Tercera época Por Antonio Pippo
Ruedita cantó flor y de golpe paró el truco del mediodía:
-¡Che! ¿No era que no había más sinodaurio?
-Dinosaurios, vejigón... -se oyó a Epifanio en medio de un eructo poco melódico del Negro Collazo.
-Se'gual Ruedita lo tenía claro.
-Sí, se extinguieron... ¿Por...? quiso saber el Chiquito Otegui, amoscado.
Ruedita fue al grano: -¿Y pa'qué los quiere matar de vuelta este coso de Rivera?
-Ah, es por lo que dijo Tabaré Viera... -la luz se hizo en la cabeza de Epifanio, que recién había tomado la tercera caña con coquitos.
-¡Ese!... -Ruedita se alegró de haber dado en el clavo. Dijo que por culpa del Ceja y del viejo loco los colorao' tan palmao', tan... Y que hay que taparlo' a lo' do' con un diario...
-¡No sos más bestia porque dormís la siesta! se calentó el Cascarilla Batista. Quiso decir que no dejaron lugar a los más jóvenes, que no hay sucesión...
Ruedita se persignó. De sucesión no quería hablar porque cuando le tocó, el escribano lo dejó en bolas.
-Pasa aclaró el Chiquito- que si Sanguinetti y Batlle se corren, al partido se lo come Bordaberry.
-¿Lo soltaron? se sorprendió el Negro.
-¡El hijo!, pedazo de mejillón de cisterna se embroncó el patrón.
Ruedita paró al Negro, que se venía: -Ta', pero la solución puede ser Vierita...
-No baja informó Epifanio.
-¡¿Cómo?! la pregunta a coro reveló que algo se había entendido mal.
-No baja a Montevideo, le cuesta venir desde Rivera... -aclaró Epifanio.
-Tonce' l'único que queda e' el vasco Echegorri... -concluyó Ruedita.
-Atchugarry... corrigió el Chiquito.
-Se'gual. ¿Y...? insistió Ruedita.
Se produjo un silencio largo. Al rato, el Cascarilla pinchó el globo: -Está muy flaco p'agarrar... ¿Sabés lo que es levantar este muerto?
El Chiquito apeló al optimismo: -¿Te parece? ¡Si pesa nada más que nueve por ciento!
Ahí, el Negro no aguantó más: -¡Contra flor al resto a esa pellona! gritó y cerró aquel profundo análisis político, dejando a dos o tres con ganas de seguir.
Y van a seguir, nomás.
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