Jueves, 27 de diciembre, 2007 - AÑO 10 - Nro.2771
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Por Eleuterio Fernández Huidobro | Senador nacional y escritor

Desde el memorable debate entre Mujica y Neber Araújo en torno a las vaquitas, iniciado realmente mucho antes y continuado hasta hoy, es ya casi una costumbre nacional oír que Uruguay no debe apostar al agro. Proponen desarrollar actividades que agreguen más valor.

Es un serio debate: de los mejores que podemos encarar.

Pero creo que quienes repiten lo anterior están omitiendo destacar algunas grandes realidades que se han venido produciendo.

Me refiero por ejemplo al desarrollo del sector servicios, que ya aporta en Uruguay más de la mitad de su PBI.

Pero me quiero referir hoy al gran desarrollo portuario y por ende logístico. Da la mala sensación de que algo tan grande esté pasando desapercibido para demasiada gente.

El Puerto de Montevideo nos ha quedado chico; genera embotellamientos; carece de espacio; se "desparrama" por la ciudad y, en forma evidentísima, por las granjas de "atrás del Cerro" y por los bordes de las rutas 5 y 1.

Basta un paseo por esos lares, metiéndose por los caminitos vecinales, para observar cómo "el agro" viene siendo desalojado por la logística. Viñas ancestrales y extendidas han sido arrancadas de cuajo, sin miramientos, por máquinas inclementes bebedoras de gasoil, que luego han tapado todo con balasto para, por fin, pasarles la aplanadora y poblarlas de contenedores, camiones, grúas, galpones, chips de madera, talleres...

Basta con ir hasta Nueva Palmira y mirar. Basta con recordar que como ya lo dijimos desde el principio, lo de Botnia es más bien un lío interportuario disfrazado de ambiental.

El viejísimo lío. La estrategia. La geopolítica. Las arterias fluviales y abiertas de América del Sur, que desde lo más profundo del continente desembocan en la escollera Sarandí.

Obviamente ese crecimiento de grandes guarismos acumulativos y anuales, sostenido e imparable hasta hoy (fue el único sector que siguió creciendo en plena crisis del 2002) y previsiblemente hasta muy dentro del futuro, implica una nervadura que extiende sus redes por la vastísima región, llegando incluso a los puertos del Pacífico. Implica servicios financieros, endiablados problemas logísticos, especialistas de todo tipo, ferrocarriles, puentes, terminales aéreas, carreteras, buenas comunicaciones para contactos con el exterior tanto regional como mundial, seguridad, reparaciones, cambio de tripulaciones... En fin, una larguísima lista de actividades que agregan valor y nada tienen que ver con el agro (salvo llevar sus productos y traerle sus insumos).

Hace poco chocó un crucero turístico con una chata. El enorme crucero fue al "chapista" y el chapista estaba ahí. La reparación se hizo de inmediato en el dique de Tsakos desde donde hace poco botaron dos enormes barcazas fluviales hechas enteramente acá. Este breve relato destaca dos cosas: los diques nacionales, la industria naval forman parte inseparable de la "ventaja comparativa" que incide en tomar la decisión de traer, o no, esos buques a Montevideo. Tal infraestructura, con su mano de obra calificada y los talleres especializados que la rodean, no se construyó en dos meses: un buen soldador o un buen calderero tienen, forzosamente, décadas metalúrgicas de aprendizaje.

Cuando los barcos llegan vienen volando sobre él las gaviotas y miles de puestos de trabajo en tierra. Hay que mirar bien para verlo. Cuando las flotas pesqueras del Atlántico Sur nos eligen como "su" apostadero, no sólo traen pescado. Hay que brindarles todos los servicios: agua potable, alimentos, manejo industrial de esa pesca, cámaras de frío, herramientas de pesca para sustituir las que se rompieron, reparaciones del más variopinto tipo, hoteles y aviones para el cambio de tripulaciones políglotas y numerosas, camiones, agentes financieros y portuarios de toda laya, pintura y pintores, combustibles y lubricantes en cantidades industriales... Una lista de no acabar.

Lo mismo pasa con todo otro tipo de buques y de cargas.

Conviene subrayar que ese gran movimiento proviene y va al exterior. La parte "uruguaya" de ese comercio de entrada y salida es la menor.

Exportamos, entonces, y por grandísimas sumas, servicios logísticos y portuarios. En Montevideo y a lo largo de todos nuestros litorales (marítimos y fluviales).

Y eso va a crecer.

Hace ya un rato que no somos solamente pastores. Somos estibadores y carpinteros de ribera. Aunque no nos hayamos dado cuenta. Aunque no lo queramos ver.

Montevideo no quiso saber que es un puerto. Y por no quererlo se tapó los ojos.

Hace unos días los blancos propusieron en el Senado un gran debate nacional sobre nuestro destino portuario. Es decir: sobre gran parte de nuestro destino. Mal asesorados, "colocaron" tamaño tema justo cuando entraban los del Congreso del Frente Amplio y los de Gregorio Alvarez y Bengoa; todos tan previsibles. El Destino quedó para después.

Tenemos un gran lío en el Puerto de Montevideo: grandes inversores nacionales y mundiales pelean entre sí por construir, o no, una nueva terminal de contenedores, creando para ello una isla artificial en la bahía. Nos disputan un lugar. Nos quieren...

No es gente tonta: si trae tanta billetera no ha de ser para perderla.

A doscientos kilómetros Rocha, ahora con protector solar, los mira, acecha y vigila. El Chueco Barrios se agazapa detrás de los contenedores. Puntigliano le ha visto la sombra...

El "Toto" Rossi recorre playas en el Lejano Este: dice que anda buscando caracoles.

Gargano, con trajecito marinero y catalejo, anda mirando varias cancillerías de América del Sur. Envía mensajes cifrados.

Papá Noel, hace siglos, nos trajo veinte metros de profundidad natural a pocos metros de la costa oceánica. Miremos el mapa.

Los nuevos buques portacontenedores son mastodontes que necesitan por lo menos dieciséis metros de calado.

Un puerto de aguas profundas en Rocha sería el mejor de Argentina. El mejor puerto atlántico de Bolivia, Sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile. Miremos el mapa.

Porque Rocha es nuestra pero la carga es de ellos.

El Dedo del Destino lo quiso así.

La integración de nuestros pueblos podrá ser muy discutida en términos teóricos y políticos. De hecho lo fue.

Pero desde el punto de vista de infraestructuras racionales, de ferrocarriles, carreteras, puentes, aeropuertos, ríos, lagunas, mares y continentes; de las riquezas que deben ir y venir por vías y modos más económicos y "normales", resulta indiscutible.


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Cierto es, y nos queda mucho mapa por mirar, pero sobre todo, mirarlo de "esa manera" y VER lo que hay, los que PODRÍA HABER, sabes que se me hace muy corto el aporte que debería estar dando la Universidad, y sería hora de pedirle alguna cuenta, tanto costó defenderla, vidas entregadas generosamente, sacrificios, y ahora que verdaderamente se le necesita, solo le pedimos su esfuerzo intelectual, que alarguen sus miras, tras inciativas como esta, y otras, pero sobretodo le reclamo "parir las iniciativas audaces, y renovadoras, revolucionarias, si que cambien el futuro de nuestra realidad.
Un abrazo
Ricardo Prieto López Lenguita 2552 - 27/12/2007 - 19:18 (#0)
AdsBot - 09-01-2009 - 01:40 (#1)
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