Tercera época Por Antonio Pippo
Wimpi dijo, en su tiempo, que los psiquiatras prudentes no se atrevían a marcar el límite que separa la supuesta locura de la también supuesta cordura.
Años más tarde, el profesor Roberto De Bellis, al prologar un libro del psiquiatra Enrique Probst y refiriéndose a las características de las enfermedades mentales, postuló que "la evolución social, política, económica, cultural y moral de la humanidad genera una multiplicidad de factores externos que van a condicionar respuestas individuales diversas, según la conformación psíquica de cada individuo". Observe, lector, la inclusión con exquisita sobriedad científica de la actividad política entre las circunstancias influyentes.
Se me ha ocurrido, en un rapto de audacia metafórica que quizás me obligue a hacer terapia, que esos comentarios de Wimpi y De Bellis, prefigurando el desdibuje del límite alguna vez claro entre el loco y el cuerdo, podrían explicar cierta propensión de blancos y colorados a interpelar a ministros del gobierno, a sabiendas de que tan repetida y extenuante acción, en las actuales circunstancias no cambiará las cosas; es decir, no tendrá el resultado al que aspiran.
Pronto volverá a ocurrir. El impetuoso Jorge Gandini interpelará a Danilo Astori, cartón ligador. El motivo obvio, puesto que Gandini ya lo ha explotado a través de los medios de comunicación es el llamado "caso Bengoa".
Ciertamente, le asiste a la oposición el derecho de insistir en este recurso, cuya legitimidad es indiscutible. No se trata de eso, sino de las consecuencias objetivas; todos saben que no habrá admisión de culpas ni censuras. ¿Entonces? Para no terminar creyendo que aquella audacia metafórica sugerida antes puede explicarlo, hay que pensar que los interpelantes están convencidos de que, por darse en un escenario más resonante, el simple abundamiento de informaciones e inferencias ya usadas dejará dividendos.
Yo creo que no, pero, como siempre digo, puedo estar equivocado.
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