Lunes, 21 de enero, 2008 - AÑO 10 - Nro.2796
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Reforma Constitucional y Reelección

Por Constanza Moreira Politóloga. Universidad de la República. Este espacio fue ocupado desde 1999 por los fermentales análisis de Hugo Cores.

Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.

Distintas versiones han circulado estos días sobre la eventualidad de impulsar una nueva reforma constitucional. Las iniciativas de reforma deben tomar en cuenta los períodos en los cuales ésta puede ser impulsada (suponiendo que la oposición no apoye la iniciativa, en cuyo caso podría ser votada en cualquier momento). Una primera alternativa es que se vote con las elecciones de 2009. Una segunda, es impulsar una Convención Nacional Constituyente, que debería elegirse el año que viene, y sesionar rápidamente a fin de tener sancionada una nueva carta constitucional para el año 2009. En cualquiera de los dos casos, el año de las elecciones nacionales coincidiría con el año en que se voten las modificaciones que se quiera introducir a la Constitución.

¿Cuáles serían los temas a ser abordados en una reforma constitucional? Aparecen al menos tres temas: el de los organismos de contralor (Tribunal de Cuentas y Corte Electoral), el del voto en el exterior (que no obtuvo los votos necesarios cuando se presentó en el Parlamento en octubre pasado), y el de la reforma del Estado, incluyendo la Ley de Descentralización.

Los dos primeros temas nos remiten directamente a la dificultad de acuerdo entre gobierno y oposición, en una dinámica que viene produciéndose desde el inicio del actual período democrático. Ante el bloqueo (de la oposición, en el caso actual) o la negativa (del gobierno, en los períodos anteriores) a la consideración de un tema sensible a una parte del sistema político, se recurre al mecanismo de democracia directa para hacer "oír" la voz del ciudadano. Ese fue usado varias veces en el pasado para derogar leyes, o introducir normas constitucionales. En el presente, estas dos propuestas estarían siendo impulsadas por el gobierno para "destrabar" el veto de los partidos de la oposición. Así, por ejemplo, es claro que aunque el Parlamento no logró aunar voluntades sobre el "voto en el exterior", por la oposición de blancos y colorados, la mayoría de la ciudadanía está a favor de esta medida. Si hubiera una consulta ciudadana en este sentido, lo más probable es que fuera respaldada por la mayoría de los votantes.

Un tercer tema está en una línea distinta a los anteriores, y es el de la reforma constitucional para impulsar una reforma del Estado. Esta iniciativa va de la mano con la idea de que debe adaptarse la carta constitucional a los nuevos marcos políticos y normativos de sociedades en cambio.

Hay un cuarto tema, que es el de la reelección presidencial, y supone la anulación del artículo 152 de la Constitución. Este tema ya había estado presente el año pasado, y resurge ahora, a partir del inicio del ciclo de definición de las candidaturas que competirán en 2009. Mientras el Partido Colorado enfrenta el desafío de repuntar la bajísima votación de 2004, y en el Partido Nacional Larrañaga continúa siendo el favorito, el Frente Amplio es hoy, como nunca en el pasado, el que tiene los mayores problemas para definir un candidato. ¿Cómo "reelegirse" como partido ­y como gobierno- un segundo período, con un candidato que no sea el actual Presidente? ¿Alguna fórmula funcionaría mejor que la actual? ¿Fórmulas alternativas no harían al FA correr el riesgo de perder la elección? Existe la asunción explícita de que el actual Presidente de la República es el mejor candidato para el FA en su conjunto, con independencia de cualquier candidato o fórmula alternativa que surja. Existe además la estrategia de "afianzar" el equipo actual de gobierno, y la idea de que esto es más probable con una reelección de Tabaré Vázquez que con cualquier fórmula alternativa. Las simpatías hacia una reelección presidencial, tienen hoy muchos adeptos.

Pero poco se habla sobre los enormes problemas que al propio FA (y al gobierno) les traería aparejado una reelección, y que superan con largueza los propios obstáculos que surgen, en principio, de la negativa del Presidente a ser reelecto. Por supuesto que la voluntad del Presidente es un elemento determinante de la estrategia reeleccionista, pero esto no es el principal obstáculo, sino el propio mecanismo que está en juego. En principio hay tres argumentos claves para cuestionar una reforma orientada a la reelección, como un mecanismo para solucionar problemas.

Un primer argumento es que la cláusula reeleccionista refuerza los liderazgos presidenciales vis à vis los partidos y retarda el proceso de renovación al interior de los mismos. El argumento de que la reelección "resuelve" el problema del liderazgo al interior del FA es falaz. No lo resuelve: lo suspende como problema. Pero el problema seguirá existiendo. Es evidente que hay muchos liderazgos en el FA hoy que podrían competir en una sucesión presidencial. También resultan evidentes las dificultades que los sectores y grupos del FA tienen para ponerse de acuerdo en una fórmula. Pero alterar las normas constitucionales porque los grupos de un partido no se ponen de acuerdo es una exageración política y jurídica. Más tarde o más temprano los distintos grupos y sectores o bien tendrán que enfrentar una elección competitiva para elegir su candidato presidencial, o bien tendrán que buscar una fórmula "de consenso".

Demás está decir que dentro de siete años, en caso de prosperar una reelección, no se estaría en mejores circunstancias que ahora para enfrentar el tema de la renovación de las candidaturas, puesto que como demuestran los casos de Brasil y Venezuela, los sistemas de reelección inmediata han tendido a consolidar liderazgos, más que a estimular la renovación.

Un segundo argumento llama la atención sobre una cierta lectura de los datos en la que se basa el argumento reeleccionista. La oposición ha denostado repetidas veces la búsqueda de la reelección del presidente Vázquez como una muestra de debilidad del actual partido de gobierno. Datos recientes, leídos con un cierto sesgo, tienden a mostrar que hoy los dos partidos juntos (el PC y el PN) tienen una intención de voto que iguala o supera la del FA. Sin embargo, un partido con 44% de intención de voto a esta altura del gobierno, en cualquier lectura o análisis más o menos serio, es el partido que más probabilidades tiene de ganar una elección. Los años venideros, además, serán auspiciosos desde el punto de vista económico y del empleo. Asimismo se hará sentir con más fuerza la virtud de algunas de las políticas sociales que se implementaron en los años anteriores. Por consiguiente, el análisis que corresponde es que éstas son las mejores condiciones, no las peores, para buscar una renovación presidencial del tipo que sea. Posiblemente, no habrá mejores condiciones para el FA de ganar, que las actuales.

Finalmente, debemos ver si la modificación del artículo 152 es parte de una iniciativa de reforma, o una propuesta a ser considerada aisladamente. Para ello es necesario clarificar qué tipo de reforma constitucional se llevará adelante (si es que se lleva alguna, además de la de la anulación de la Ley de Caducidad, ya en curso), y cuáles son las cosas a reformar. En el caso de una propuesta "separada", sólo para la reelección, presentada en 2009, los costos resultan evidentes. El FA, además de ganar la elección de 2009 deberá ganar la elección de la reforma, por mayoría absoluta. Si es en el formato de una elección conjunta con las elecciones nacionales, deberá ganar dos elecciones simultáneamente. Si es una elección por la vía constituyente deberá ganar más de dos elecciones.

En síntesis: si la reelección fuera un camino para ganar la elección, el FA deberá tener en cuenta que enfrentará más contiendas electorales que las que ha enfrentado hasta ahora, y que toda contienda electoral tiene costos, y que es más barato ganar una elección, que ganar dos o tres al mismo tiempo.


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Comentarios (beta!)

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Eso parece ser una buena idea.
Ahora lo que observo es que a pesar de ser un tema actual, prácticamente nos han dejado solos en el tema. No te dá esa impresión?
fogoneri - 22/01/2008 - 01:06 (#4)
Me parece que seria interesante lo posibilidad de quitar la obligatoriedad del voto.
Pero con un accesorio con el que todos los uruguayos hemos soñado siempre.
Si en la elección no fuera alcanzado un total de votos útiles de entre 60 y 70% cae todo el sistema político.
Se harían nuevas elecciones y cada candidato debería juntar una número ha determinar de adhesiones únicas.
Un adhesión serviría para un solo candidato.
La que no fueran cubiertas darían lugar a candidatos nuevos.
De lo contrario sería fácil no proponer NADA interesante para que los ciudadanos no vayan a votar.
Y ser electos con el voto de los acólitos.
Julio Gerardo Moreyra - 21/01/2008 - 22:30 (#3)
Quedo conforme con el análisis que hace este artículo por muchas razones, la principal de ellas y obvia es que no soy proclive a la Reeleción.
Su forma de plantear, comunicar, razonar me parece acertada.
Creo además que otras reformas necesarias en la propuesta actual, la cual no está publicada (que yo sepa) en ninguna parte y por lo tanto no concibe que pueda ser discutida en otros ámbitos y tampoco enriquecida o deshechada, y que se ocurren en este momento: levantamiento del secreto bancario (acceso irrestricto de la DGI a los estados de cuenta del aportante), una reforma inmediata que regule la tenencia de la tierra y en particular el uso y la compra por parte de extranjeros, darle al pueblo la opción de revocar cualquier mandato si el mismo entiende que su representante ya no lo representa, traspaso inmediato del gobierno saliente hacia el entrante (con plazo no mayor a quince días) para obligar a cada gobierno a tener sus casa en orden en momentos previos a cada elección nacional, la desclasificación del voto como obligatorio y dejarle solamente como un derecho ciudadano que puede usar (no delegar) a su albedrío sin ningún tipo de penalidades.
Podría quizás seguir pero creo que al fin me iría por las ramas.
En definitiva, un No rotundo a la Reelección, para que el Frente se renueve y si nos faltan los cuadros superiores, ya va siendo hora de formarlos.
Los demás puntos pueden ser importantes, pero ante todo es necesaria una revisíon de las cualidades y calidades inherentes de todos y cada uno de los tres poderes del estado.
fogoneri - 21/01/2008 - 18:36 (#2)
El objetivo de impedir que el electo sea reelecto es nada más que imposibilitar que se use el poder del Estado para reelegirse.
En primera instancia.
En segunda instancia evitar que use el poder del Estado para esconder abajo de la alfombra.
Una vez más debo llamar la atención que el eterno olvidado es el ciudadano.
Los partidos....?
Sus figuras ...?
Y los ciudadanos que debemos esperar?
Otros cinco años de buitres cuidando carne como acostumbran a decir en México.
Es tan grande el deseo de poder de aquellos que NO son individualistas que se olvidan que el objetivo de la política es servir al ciudadano.
Los partidoS y los personajeS deben ofrecer sus mejores propuestas con la finalidad de favorecer a los electores en la hora de elegir.
Estos "colectivistas", contrario de "individualista",
han hecho de lo individual una mala palabra.
Por qué?
Porque pretenden hacer creer que egoísmo, avaricia, ansias de poder y deseo desproporcionado de alimentar su pequeñas vanidades personales son fenómenos exclusivos del individuo.
Pero se olvidan que los seres humanos han demostrado a través de la historia en muchas oportunidades que los individuos organizan, agrupan y esconden sus vicios alegando que el bien del "colectivo" todo lo justifica.
Pero se olvida que todos los gobiernos repudiables hacen lo mismo.
Trabajan para SU "colectivo".
Julio Gerardo Moreyra - 21/01/2008 - 17:23 (#1)
Sinceremos la situación: si la reelección consolida liderazgos con nombre y apellido, y debilita partidos, hay que eliminarla en todas sus formas, incluso como está prevista ahora. Los blanquicolorados dicen oponerse a la reelección, sin embargo, Sanguinetti fue presidente dos veces y puede aspirar a un tercer mandato. Lacalle va por un segundo mandato. Es decir, son partidarios de la reelección. ¿Para qué vetar un candidato por cinco años, si después va a terminar volviendo a las andadas? Démosle un período con tiempo de prórroga y que haga lo que tenga que hacer. Y si no, hagamos como en México: debut y despedida. La reelección ya existe, sin límite en el número de veces, simplemente se trata de sacarla de la lógica de "alternancia" blanquicolorada, porque este esquema no tiene vigencia en la realidad política actual.
Daisy Desiato - 21/01/2008 - 11:19 (#0)
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