud, y la política cambiaria es de una enorme vulnerabilidad. El balance general es muy positivo y los avances y mejoras pueden incrementarse en estos dos años de gobierno, sobre todo porque las condiciones internacionales seguirán siendo favorables.
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