Miércoles, 02 de enero, 2008 - AÑO 10 - Nro.2776
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En el País de Varela, Yo Sí Puedo. En veinte días egresarán 3.000 participantes del programa del Mides y la ANEP

Quince adultos aprenden a leer y escribir en el barrio Cadorna

El programa "En el País de Varela, Yo Sí Puedo" del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) están por completar la alfabetización de 3.000 uruguayos. LA REPUBLICA visitó "La Tierrita", un centro cultural del barrio Cadorna, sede de la experiencia.

Matías Rótulo

Ellos pueden. En el barrio Cadorna, unos 15 adultos de entre 20 y 77 años participan del Plan de alfabetización "En el País de Varela, Yo Sí Puedo".
Ellos pueden. En el barrio Cadorna, unos 15 adultos de entre 20 y 77 años participan del Plan de alfabetización "En el País de Varela, Yo Sí Puedo".

En la curva se trancó, pero con mano firme impulsó la madera para que siguiera su camino. La ruta trazada en el papel comenzaba desde arriba hacía abajo, apoyada en el renglón; la "jota" cursiva se iba divisando. El ritual proseguía y la "u" comenzaba su viaje delante de la "e", que se quedaba en el medio de la "uve", algo desalineada ésta última. Luego nació del trazo del lápiz la siguiente vocal "e" y cuando la "ese" se dibujó inmaculada, por fin quedó escrito ese "jueves". Sus miradas comparaban su escritura con la del pizarrón. Haydée debía darse vuelta, ya que tenía a su espalda a la maestra y al negro de madera donde la tiza crujía en la tarde.

 

El jueves

Ese día, los dos grupos que concurren de lunes a jueves 3 horas diarias, en Luis Batlle Berres y Las Cañas, se juntaron en uno solo para recibir a LA REPUBLICA. Fuimos testigos de la clase número 54 en La Tierrita. A veinte días de terminar el curso de alfabetización, estos 14 hombres y mujeres proyectan no sólo saber leer y escribir.

 

Historias

A muchos los llevaron sus vecinos, otros fueron inscriptos hasta sin su consentimiento, algunos eran beneficiarios del Plan de Emergencia del Mides, y participaban del programa "Trabajo por Uruguay". Todos comenzaron las clases hace un par de meses y hoy pueden hacer algo que para muchos es muy común: firmar.

Tres hojas fueron circulando alrededor de la mesa para que escribieran sus nombres y apellidos, con el fin de que nosotros los identificáramos al escribir este artículo, pero también para atesorar el logro de estos luchadores que no esconden sus historias, que si bien son propias, pueden ser de cualquiera de nosotros.

 

En Braille, sí

Gustavo ya sabía leer, pero en Braille. Su ojo izquierdo está ciego, y en el derecho tiene una visión limitada debido a una catarata. "Tenía una cuenta pendiente, el aprender a leer y escribir", explicó este peculiar personaje que debe acercarse al papel, respirando sobre las letras que ahora aprendió a hacer.

De una sonrisa por palabra, Alberto, un hombre que también nació siendo sordo y mudo, y que afrontó con éxito otros problemas de salud, ahora se enfrenta a sí mismo. "Tengo que seguir adelante", suelta antes de mostrar su siempre amistosa sonrisa. La maestra lo observa mientras cuenta su historia, al igual que Haydée, una señora que había llegado tarde a la clase 54, pero que a medida que sus compañeros contaban sus experiencias, no demoró en empañar sus ojos.

"Esta es una experiencia muy buena", destacó Haydée y se detuvo para pensar un instante. Algún murmullo ganó el silencio pero la voz de Haydée fue más fuerte. "Cuando era niña no pude estudiar, hice sólo hasta segundo año de escuela", sentenció. La desatención de su padre no la dejó avanzar, según relató, con el lápiz en la mano, moviéndola lentamente, como escribiendo también en el aire.

 

Apoyo

Las experiencias negativas en la vida de cada uno de estos emprendedores nos hace pensar en lo difícil que puede ser lograr un objetivo básico como es el aprender a leer y escribir: primera etapa para avanzar en la vida de la educación formal. Detrás de estas historias también hay un aspecto que ninguno de los participantes en La Tierrita dejó de reconocer: "el apoyo de la familia".

A José le llegó un mensaje de texto por su celular, se lo dio a su hijo para que lo leyera, y en ese mensaje se lo invitaba a participar del programa de alfabetización. Hoy trabaja en la Intendencia Municipal de Montevideo cuidando las volketas. "Yo quiero aprender a leer y a escribir, para avanzar en mis estudios y poder así lograr un ascenso en mi trabajo", destacó José, que a cada instante era interrumpido por Sebastián, quien parece ser el más inquieto en la clase. La maestra bromea con él sobre "el silencio" que mantuvo al iniciar esta entrevista. Sebastián es argentino, y procura obtener la documentación uruguaya. En el vecino país tiene a una hija de siete años a la cual pretende "poder ayudar, por ejemplo, cuando tiene que hacer sus deberes".

Frente a Sebastián, y con un silencio que poco pudo ser profanado por el intento de la maestra para que hablara, estaba sentada Norma. Es una de las más jóvenes del grupo junto con César, que tiene 20 años y que tuvo que salir a trabajar muy joven. Norma es la sobrina de Susana, quien se integró al grupo después de participar en el programa Trabajo por Uruguay. Allí "cortaba el pasto" y, según confesó, al principio la "avergonzaba venir", explicó, mientras Haydée la interrumpió abruptamente y dijo: "Mi hija tiene 47 años y tampoco quiere venir".

Norma, mientras tanto, se mantenía en silencio. "Contá tu historia, no hablaste nada", dijo la maestra. "Yo vivía en el campo y mi madre me dijo que fuera a trabajar y no pude estudiar", sostuvo. No poder leer y escribir le causó varios prejuicios. Uno de ellos, tal vez el más incomprensible, es el de aquellos que se reían de ella porque no sabía firmar. "Un día fui a cobrar al banco y como firmaba con el dedo el funcionario se río de mí", contó. Ahora, sabiendo firmar, y manteniendo sus planes de seguir estudiando apicultura, "porque es algo que me gusta", tal como anunció, dijo estar "muy agradecida" por la oportunidad que tiene.

 

Sin vergüenza

La vergüenza tal vez fue el primer problema para solucionar, pero no el más grave. De todas formas debieron enfrentarla ante quienes se reían porque ellos no sabía firmar. Para buscar trabajo tenían que ir acompañados por alguien que llenara los formularios por ellos. Esto ocasionaba que automáticamente los rechazaran. "Vos fijate que para entrar como auxiliar en Primaria te exigen la escuela completa", destacó Ferraz.

Pero si hablamos de dificultades, los alumnos de La Tierrita deben sortear una a diario. Algunos de los alumnos tienen que caminar hasta treinta cuadras para llegar. La imposibilidad de tomar ómnibus por la falta de dinero afecta a la mayoría de los estudiantes. De todas formas, la maestra reafirma que el interés de sus alumnos es "total" y que "casi nunca faltan".

 

Traigamos a uno

La maestra Lilián, con 21 años de docencia, lleva adelante este grupo en su primera experiencia en el programa. "Por suerte tenemos a esta gran maestra", dijo uno de los alumnos para hacer que las lágrimas de Lilián brotaran sin disimulo. "Ella nos motiva y nos apoya en todo", dijo Haydée. Pero la principal motivación proviene de ellos mismos.

Una vez que terminen el curso tienen varios compromisos. Uno de ellos es el de "continuar leyendo todo lo que puedan", tal como día a día le pide Lilián a sus alumnos. Otro de los objetivos es que sigan adelante con sus estudios, lo que podrán realizar gracias a los cursos que brinda el Area de Jóvenes y Adultos de la ANEP. El tercer objetivo planteado es que cada uno de los participantes de La Tierrita traiga un nuevo alumno para el próximo curso. Esta iniciativa surgió desde la visita de representantes alemanes y bolivianos a La Tierrita. "En Bolivia se realiza la experiencia de que cada alumno que se alfabetiza debe traer otro alumno a clases", explicó la maestra.

 

El origen

Nuestro país llamó la atención mundial por un hecho educativo relevante que comenzó este año: la aplicación del Plan Ceibal. Pero otro de los puntos fuertes que acaparó la mirada de los países latinoamericanos fue la aplicación del programa cubano "Yo Sí Puedo". Visitamos al encargado en nuestro país del plan de alfabetización Yamandú Ferraz, del Mides.

En su oficina del octavo piso de la sede ministerial, él mismo, junto con el maestro José Abella, ensobraban las tarjetas de fin de año que serán dirigidas a alumnos y maestros. La montaña de tarjetas "da muestra de la cantidad de personas que participan en esto".

Ferraz destacó el importante avance que se ha tenido en cuanto al proceso de alfabetización. "Tenemos pensado en esta etapa alfabetizar a más de 3.000 alumnos", destacó, como "un compromiso de toda la sociedad".

Argumentó que "no es responsabilidad de ningún partido político" sino "de todos nosotros, el hecho que estos ciudadanos en algún momento tuvieran que dejar de estudiar.

Este proyecto comenzó a gestarse en 2006. En abril de 2006, en La Habana, Uruguay participó en la comisión mixta de cooperación económico - industrial. En junio de ese año, nuestro país también participó en la capital cubana del Seminario de Alfabetización. Ferraz fue uno de los representantes uruguayos, quien viajó junto a las maestras Ana Acosta y Cecilia Peraza. Tiempo después, el 13 de marzo de 2007, Uruguay firmó un acuerdo con Cuba para la aplicación de un Plan Piloto.

"Nosotros queremos que esto no termine acá, que se instale en nuestro Estado y que se siga realizando", dijo Ferraz a LA REPUBLICA. Mencionó su preocupación por la situación en nuestro país en cuanto el analfabetismo.

"Nosotros tenemos contabilizadas a las personas analfabetas que participaron del Panes, pero ese no es todo el universo", dijo con algo de preocupación. Pero más allá de preguntarle sobre el proyecto, trasladamos al jerarca una inquietud de los alumnos de La Tierrita, que pretenden que la fiesta de fin de año se haga en el local donde estudian, ya que "van a ir a verlos los patrones, y los familiares", dijo la maestra Lilián, que agregó que, además, allí tienen escenario.

 

Doña Soledad

Con un dulce voz, como apaciguando la ansiedad de los estudiantes, Lilián recorre con su mirada cada cuaderno sin decir una palabra. Una larga mesa vestida con tres manteles (violeta, rojo y celeste) está en la habitación que mantiene una ventana abierta para que el calor no haga tantos estragos. De vez en cuando un pequeño perro gris, cachorro, se pasea entre los pies de los alumnos. Un particular perfume dulce envuelve la habitación que de tanto en tanto se llena de silencio mientras los alumnos escriben. Al terminar la mesa, sobre un muro que originalmente fue diseñado para que sirviera de mesada de cantina, reposa el aparato reproductor de DVD y un televisor. Al principio del video se escuchó la voz de don Alfredo Zitarrosa, que parecía cantarles al oído a los alumnos: "Yo le converso de más, doña Soledad, y usted para conversar hubiera querido estudiar (...) Cierto que quiso querer pero no pudo poder, doña Soledad, porque antes de ser mujer tuvo que ir a laburar".

Mientras tanto, pasaban imágenes de lugares típicos y fiestas de nuestro país. Los alumnos miraban a su frente, el televisor destellaba sus imágenes, Zitarrosa le daba lugar a sus guitarras y un murmullo ganó el lugar. Un murmullo que se detuvo sólo en el oído de muy pocos.

"Es hermoso lo que dice la letra", dijo alguien, una alumna. De tan bajo que lo dijo, al intentar identificarle la voz, ésta se perdió entre los lápices desparramados y los cuadernos abiertos de sus compañeros, cuando ya un sacapuntas afilaba un lápiz pronto para viajar por el papel.

 

Podrán

La maestra, en el video grabado en Cuba por actores uruguayos, indica la página del libro en el que van a trabajar ese día. Entonces todos los alumnos abren su manual en la página catorce. "El video sirve de apoyo para la maestra que trabaja en la clase", explicó Ferraz, "pero no la sustituye". Es algo que Lilián sabe utilizar muy bien, y destacó que "es un muy buen recurso".

Una clase se representa con un grupo de adultos que también se están alfabetizando. Un personaje llamado "Bienvenido" aporta información para que ésta pueda ser aplicada en clase. Esta vez los alumnos de La Tierrita, en el barrio Cadorna, trabajarán en su clase número 54 con la palabra "podrán".

"Vamos a separarla en sílabas", indicó Lilián. "Po-drán", advirtió Alberto. Los otros pensaron, y dos segundos despúes reafirmaron lo que había dicho su compañero.

Ellos (José, Carmen, Mirta, Norma, María Esther, Sebastián, Haydée, César, Ana Laura, Susana, Juan, Gustavo y Norma) un buen día decidieron aprender a leer y a escribir. Entonces estos hombres y mujeres comprometidos con ellos mismos no sólo aprendieron a separar en sílabas la palabra "podrán", sino que supieron aplicar este verbo en toda su expresión. Porque si hay algo que nadie duda, y mucho menos ellos, es que en su país, que también es el país de Varela, sí se puede.


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