Por Antonio Elías | / Docente universitario, sindicalista y miembro de la Red de Economistas de Izquierda (Rediu)
Para comprender la naturaleza del imperialismo contemporáneo hay que evaluar los alcances, límites y perspectivas de la globalización neoliberal. A la vez, para construir opciones antiimperialistas es necesario analizar las contradicciones objetivas del capitalismo globalizado y sus formas actuales de manifestación. Por mucho que nosotros separemos "lo político" y "lo económico", la principal potencia imperialista contemporánea, Estados Unidos, lo reúne todo bajo su estrategia de seguridad nacional, en que la fuerza militar ocupa un lugar principal. Algunos dicen que apoyan el TLC porque sirve "comercialmente", pero ese TLC es parte de un "combo imperialista", en que tratados e invasiones son parte de una sola y única estrategia.
Entendemos imperialismo como la tendencia de un Estado a expandirse territorial, militar, cultural, económicamente a costa de otros estados generalmente menos desarrollados tecnológicamente.
Uno. La globalización es un proceso de expansión del capitalismo --basado en el creciente desarrollo de las fuerzas productivas-- que se realiza a través de la eliminación de las fronteras económicas, la desregulación de los mercados, la privatización de las empresas públicas y la flexibilización del trabajo.
Entre los varios éxitos de la globalización, para el gran capital, destacamos dos: recompuso la rentabilidad del capital, propiciando la recuperación de la tasa general de ganancia en los principales centros del capitalismo mundial; logró la expansión del ámbito de acción del capital, al incorporar vastas zonas del planeta a la lógica del mercado mundial capitalista. Todo ello facilitado por el derrumbe del bloque soviético y la incorporación al "mercado" en el proceso económico de China.
En el marco de la expansión capitalista se produce el surgimiento de nuevos polos dinámicos de acumulación y crecimiento económico --donde se destacan China, India, Rusia y Brasil-- que tienden a modificar radicalmente la estructura de las relaciones económicas y políticas internacionales y que, en particular, han puesto en entredicho la hegemonía de EEUU.
Complementariamente, se agudizó la lucha de clases --en el interior de cada país y a escala mundial-- debido al profundo deterioro en las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora y, en general, de las clases no propietarias.
En el marco del empobrecimiento general de las economías periféricas --por la división internacional del trabajo-- relegadas a la producción y exportación de bienes con poco valor agregado, se crean las condiciones para impulsar opciones de desarrollo que, con los matices y particularidades de cada país , son críticas del modelo neoliberal de acumulación, tales como Venezuela y Bolivia.
La conflictividad internacional, asimismo, se agudizó por el despliegue abierto de las tendencias imperialistas --a partir del derrumbe del bloque soviético-- en Europa Central, los Balcanes, Afganistán, Irak, etcétera.
Dos. La situación actual de la economía mundial es esencialmente contradictoria como lo demuestran los datos del primer semestre de 2007. Por un lado, se presentan signos de desaceleración en los países centrales: Estados Unidos creció apenas (1,9%), la Unión Europea (3%) y Japón (2%). En contraste, los polos dinámicos emergentes, los llamados BRIC, presentan, en igual período, altas tasas de crecimiento: Brasil (4,4%), Rusia (7%), India (8,9%) y China (11,5%).
Observada desde la perspectiva de los centros, la economía capitalista se desacelera, lo que permite prever el comienzo de una recesión cíclica que pondría fin a la expansión iniciada en 2002. Esta recesión afectará muy negativamente la dinámica económica mundial, dado que estos países representan más de la mitad del producto mundial y son, además, el centro de operaciones de las empresas transnacionales más grandes del planeta.
Las estimaciones para 2008 mantienen la trayectoria señalada para ambos bloques de países. Como resultado de estas dos tendencias contrapuestas, podría suceder, como en 2001, que la recesión sea relativamente más profunda en el centro y relativamente más moderada en el resto del planeta.
Tres. En el plano estructural, se experimenta una transformación de la economía mundial que junto con modificar el peso relativo de los distintos países y bloques , profundiza la interdependencia entre los mismos.
Hay, pues, signos de mutaciones estructurales de largo plazo. En ese sentido, se destaca que el debilitamiento de la economía de Estados Unidos va acompañado por el fortalecimiento de las empresas transnacionales estadounidenses y la exacerbación de su política belicista.
La participación en el producto mundial de los países centrales medido por muestra una tendencia decreciente: la Unión Europea pasó de representar el 25,5% en 1992 a 21% en 2006; Japón por su parte pasa, en igual período, de 8,8 % a 6.3%; Estados Unidos que había logrado el 21% promedio de 1980 a 2000 sólo alcanza en 2006 un 19,7 %.
Como contrapartida, entre 1992 y 2006, China duplica su participación pasando de 7,1% a 15,5% y la India crece de 4,4% a 6,3%.
La expansión de China se ha basado en el auge de las exportaciones hacia Estados Unidos y en las estrategias de relocalización global de las empresas transnacionales. Dichas empresas, muchas estadounidenses, buscaron aumentar su rentabilidad reubicando su plataforma productiva en China para exportar desde allí a EEUU.
La India se expande con base en la relocalización global de las corporaciones transnacionales en su territorio y al desarrollo de algunos sectores de tecnologías de punta. El alto dinamismo que ha tenido Rusia en los últimos años está vinculado con el sostenido aumento de los precios internacionales del petróleo y el gas natural.
Cuatro. La economía de Estados Unidos es cada vez más vulnerable ya que, en los últimos años, su crecimiento se ha sustentado en factores inherentemente desestabilizadores: los déficits gemelos (fiscal y externo) y las burbujas especulativas (inmobiliaria y bursátil).
Los déficits gubernamentales han sido financiados con la venta de Bonos del Tesoro a extranjeros y los déficits en cuenta corriente - causado principalmente por el déficit comercial y, en menor medida, por las rentas de capital provenientes del exterior que se han hecho negativas - han sido cubiertos con capitales del exterior atraídos por las burbujas especulativas.
Entre 2000 y 2007 la deuda externa global de la principal economía del mundo se incrementó en 4,6 billones de dólares. Lo cual acrecienta la dependencia financiera de Estados Unidos con respecto al resto del mundo y genera, a su vez, una interdependencia contradictoria con sus principales acreedores, en particular con China.
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